—Con que aquí era donde estabas... —susurró ella bajándose del banco y sentándose en el, centrando toda su atención en él—. ¿Qué pretendes Sagitario?

El chico sonrió inocente.

—Ofrecí mi ayuda a cambio de algo de comida, además este trabajo es muy interesante. —Sagitario dio media vuelta tomando una botella y sirviendo un poco de su contenido en un vaso para ponerlo al frente de ella.

Cáncer lo miro curiosa, pero aun así tomo el vaso y dio un gran trago, sintiendo un gran ardor recorrer toda su garganta.

—Volveré a preguntarlo, y esta vez quiero la verdad. ¿Qué demonios planeas hacer? —preguntó nuevamente, mirándolo seriamente.

La sonrisa de Sagitario se ensancho.

—¿Sabías que las personas suelen ser más confiadas y abiertas con personas que usen un traje? —dijo él, haciendo referencia a su vestuario—. Jamás había creído que fuera verdad, así que decidí comprobarlo. —Él tomo la botella y volvió a llenar el vaso de ella—. He descubierto muchas cosas interesantes hablando con las desdichadas personas que abordan este barco, y ni decir de las conversaciones de los oficiales.

—Ve al grano ¿Qué averiguaste? —le interrumpió Cáncer dando un sorbo.

—Entre lo primordial, que quizás hubiese sido mejor quedarnos en aquel pueblo. —Cáncer lo miro, sorprendiéndose al ver que su mirada había cambiado a una totalmente seria—. Dime una cosa Cáncer, ¿No te parece extraño que desde que abordamos este barco ningún oficial ni nadie al mando nos haya dicho siquiera una pista del lugar al que vamos?

Ella lo pensó durante unos segundos, era verdad que llevaban en ese barco casi una semana, y durante ese tiempo los oficiales a bordo evitaban lo más posible el contacto con los pasajeros.

—Si... incluso ahora parecen tan tranquilos con la crisis de hambre que se está presentando. —concluyó ella, observando a los oficiales que permanecían impasibles en el centro del lugar, intentando calmar a la muchedumbre.

—La buena noticia es que quizás nos reuniremos pronto con los demás —Ella lo miro extraña—. Y la mala es que quizás no sea el mejor lugar para reencontrarnos.

—¿A qué te refieres? —preguntó ella teniendo un mal presentimiento.

—¿Por qué crees que los cuervos se detuvieron cuando los barcos zarparon del puerto y no enviaron sus buques o maquinas a detenernos? —Sagitario miro por el rabillo del ojo a su lado, y Cáncer lo siguió notando como uno de los oficiales estaba mirándolos desde una esquina.

—No me digas que... —dijo ella incrédula.

—Si —Él llevo sus manos debajo de la barra, sin dejar de sonreír—. Todo esto es parte del plan de Ofiuco.

El silencio se formó entre ellos, mientras el desorden de los demás pasajeros los hacia pasar casi inadvertidos.

—¿Cómo es eso posible? Nos llevamos escondiendo de su radar desde hace mucho. —susurró ella, tomando otro trago, notando que varios oficiales habían tomado repentino interés en su conversación.

—Creo que la respuesta ha sido demasiado obvio todo este tiempo —Él suspiro—. Desde aquella reunión entre las dos escuelas las cosas que nos han pasado y de la manera en la que lo hicieron no fueron puras coincidencias. Haber terminado en aquella isla, ser víctimas de aquella mujer y que misteriosamente cuando nos separamos las parejas que se forman están relacionadas de alguna manera con el pasado. —Cáncer lo miro seriamente, antes de mirar su vaso casi vacío—. ¿Ahora lo ves?

Ella asintió.

—Hay un traidor entre nosotros. —dijo ella, sabiendo que todo lo que decía Sagitario era verdad. Esas no podían ser simples coincidencias. Dudaba que Ofiuco supiera algo de su pasado y le dijera a esa mujer. Por lo cual el hecho de terminar encerrada junto con Leo y vestida como una típica princesa tuvo que ser obra de alguien más.

Battlefield [Zodiaco]¡Lee esta historia GRATIS!