Capítulo 2 | Pura ciencia

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Me desperté con lentitud, parpadeando varias veces. Al estar despierta en todos los sentidos, miré a mi alrededor al mismo tiempo que me incorporaba en el suelo. Estaba en una habitación cerrada. Me rodeaban cuatro paredes de cemento, y una puerta de metal que apenas tenía una ventanilla pequeña-la cual también estaba cerrada-donde podría entrar algo de aire.

Comencé a sentir pánico. ¿Donde me encontraba? En cuanto recordé los últimos sucesos, me alteré.

"No puede ser. No puede ser", me repetí varias veces mentalmente.

Me levanté del suelo tocando las paredes. Eran frías y lisas. Cuando ya estaba de pie es cuando comencé a experimentar los dolores en mi espalda y en mi cuello.

-Mierda, mi cuello-murmuré mientras lo tocaba. Sentí un puntito algo elevado en ella.

La escena en la que me encontraba rodeada de coches boca arriba, cuerpos de seguridad esparcidos en el suelo, y dos helicópteros volando encima de mi cabeza, regresó a mi mente provocándome un escalofrío. Recordé la sensación del pinchazo en mi cuello y del líquido en mis venas. Cerré los ojos unos segundos suspirando, y después los abrí.

Miré la puerta e intenté probar algo de mis poderes mentales para abrirlo o apartarlo. Pero al no tener ni idea de cómo hacerlo, decidí dejarlo estar. En cuanto alguien entre, podré hacer uso de ellos.

Tenía mucho calor, tanto que comencé a sudar. Sentí mi boca seca y me relamí los labios. Quería beber agua, pero obviamente, en ese momento no podía beber nada.

De repente comencé a oír voces detrás de la puerta. Eran tan bajos y tantos, que no logré entender nada más que murmullos. Me puse en modo defensa.

Oí varios ruidos de cerrojos abriéndose, hasta que finalmente la puerta se abrió, y una luz fuerte y brillante me hizo parpadear incómoda. Aún así, continué con mi postura.

Delante de mí apareció una mujer de quizás unos cincuenta años de edad, alta, rubia con el pelo recogido en una cola de caballo, labios rojizos y piel clara. Llevaba puesta una bata blanca, y me sonreía con simpleza. A su lado, iban dos hombres armados.

-Buenas tardes, Reese, ¿Verdad?-su voz sonó tranquila.

Fruncí los labios sin saber que responder. Estaba asustada, nerviosa, hambrienta y sucia, y un sin fin de pensamientos revoloteaban en mi mente. La miré con cara de pocos amigos.

-No te preocupes, no te haré daño-miró de reojo a los dos hombres-No te haremos daño-corrigió.

Seguí estando a la defensiva, y mi mirada pasó de una incómoda a una desconfiada.

-Y aclaro algo, no podrás hacer uso de tus poderes aquí-explicó con el rostro serio. Tensé mis hombros ante eso y alcé las cejas. ¿Qué?-Soy Kara Mitchell, científica especializada es parapsicología-se presentó cruzándose de brazos y esbozando una sonrisa-Hablaremos mejor en mi despacho, ¿Te parece?

INEFABLE ©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora