Capítulo 6

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Brad no era un niño de diez años al que resultara difícil hacerle de
canguro. Sobre todo, se pasaba el rato con los videojuegos y gritándole
a la tele. Lo único que yo tenía que hacer era darle la cena. Luego, a
las nueve y media, casi tenía que arrastrarlo escaleras arriba hasta
que él gritaba: «¡Vale! ¡Ya me voy a la cama!».
Suspiré, disfrutando del silencio, en cuanto él cerró de un
portazo su dormitorio.
Me tiré delante de la tele y finalmente me decidí por una peli
gore con romanos, o gladiadores, o lo que fuera.
Me estaba quedando dormida cuando sonó el móvil. Pegué tal
bote que casi me caí del sofá.
—¿Hola? —mascullé al teléfono sin siquiera haber mirado
quién llamaba. Yo sonaba como si estuviera loca, pero no me
importaba. Quien estuviera al otro extremo tendría que aguantarse.
—Hum, ¿Elle?
—¿Sí? —repliqué irritada.
—Soy, eh..., soy Adam. Escucha, no me cuelgues. Sólo
quería disculparme por lo de esta mañana. Supongo que no pensé muy
bien lo que decía. Así que... sí. Perdóname.
Parpadeé unas cuantas veces para tratar de aclararme la
cabeza. ¿Adam? ¿Llamando para disculparse?
No podía creérmelo. Aunque tal ver fuera porque sonaba como si
estuviera tratando de contener la risa.
—¿Elle?... ¿Sigues ahí?
—S...sí —tartamudeé rápidamente—. Perdona. Estoy... Es que tengo algo en el fuego..., un momento. —¿Qué demonios?
¿Quién no presta atención a una llamada porque tiene el fuego puesto?
¿Y a las diez de la noche?—. Es muy tarde, ¿sabes? —añadí
rápidamente—. Quizá un poco demasiado tarde para disculpas.
—Lo sé, pero quería decirte que lo siento.
—Bueno, gracias —contesté bastante seca—. Ahora tengo que
colgar, Adam, así que...
—Espera un momento.
—No quiero oírlo, sea lo que sea.
—Entonces, ¿no quieres cenar conmigo? —Por su tono
satisfecho podía imaginarme la expresión petulante en su rostro. Me
hizo rechinar los dientes—. Dame una oportunidad para disculparme
de verdad.
—No. Adiós.
Colgué y tiré el móvil al sofá antes de que él pudiera soltar una
sola sílaba más. Qué burro.
«Y Lee diciendo que soy demasiado buena... ¡Ja!»
Bufé un poco ante la idea, y me sentí bastante satisfecha conmigo
misma por ser tan directa con Adam, aunque no era en eso en lo que
estaba pensando cuando subí arriba.
Sólo me pasaba una cosa por la cabeza. Como era de esperar, se
trataba de Noah.
Por alguna razón, en lo único que podía pensar era en el domingo
por la mañana, cuando nos caímos de la cama, la mirada en sus ojos;
una mirada que recordaba perfectamente pero que no era capaz de
interpretar, con las brillantes pupilas ensombrecidas y mirando directamente a las mías.
Porque no se mira así a tu hermanita, ¿verdad?
Estaba siendo ridícula: sólo eran mis pensamientos adormilados
perdiéndose por el reino de los sueños. Pero me hizo pensar que, tal
vez, había sido otra la razón por la que se había metido en la pelea.
Me regañé a mí misma mientras los ojos se me cerraban.
—Eres una idiota, Elle —mascullé—. Una estúpida total...
* * *
Al día siguiente, el instituto no fue tan mal. Hubo un par de tíos
haciendo jogging que silbaron e hicieron algún comentario en alto, pero
no les presté ninguna atención. Y sólo se les oyó cuando a Noah no se
lo veía por ninguna parte.
Lee hablaba entre dientes sobre ellos.
—Bueno —dije—, yo tengo un poco de culpa. Quiero decir,
intenté desnudarme y bañarme a pelo...
Lee me echó una mirada que hizo que me callara.
—¿Qué te dije ayer? Demasiado buena.
—¿Y cómo es eso de demasiado buena? —quise saber.
