Capítulo 29

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—¿Falta mucho?

Nadie respondió. Jake era el que iba más atrasado del grupo, caminando perezosamente y sudando muchísimo.

—¿Holaaaaaa? ¿Alguien me puede hacer caso? —protestó—. Estoy cansado.

—Todos lo estamos, Jake —le dijo Alice, que por algún motivo se había posicionado en cabeza del grupo, aunque no tenía ni idea de dónde iban.

—Pero hace mucho caloooorrrrr —Jake resopló sonoramente.

Estuvo casi un minuto entero sin decir nada. Hasta que volvió a suspirar dramáticamente.

—¿Falta mucho?

—Como no cierres el pico, a ti te faltara poco —le aseguró Trisha.

Jake no volvió a decir nada.

Alice también se estaba mareado ya por el calor que hacía. Curiosamente, por la noche bajaba bruscamente la temperatura y necesitaban dormir con sus abrigos. Pero de día... el calor era insoportable. Ya habían hecho varias pausas para recuperarse bajo la sombra de algún árbol.

—Podríamos parar un poco —sugirió ella, mirando con deseo el agua del arroyo.

—¡Por favor! —suplicó Jake.

—Sí, no es mala idea —Tina se detuvo. También parecía agotada—. Vamos a descansar ahí.

Era mediodía, así que el sol les daba directamente en la cabeza. Por suerte, pudieron dejar las cosas junto a un árbol considerablemente grande y sentarse en la sombra mientras Jake y Trisha se tiraban al agua de cabeza.

—Ahora vuelvo —masculló Alice.

—¿Dónde vas? —Rhett la miró.

—Tengo que hacer pis desde hace una hora —enarcó una ceja—. ¿Quieres venir a vigilar?

—Muy graciosa.

Alice se alejó unos metros de ella y se miró los pantalones. Como le iban grandes, había tenido que improvisar un cinturón con un trozo de cuerda. Estaba intentando deshacer el nudo cuando escuchó algo por delante de ella. Al principio, pensó que sería un animal paseándose por ahí, pero esa idea se descartó enseguida cuando escuchó el ruido claro y preciso de un motor deteniéndose a apenas diez metros de distancia.

Se agachó junto a un arbusto por puro instinto cuando escuchó las puertas de un coche abriéndose y cerrándose, acompañadas del ruido de pasos de, al menos, tres personas. No se atrevía a levantarse y avisar a los demás. Quizá ni siquiera sabía si se dirigirían hacia ellos, y si se levantaba probablemente la verían, haciendo que eso se volviera un desastre.

Aún así...

Se asomó a una velocidad tan lenta que hizo que le temblaran las manos y vio, entre las ramas del arbusto, un coche detenido en medio del camino. Había tres puertas abiertas. Pero no había rastro de na...

—¿No habías dicho que aquí había un arroyo? —preguntó una voz que sonó como si estuviera encima de ella. 

Alice se tapó la boca con una mano, cuidándose de no gritar. No se esperaba que estuvieran tan cerca. El hombre que había hablado, estaba literalmente al otro lado del arbusto, mirando a su alrededor con las manos en las caderas.

—Eso creía —dijo una voz extrañamente familiar.

Alice se asomó un poco más y vio, a unos metros, a Kenneth con su mono gris de la ciudad impecable. Parecía ser el guía. Le entraron ganas de escupirle en las botas.

Ciudades de Humo (CORRIGIENDO)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora