Capítulo XIV: CONCESIONES

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La memoria era una cosa interesante. Tantas cosas vividas, unas grabadas a fuego en la mente por el cerebro y otras desechadas por este mismo como estorbo. Ian tenía muchas memorias. Los pocos viajes que su madre con mucho esfuerzo y trabajo había logrado conseguirle a él y sus hermanos para que visitaran Agua, su planeta de origen. Recordaba con cariño aquel planeta, a pesar de que la última vez que había podido visitarle tenían apenas unos doce años. Pero esos viajes estaban grabados a fuego en su memoria.

El clima tan fresco y el olor a salitre que cubría todo el planeta. La arena blanca y los edificios blanco hueso de las ciudades. Las flores azules y los arboles de troncos pálidos y ramajes verde agua. Y aquellas flores, las sueños de agua, ¿cómo olvidar algo tan hermoso y terrorífico al mismo tiempo?

Luego estaban esos recuerdos no tan nítidos pero presentes, su vida junto a su familia. Las risas compartidas con sus hermanos y los juegos al corre que te alcanzo con Urien cuando estaban pequeños. No tan nítidos pero presentes. Pensó en todo eso mientras caminaba por el bosque con Urien, escuchando el murmullo de los músicos de la plaza y más alto el de los jóvenes internados en el bosque que tenían su propia fiesta.

Luego de su encuentro con Glen en la plaza había huido hacia el bosque, odiando de verdad todo el asunto de la fiesta y poco después Urien le había ubicado. Tenía la expresión seria y no hizo falta que dijera nada. Ian podía comprenderle. El shock, la confusión, la aceptación, la comprensión de todo ello. No era fácil.

—¿Qué se supone que debo hacer? —Se detuvieron entre los árboles. La luz por allí era poca, pero el sonido de la fiesta audible.

—Por el momento nada. Debes saber que mamá nos ayudará en todo esto. No estamos solo, además están los Tlemsh.

—Es escalofriante —soltó Urien, apartando la vista de la de Ian y llevándola hacia el follaje, Ian lo entendía, la historia de Mika y sus padres, era sí: rara, pero entendible—. Parece tan injusto. No pedí ser quien soy, no pedí nada de esto. Y entonces, las cosas que sí pedí, las cosas que sí quiero, no lo puedo tener.

—¿Hablas de tu ex?

Urien no contestó, pero por la arruga que apareció en la frente del muchacho Ian juzgó que sí y que de paso no le gustó el apelativo que le confirió a la chica. ¿Sería posible? Ian se preguntó, ¿sería posible que Urien se hubiera enamorada en verdad de aquella muchacha? Pero le parecía tan absurda la idea y el concepto, solo tenía diecinueve, igual que él, a esa edad no podía saber nada de eso. Aunque si lo pensaba, según las historias que su madre le había contado, más o menos a esa misma edad su padre estaba haciendo los mil malabarismos para ganarse el corazón de su madre. Y pensó con un sentimiento de extrañeza, ¿acaso su hermano no se merecía un poco de alegría tomando en cuenta lo que parecía les esperaba?

—Deberías buscarla. —Fue como si le acabara de meter un corrientazo. La mirada de Urien, perdida entre los árboles se disparó hacia él, llenos de esperanza—. ¿Qué esperas? Ve, la vi hace un rato por la plaza con el animalito, aunque te deseo suerte intentado acercarte. Glen Stevarius puede dejarte sin día del padre antes de que digas hola.

Se sintió bien al ver la enorme sonrisa de Urien iluminarle el rostro. Se sintió bien porque era su hermano, porque se sentía responsable de haberle quitado la felicidad por aquellos días y porque, por las estrellas, le gustaría poder comprender del todo la emoción que debía estar bullendo dentro de su hermano en ese momento.

Le hizo un ademan con la mano y comenzó a caminar, pues parecía que la felicidad o la sorpresa o más probable una mezcla de ambas tenían congelado a Urien frente a él, con su estúpida sonrisa e incapacidad de agradecer. Pero en cuanto se movió Urien le siguió y por fin habló, preguntando si le hablaba en serio. Le aseguró que así era y entonces salieron detrás de un follaje y llegaron a un claro que se medio iluminaba por la luna y el scáthán a lo lejos que iluminaba la fiesta de los jóvenes. Pero el claro no estaba solo. Por supuesto que no. Ian se frenó, sintiendo a Urien frenarse tras él.

Voluntad de Tierra [Razas #1]¡Lee esta historia GRATIS!