—No es muy propio de ti ir por ahí exhibiéndote así, ¿verdad?
Eres decente. Un acto de borracho, y esos tíos estaban prácticamente
desnudándote con los ojos.
Suspiré.
—Anda ya. No estoy tan buena.
—¿Te has mirado en un espejo últimamente, señorita del
sujetador copa C?
—¡Lee! —grité, y le di una palmada en el brazo—. ¡No
digas eso en alto!
Él se rió de mí y me pasó el brazo por los hombros.
—No puedo creer que ésta sea la misma chica que quería
quitarse la ropa delante de un montón de tíos e irse a nadar
desnuda...
—Cierra la boca.
—Perdona.
—Tenemos una reunión sobre la feria a la hora del almuerzo
—le recordé cuando sonó el timbre. Mientras a mí me iba la química,
Lee prefería la biología. Era la única asignatura que no hacíamos
juntos.
—Sí, ya lo sé.
—Te veo luego.
—Adiós, Elle.
Fui a sentarme en mi sitio habitual en el laboratorio de química,
y entonces oí a alguien que me llamaba.
—¡Eh, Elle! Ven a sentarte conmigo.
Miré hacia atrás y vi a Cody ofreciéndome la silla que tenía al
lado.
—Es hombre muerto —oí murmurar a Dixon a mi espalda.
—Y eso sin mencionar lo que Noah le hará —añadió Cam, y ambos me sonrieron antes de sentarse. Yo sólo les devolví una mirada
perpleja mientras pensaba: «Chicos».
—Hum... sí, claro —le contesté a Cody, y fui a sentarme a su
lado. No lo conocía mucho, pero parecía un buen tipo. Llevaba el
cabello teñido de negro y un piercing en la lengua, y también era un
pianista clásico increíble; lo había visto tocar una vez en un concierto
del instituto.
—He oído lo de la pelea de ayer —dijo él como para darme
conversación, mientras hacía garabatos en la esquina de su libro de
texto—. No puedo creer que te dijeran esas cosas.
—Oh, bueno, hum... —Reí, nerviosa, sin saber muy bien qué
contestar a eso.
—¿Es cierto lo de que Lee y tú vais a montar una caseta de
besos? —preguntó pasado un minuto—. Para la Feria de
Primavera.
Asentí con una gran sonrisa, agradeciendo el cambio de tema.
—¡Sí! Guay, ¿no?
—Sí —respondió con una sonrisa—. Entonces, ¿estarás
trabajando allí? —Alzó las cejas; sus grandes ojos castaño verdoso
brillaron simpáticos y tenía una sonrisa sugestiva en el rostro; aunque
yo me di cuenta de que no era totalmente serio por la nota de risa en su
voz.
—No —contesté riendo—. No trabajaré allí.
—Una vergüenza. Esperaba no tener que hacer el ridículo aquí.
—¿Qué?
—¿Tú no querrías..., ya sabes..., hum, ir... —carraspeó para aclararse la garganta— a ver una peli, o algo..., conmigo...,
alguna vez?
Me entraron ganas de reír, pero sólo porque él estaba muy
nervioso.
Conseguí aguantármelas.
En vez de reírme, lo miré con una sonrisa torcida.
—¿No te da miedo de que Noah te parta el brazo o algo así?
Cody se encogió de hombros.
—Creo que puedo arriesgarme por una chica tan bonita como tú.
—Bueno, si lo pones así —repuse sonriendo—, ¿por qué no?
—¿De verdad? —Los ojos se le iluminaron.
—De verdad, sí.
—Guay. Bueno, llámame un día de éstos.
Yo asentí. Y entonces me di cuenta...
—No tengo tu número.
—Ven. —Sacó el capuchón del boli con los dientes, me cogió el
brazo y me lo puso hacia arriba. Tuvo la habilidad suficiente para
escribirme su número en vertical hasta el codo y al revés, eso tengo que
admitirlo.
—Bastaba con que me lo pusieras en el móvil.
—Pero eso no tiene gracia.
Me eché a reír.
Mientras tanto, había entrado el profesor.
—Muy bien, callaos y sentaos. Hoy tenemos mucho trabajo.
