Capítulo 6.5 / Historia de la verdadera Ania

25 1 0
                                                  

BREVE HISTORIA DE LA VERDADERA ANIA

Ania de la Rosa Samperio González había nacido en el año 1987, en un hospital de renombre de la ciudad de Mérida, Yucatán, en una mañana bastante soleada y llena de luz.

Proveniente de una acaudalada familia, cuyos antecedentes yacían de por sí gente de mucho dinero desde los tiempos de la Guerra de Castas, Ania fue una niña amada desde un principio por sus padres, más que a nada en el mundo. Fue una niña que prácticamente lo tenía todo: amor y afecto de sus padres, juguetes caros, una habitación bastante adornada, con una cuna de madera de diseño único. Incluso hasta tenía un jardín propio bien cuidado donde el cual jugar.

Se podía decir que la vida de la pequeña Ania era perfecta. Hasta que las cosas cambiaron, cuando nació su hermana menor Clarissa dos años después. Los padres comenzaron a prestar más atención a su hermana menor que a la propia Ania. Y así, la chica poco a poco comenzó a sentirse abandonada por sus propios padres, pues veía cómo éstos comenzaron a mimar, querer y hasta darle cosas lujosas a su hermana más chica. Por lo que la niña muy pronto comenzó a sentirse celosa de su propia hermana. Comenzó a odiarla, y no sólo eso, desde ya muy corta edad, comenzó a tener actitudes de rebeldía frente a sus padres. Al principio, dichos comportamientos eran más para llamar la atención de los padres que para otra cosa. Pero ya después, dicho comportamiento se le quedó como algo que ya formaba parte de su persona. A pesar de ello, sus padres nunca dejaron de quererla.

Una vez ya acudiendo a la escuela, Ania nunca salió muy buena en la mayoría de las materias. De hecho, a casi ninguna le echó ganas. Y tuvo varios reportes, tanto por sus bajas calificaciones como por su comportamiento, que cada vez iba de mal en peor. Entre otras insurrecciones, no prestaba atención a la clase, molestaba a una que otra compañera de su salón, o ya de plano echaba plática con la que se sentaba a su lado. Esto además de que nunca entregaba la tarea de casa y siempre se distraía en clase.

A pesar de ello, la chica nunca dejó de atender a la clase de Educación Física, la única materia que convirtió en su favorita, dado que allí siempre se aseguraba de salir victoriosa con al menos un ocho, y a eso hay que sumarle de que siempre le metía a las competencias impuestas por su maestro en turno, ganando en casi todas. Razón por la cual su maestro siempre la premiaba con una buena calificación, además de abogar por ella siempre que estaba en problemas con su profesora de clase, una mujer por cierto, bastante estricta y poco tolerante con ella.

Con el tiempo, Ania comenzó a ver en su profesor como su mentor, mientras que él vería a la niña como alguien con mucho potencial. Incluso una vez le dijo a la niña que metería incluso hasta su fe en ella si hubiera que ganar alguna competencia, sea deportiva o de alguna otra índole. Esto además de que la estimaba mucho y la motivaba a seguir adelante, a pesar de las adversidades. Se crearía un fuerte lazo de amistad entre ellos dos. Y el lazo sería de tal forma que el maestro casi siempre abogaba por la niña siempre que ésta se metía en problemas, hecho que haría que Ania no fuera fácilmente expulsada de la escuela. Y todo gracias a la influencia de su maestro frente a los demás profesores.

Gracias a este lazo de amistad entre Ania y su maestro de Educación Física, la niña calmó un poco su actitud rebelde y comenzó a mejorar un poco más en sus otras calificaciones. Hasta que finalmente, pudo concluir su primaria con honores, se graduó de la misma, con todo lo que ello conllevaba, ya que tuvo que despedirse de su maestro.

Poco después, se enteraría que su maestro había dejado la escuela, dado que éste consiguió una oportunidad para trabajar en Montreal, allá por la lejana y próspera Canadá. Y el último encuentro que tuvo con el profesor fue tan triste como conmovedor que incluso dejó a la pequeña Ania en un estado de profunda depresión, pues se iba uno de los mejores mentores que haya tenido en su corta vida. Fue como si se hubiera despedido de alguno de sus padres, sobre todo de su padre, quien no se encontraba en casa la mayor parte del tiempo. A pesar de todo, Ania consiguió superar la pérdida de esa amistad, a pesar de haber dicho en alguna ocasión que dicha experiencia jamás la volvería a tener con nadie más. Ni siquiera con sus propia familia o algún amiguito de su salón de clases.

La pasión de Ania (Versión Corta)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora