IX

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Hannah estaba ansiosa. Mirando al cristal descansando sobre la luz, en la mesa de la veterinaria de Deaton, no podía hacer más que esperar que ese pedazo de vidrio contuviera la respuesta a todas sus preguntas. Al lado de ella, Malia entrelazó sus manos. Gracias a ese pequeño gesto ahora al menos no se sentía sola.

—¿Lydia simplemente escribirá todas las respuestas? —preguntó Malia, escéptica, mirando a la banshee sentada frente al cristal.

—No es así de simple —dijo Deaton.

—Es Beacon Hills, ¿cuándo ha sido simple? —bufó Hannah.

—Con la escritura automática, la mano se mueve sin consciencia —explicó Deaton, antes de mirar a Lydia para dirigirse a ella directamente—. Esperemos que el silencio, la oscuridad y la luz te permitan encontrar un estado de trance más cómodo. Lydia, quiero que veas la luz y dejes ir los pensamientos.

Hannah, Malia, Scott y Deaton fueron hacia la esquina, intentando darle privacidad a Lydia para que se concentrara.

Lydia descansó la punta del bolígrafo sobre la hoja de papel, mirando fijamente al pedazo de cristal cayendo como péndulo, iluminado. Hannah la miraba fijamente. Tragó saliva, impaciente.

—Hannah —la llamó Deaton—. Debo de advertirte que es probable que no accedamos a esos recuerdos.

—¿Por qué no? —preguntó Scott, frunciendo el ceño.

—La leyenda dice que la cacería salvaje se lleva personas, pero si lo que dicen ustedes es cierto, la verdad es mucho peor. Borran a las personas de la realidad.

De reojo, voltearon a ver a Lydia, perdida en algún tipo de trance, escribiendo.

—¿Cómo recordamos a alguien que fue borrado de nuestras mentes? —suspiró Scott, comenzando a frustrarse.

Deaton no respondió. No sabía qué decirles.

—Lo haremos —aseguró Hannah con firmeza—. Porque no es cualquier persona. No es alguien. Es nuestro amigo. Es mi... —la voz de Hannah se perdió, mirando de reojo a Scott antes de hablar, con su voz cargada de sentimiento—. Es mío. No puedo simplemente olvidarlo, incluso si lo borraron de aquí —señaló su cabeza con su dedo.

—Conmovedor, pero creo que Lydia se está saliendo de control —dijo Malia tranquilamente, señalándola.

Apoyada en la mesa, Lydia estaba frenéticamente escribiendo. Scott dio un paso adelante para sacarla del trance pero Hannah lo detuvo.

—Está llegando a algo —le dijo. Scott no parecía convencido de dejar a Lydia así, pero cedió.

Fue Deaton el que se acercó lentamente a la banshee, apagando la luz de la linterna que alumbraba al cristal. Lydia se detuvo, manteniendo la mirada perdida.

—¿Está bien? —preguntó Scott, acercándose, preocupado. Hannah también se inclinó hacia ella, pero más que nada para agarrar la hoja de papel.

—¿Lydia? —la llamó Deaton.

Al ver que Hannah quería la hoja, Malia se la pasó. Ambas la leyeron, frunciendo el ceño.

Mischief. Travesura, en inglés.

—¿Qué significa travesura? —preguntó Malia en voz alta.

—No es eso lo que dice —señaló Scott. Desde lejos, las letras mischief formaban otra palabra.

Stiles.

Hannah tragó saliva.

—Creo que necesitamos ir a mi casa —dijo.

Missing /teen wolf |running #6|¡Lee esta historia GRATIS!