Abrid el libro por la página ciento treinta y siete. El último día
estudiamos la producción de etanol, sus usos comerciales y sus implicaciones sociales...
—Sí —soltó uno de los chicos (creo que fue Oliver)
bromeando—. ¡Hacer que Elle se desnude!
Me puse roja y le respondí.
—¿Y qué vas a saber tú? A esa hora ya te habías desmayado,
panoli.
—Muy buena. —Cody rió apreciativamente mi respuesta. Los
otros comenzaron a abuchearlo, pero yo le sonreí.
A Lee no le importaría que yo tuviera cita con Cody. Además,
él conocía a Cody un poco mejor que yo. Era Noah el que me
preocupaba.
—Eh —me dijo Cody cuando sonó el timbre y yo estaba a punto
de salir corriendo para la reunión sobre la feria.
—¿Sí? —pregunté.
—Llámame. —Y me guiñó un ojo, riendo.
Le sonreí.
—Adiós, Cody.
Llegué a la reunión al mismo tiempo que Lee.
—Eh, no adivinarías nunca lo que me acaba de pasar en clase
de química.
—¿Te han pedido una cita?
Mi sonrisa de satisfacción se convirtió en un puchero.
—¿Cómo lo sabes?
—Dixon me ha enviado un mensaje. Me decía que alguien se
estaba jugando el cuello. Cody, ¿verdad?
—Sí —contesté con una gran sonrisa—. ¿No te puedes alegrar un poco por mí, Lee? —Lo empujé del brazo, jugando—.
¡Tengo una cita! ¿No te alegras por mí?
Lee rió.
—¡Claro que me alegro, Shelly! —Me dio un abrazo, pero eso
pudo haber sido sólo para que yo dejara de botar de un lado a otro de
nervios—. Cody es un buen tipo. Me pregunto qué dirá mi hermano
cuando alguien se lo cuente.
Me eché a reír.
—No te preocupes. Todo irá bien.
—Si tú lo dices...
—Bien, Lee y Elle —dijo Tyrone, presidente de los alumnos,
mientras daba por comenzada la reunión con una simple palmada. Se
sentó a la cabecera de la mesa. A su lado estaba Gen, con el boli y el
papel preparado para tomar notas y redactar el acta. Se tomaba su
papel de secretaria del consejo de alumnos muy en serio. Todo el mudo
miró a Tyrone, y se hizo el silencio al instante—. He oído que, por
fin, tenéis una caseta.
—Sí —dijimos al unísono.
—Una caseta de besos.
—Así es —coreamos.
Nos miró preocupado.
—¿No creéis que eso es un poco... arriesgado?
—¿Qué? ¿Por qué arriesgado? Pues decimos que no puedes
venir a la caseta de los besos si tienes la gripe. No pasa nada.
—No, me refería... Bueno, ¿no creéis que es un poco cutre?
—preguntó—. Hay gente que no está muy contenta con la idea...
—Pero ¡ya hemos empezado el cartel! —gritó Lee,
enfadado—. ¡Tenemos gente para que bese en la caseta de los besos!
¡A todo el mundo le encanta la idea!
—Tyrone —empecé con calma, mientras le daba un fuerte
codazo a Lee—. Nadie lo va a ver de esa manera. Además, montones
de ferias tienen una caseta de besos. Siempre podemos poner un par de
reglas. Como el límite de altura de la montaña rusa. Podemos poner
un límite de edad, si eso es lo que te preocupa.
—Son un par de profesores los que no están contentos con la idea
—contestó Tyrone—. Yo creo que es genial. Pero no estoy totalmente
seguro de que...
—No pasará nada —le prometí con una gran sonrisa.
—Bueno, si lo tenéis todo arreglado, deberíais poneros en serio
a trabajar en la caseta. La feria es el sábado de la semana que viene.
Debe estar lista para el viernes.
—Sí, ya lo sabemos. Estará lista —contestó Lee.
—Increíble. Continuemos: Kaitlin, ¿tienes el número de la
empresa del algodón de azúcar?
—Recuérdame que le pida a tu hermano que se pase por la
caseta —le susurré a Lee—. Las chicas no han parado de darme la
lata con eso.
