IX.

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Un pequeño fragmento de historia.

Todos los países y ciudades del mundo funcionan como una colmena. Todos están conectados entre sí, de tal manera que pueden ser vigilados de manera constante por los altos mandos.

De esta manera se asegura de haber un control total sobre todo, ya que todo el mundo está conectado entre sí, y toda la información recolectada es enviada a un solo lugar para el monarca. Claro que nadie jamás sabe quién es la persona que se encarga de que todo esto funcione, tan solo se sabe que quien controla los sistemas, controla a todo el mundo.

( . . . )

El sol comenzaba a asomarse por el oeste, dando como inicio el nuevo día en aquel apresurado barco. Los rayos cálidos comenzaban a filtrarse por los huecos en la madera podrida, y por las ventanas destrozadas en las cubiertas despertando a toda persona que se atravesara frente a ellos.

Y entre todas esas personas se encontró una chica rubia, quien al sentir aquella molesta luz intento girar para salir de su alcance, pero algo se lo impedía. Ella suspiro molesta y abrió de una vez por todas, sus ojos observando el increíblemente reducido espacio del lugar. A duras penas y podía moverse.

Cáncer se levantó del frio suelo, sintiendo como los huesos de su espalda comenzaban a moverse dolorosamente debido a la mala posición en la que tuvo que dormir.

Observo a su alrededor, notando que faltaba una presencia en el lugar.

Sin esperar más tiempo, ella tomo sus cosas y se levantó dispuesta a buscar al desaparecido en el único lugar donde se imaginaba estaría.

Cuando comenzó a caminar por la cubierta del barco, pudo darse cuenta un poco de la cruel realidad que la rodeaba en esos momentos. Las personas permanecían sentadas en una esquina, sosteniendo desesperadamente sus cabezas a sus abdómenes. Lo más probable era que los pobres estuviesen perdiendo la cordura por el hambre, o el hambre se alimentaba de su cordura.

Intentando ignorar aquello, Cáncer siguió su camino hasta por fin llegar al interior del barco, donde se encontraba el gran comedor. Y justo como lo había sospechado las personas estaban discutiendo con el personal del barco porque la comida era insuficiente para todos. Los únicos que aseguraban un bocado de comida eran las personas de primera clase, y quienes recurrían al robo.

Observo atentamente todo el lugar intentando encontrar algún rastro de él, sin ningún éxito pues todas las personas comenzaban a amontonarse impidiendo que pudiera ver sus rostros detalladamente.

—Maldición... —susurró ella, comenzó a abrirse paso entre las personas dispuesta a llegar a la barra del lugar.

Cuando Cáncer llego no lo pensó dos veces para subirse en un banco y mirar mejor a las personas. Pero lo que vio la sorprendió aún más. Las personas estaban comenzado a atacar a los oficiales abordo, quienes intentaban mantener el control. Lo que las personas no sabían era que aquellos oficiales se estaban conteniendo por no liberar el arma que tenían en sus espaldas cada uno.

Esto era malo, si esas personas seguían comportándose de aquella manera era muy probable que los oficiales recurrieran a la violencia para evitar una posible rebelión de parte de los pasajeros.

—Estas personas no tienen ni idea del peligro en el que están —habló alguien tras ella. Cáncer giró sorprendiéndose de ver al chico que estaba buscando, detrás de la barra vestido como todo un barman elegante mientras le sonreía de manera juguetona.

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