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El móvil de Rosé sonaba.

En realidad, llevaba sonando mucho antes incluso de que se encerrara en su habitación. Aún era temprano para que su madre llegara a casa, pero intentaría que la rojez de su cara y los restos de lágrimas desaparecieran antes de que su madre volviera. Lo menos que quería era preocuparla, aunque luego de todo lo que había ocurrido durante esos días su madre ya estaría harta de ella.

Una hija que llora sin parar, se encierra en su cuarto y niega que le pase nada.

Su madre ya debía de estar más que preocupada, pero por algún motivo Rosé seguía creyendo que limpiarse la cara con pañuelos al escuchar la cerradura de la puerta de su casa solucionaría o mejoraría algo.

Pero las cosas no funcionaban así.

En su móvil un número desconocido se repetía una y otra vez en la pantalla, así que Rosé se acomodó un poco en la silla donde estaba sentada y abrazó aún más fuerte el peluche sobre sus piernas.

Realmente necesitaba hablar con alguien.

Su mejor amiga le había ocultado que estaba gravemente enferma, seguramente para protegerla, pero escondiéndoselo solo hizo que al enterarse el dolor se multiplicara.

Respiró hondo y contestó al teléfono.

-¿Quién es?

-¿Rosé? Soy la madre de Lisa.

El peluche que aguantaba cayó al suelo y sus manos empezaron a temblar.

-Me gustaría hablar contigo personalmente, hace mucho que no nos vemos, ¿qué te parece?

Esa mujer, quien le hablaba por teléfono, la había cuidado tantas veces. Mientras su madre trabajaba Sunhee se había encargado de ella, y aunque no fuera la persona más cálida del mundo Rosé sabía apreciar todo lo que había hecho por ella y su madre.

-Vale, ¿dónde nos vemos? –peguntó Rosé algo tímida.

-Estoy frente a tu casa.

. . .

Sunhee estaba sentada en una de las muchas sillas que rodeaban una larga mesa de comedor, mientras tanto, la hija de la que fue por mucho tiempo una gran amiga no paraba de observarla en completo silencio.

Así que ella tendría que empezar la conversación.

-He hablado con Lisa. –Comenta intentando no sonar afectada del todo.- Luego de tanto tiempo, por fin he hablado con ella.

Rosé sigue con sus ojos clavados en Sunhee, pero no la mira precisamente a los ojos.

-¿Dolió?

Sunhee sabía perfectamente a que se refería.

-No me acuerdo. –respondió con sinceridad acariciando las cicatrices de sus antebrazos.

-¿Cómo no te puedes acordar de algo como... eso?

-Recuerdo cuándo me lo hice, cómo y porqué. Pero el dolor no se retuvo en mi memoria, supongo.

Era la verdad. Recuerda que durante la enfermedad de su marido lo pasó realmente mal, toda su familia sufrió. Luego de que se fuera para siempre, no supo seguir adelante ni tampoco quería. Pero Lisa, ella la necesitaba allí, a su lado. Por eso se quedó, pero ahora que ella también se iba...

No. Su hija no se irá, Lisa no morirá. Aún queda esperanza y debía decírselo a Rosé, para convencerla tanto a ella como a sí misma de seguir a delante.

-La enfermedad de mi hija aún no es mortal. –dijo alto y claro para que Rosé se centrara en ella.

-"Aún." Puede que lo sea y ella no fue capaz de decírmelo, no pude ayudarla en nada porque no contó conmigo, como si ella no me importara...

A la menor le costó contener las lágrimas, por lo que dejó que rebosaran sus ojos. Así al menos no podría ver con claridad a la madre de la amiga que le mintió.

-Lisa me dejó claro –continuó hablando Sunhee.- que no quería que nadie lo supiera, incluso hablamos con su tutor en el instituto para que fuera discreto si Lisa necesitaba faltar a clase para ir al hospital. Pero no es porque no le importaras Rosé, al contrario, Lisa te quiere mucho y no quería que sufrieras por algo que ni ella ni yo sabemos que va a pasar.

-Me enteré por usted, vino llorando por la noche con mi madre y hablaron en la entrada de Lisa.

Sunhee siente escalofríos por su cuerpo. La noche en la que visitó a Alice, la madre de Rosé, no fue la mejor de sus noches. Sentía tanta angustia y dolor, que solo pudo pensar en ella para consolarse y desahogarse o haría algo peor. Alice le dejó claro hace tiempo que no quería verla más a menos que se tratara de sus hijas, pero no pudo contenerse.

Al fin y al cabo, Sunhee aún tenía sentimientos por Alice, pero ambas sabían que nada entre ellas era posible. La madre de Rosé, a pesar de no estar casada, llevaba muchos años con el padre de su hija y no iba a dejarlo por una mujer inestable que siempre que hablaban le soltaba sus problemas.

En el fondo Sunhee lo entendía, porque durante mucho tiempo ni siquiera ella pudo aguantar estar consigo misma.

-Lisa lo estaba pasando realmente mal, yo lo sabía, pero no actuaba como tal y yo tampoco tenía idea de cómo sacar el tema sin derrumbarme... Así que hablé con tu madre, me desahogué como pude, pero el nudo que sentía en el estómago no se fue hasta que hablé con mi hija. –paró un momento para respirar. Las palabras se amontonaban en su boca, hacía tiempo que no hablaba de esa manera con nadie, tan sincera y con un propósito.- Lo que quiero decir es que tienes que hablar con ella, Rosé. Hazlo antes de que se te olvide todo lo que bueno que pasaste junto a ella y te quedes solo con lo malo. Eso es lo que me ocurrió a mí.

Rosé sentía tanto dolor, pero las palabras de Sunhee la aliviaron un poco. El tic tac del reloj colgado en la pared del salón había sonado durante toda la conversación, ahora seguía dentro de su cabeza, junto a sus pensamientos y memorias.

Juntas habían hecho de todo.

Lisa era la más loca de las dos, eso todo el mundo que las viera lo sabía. Su amiga era tan enérgica y alegre, siempre envidió eso de ella, aunque con suerte su forma de sonreír sin alguna razón en especial se le había pegado, al menos es lo que su madre había dicho años atrás.

También han llorado juntas, sí. Cuando el padre de Rosé se pasaba los días y noches trabajando para luego volver y no pasar tiempo con su hija, Lisa estaba ahí para recibir todo el enojo y frustración de Rosé.

Cualquier problema, cualquier momento divertido, Lisa estaba allí.

Siempre estuvo ahí.

Y no se permitiría olvidarlo nunca.

𝐆𝐈𝐑𝐋𝐅𝐑𝐈𝐄𝐍𝐃 𝐆𝐀𝐌𝐄 ── LISOO + CHAENNIE 《BLACKPINK》Donde viven las historias. Descúbrelo ahora