—Ya sabes que dirá que no.
—Sí, pero tengo que pedírselo de todas maneras.
—¿Qué es lo que te dije, Shelley? —Lee sonrió, y me dio un
toque en la nariz. Hice una mueca—. Eres demasiado buena.
* * *
Lee tenía que ir a la tienda a comprar un par de cosas para su
madre, así que me dejó en la puerta de su casa, ya que íbamos a
preparar una grabación de canciones para la caseta. Yo esperaba
empezar antes buscando algunas canciones de amor, así que me fui
para dentro.
La puerta no estaba cerrada con llave. Vi el coche de Noah, el
que se había arreglado él mismo, en el camino de entrada.
—Mamá ha dicho que compres leche..., nos hemos quedado sin
—le oí decir.
—Ya se ha ido —le contesté—. Soy yo.
Entré en la cocina justo cuando Noah salía de ella, directo
contra mí, y me derramó un vaso de agua por encima de la blusa. Que
estuviera helada sólo lo empeoró, y ahogué un grito mientras saltaba
hacia atrás como un kilómetro.
—¡Noah! —grité, estirándome la blusa, que se me pegaba al
cuerpo. Para acabar de arreglarlo, ese día llevaba un sujetador rosa,
porque tenía todos los blancos en la lavandería.
«Con mi suerte...»
Lo miré enfadada. Un músculo le tironeó en la mandíbula y
juntó las cejas.
—¿Qué? ¿A qué viene esa cara? —pregunté mientras menzaba a echar chispas. Como no decía nada, pasé como una furia
ante él y entré en la cocina para beber algo.
—Eh, ¿qué tienes en el brazo?
No le contesté.
—¿Es cierto que tienes una cita con un chico?
Dejé el vaso vacío sobre la encimera.
—¡Joder, Noah! ¿Qué te importa? Lee ya me ha dicho que soy
demasiado buena, ¡no me hace falta que tú te metas también!
—No has respondido a mi pregunta.
—Tú tampoco a la mía.
—Yo he preguntado primero, Rochelle.
¡Hostia! Había usado mi nombre completo. Huy, huy. Me di la
vuelta para mirarlo.
—Sí, tengo una cita... con Cody. Es un buen chico.
—¿Un buen chico? —Noah frunció aún más el cejo—. Elle,
¿hablas en serio? ¿Acaso lo conoces? Quiero decir, ¿lo conoces de
verdad?
—Bueno, bueno, no de verdad. Pero para eso tengo una cita.
Para conocerlo mejor. Eso es lo que la gente suele hacer, ¿no? Oh,
espera..., no, perdona, tú no lo debes saber, señor ligón. Tú sólo te
follas a las chicas y las abandonas a la mañana siguiente. Mientras
sepas su nombre ya es suficiente.
Sí, me había cabreado de verdad. Por lo general, no me hubiera
atrevido a decirle esas cosas, sobre todo porque no sabía si eran
realmente ciertas. Pero Noah me estaba haciendo hervir la sangre.
Además, aún seguía cabreada con él por mantener a los chicos lejos de mí. Me dije que era la furia lo que me estaba acelerando el corazón de
esa manera.
—Sólo quiere acostarse contigo.
—¡¿Desde cuándo?! —grité, alzando las manos—. ¿Y cómo
lo vas a saber tú? ¿Acaso lo conoces?
—Cody Kennedy. Concertista de piano. Hace algunos cursos
de nivel avanzado.
Parpadeé. Vale, quizá sí que lo conociera.
—Sí —repuso Noah, muy satisfecho—. Sé de quién estoy
hablando. ¿Y sabes algo más? Sólo quiere acostarse contigo, como los
otros tíos.
—¿Me estás diciendo que no hay ni un chico respetable en el
instituto que no quiera salir con una chica por algo más que sexo? ¿O
quizá intentas decirme que sólo sirvo para eso? ¿De verdad no tengo
ninguna personalidad, Noah?
—No he dicho eso. Pero todos son iguales.
—¿Y cómo lo sabes? ¡Por tu culpa no he tenido ni una cita en
toda mi vida! ¿Por qué has hecho una cosa así?
—Confías en la gente con mucha facilidad —me
interrumpió—. Un chico sólo tendría que decirte que te quiere y no
debería esperar mucho más.
Lo miré furiosa.
—¿De verdad crees que soy así de fácil?
Noah me devolvió una mirada igual de furibunda antes de
soltarle un puñetazo a la puerta de la cocina. Ésta se cerró con fuerza
y rebotó en el marco.
—Maldita sea, ¿es que no puedes escucharme aunque sea una
sola vez en la vida? ¡Estoy tratando de protegerte!
—¡No necesito que me protejan! —le contesté, también
gritando—. ¿No puedes apartarte de mi vida? ¡Creo que podré
arreglármelas en una cita, Noah!
—¿Y cómo lo sabes? Los tíos siempre te están mirando y
diciendo lo buena que estás, ¿o es que nunca te has dado cuenta? Si
uno de esos idiotas cree que puede salir contigo y hacerte daño, pues se
va a llevar una sorpresa.
—¡Déjame en paz! —grité de pura frustración.
—Acabarán haciéndote daño.
—No es cierto. Por si no lo has notado, ya soy mayor. Puedo
cuidarme sola.
—¿Y por eso el sábado te querías desnudar delante de todos?
—¡Estaba borracha!
—¿Y quién tuvo que cuidar de ti? —replicó él.
—¡Yo no te lo pedí! ¡Ni te pedí que dijeras a los chicos que no
se me acercaran! —Pasé como una furia ante él de nuevo, con la
intención de encerrarme en el cuarto de Lee.
Noah me agarró por el brazo.
—¡Eh, aún no hemos acabado, Rochelle!
Me volví y le pegué un empujón en el pecho con todas mis
fuerzas, aunque él ni se inmutó.
—¡Vaya! —gritó una voz nueva: Lee. Ambos miramos y lo
vimos en la puerta—. ¿Por qué os estáis matando? ¿Qué me he
perdido?
Ni Noah ni yo contestamos; seguíamos mirándonos furiosos.
—Nada —respondí finalmente—. Te veo arriba, Lee.
Los oí a los dos hablar en voz baja en la cocina. Suspiré. ¡Noah
era tan... irritante! Claro que era increíblemente atractivo, pero,
mierda, ¿por qué tenía que meterse en mis cosas? ¿Cómo podía dar por
hecho de forma automática que era imposible que un chico quisiera salir
conmigo porque yo le gustara de verdad?
Me tiré en la cama de Lee y grité contra la almohada, para
sacar toda la rabia.
Cuando Lee subió para preparar la música de la caseta ya me
había calmado y estaba surfeando por su biblioteca de temas en
iTunes.
—¿Ya has encontrado algo? —fue lo único que me preguntó.
Por eso quiero tanto a Lee.
* * *
Esperó hasta que estuvimos atacando la comida china en el salón
para hacerme preguntas.
—¿Qué ha pasado entre Noah y tú?
—Le he gritado por ser tan excesivamente protector. Él me ha
gritado diciéndome que sólo se preocupaba por mí. Yo le he gritado
algo más. Y has llegado tú.
—Pero tiene buenas razones —repuso Lee con cautela, pasado
un momento—. He intentado decirte...
—Sí, ya sé que lo has hecho, Lee. Pero eso es diferente, tú eres
mi mejor amigo.
Lee sonrió a medias.
—Hum..., sí, pero..., pero Noah tiene algo de razón. No
todos esos tíos son buenos.
—Ya, pero..., pero no soy tan estúpida como para no saber
eso.
—Sólo me preocupo por ti, Shelley. —Me puso las manos en
la rodilla y me sonrió. Cuando Lee lo decía así, era agradable.
Cuando era Noah quien lo decía, me ponía de los nervios.
—Ya sé que es eso. Es con Noah con quien tengo el problema.
Lo ha llevado al extremo. Puedo sobrevivir a una cita con Cody. Tú
sabes cómo es Cody. No intentaría nada raro.
—Sí, ya lo sé.
—Pues Noah parece que no lo sepa.
—Antes dabais miedo, ¿sabes? Lo digo en serio.
—Sí, ya lo sé. —Pero aun así tuve que tragarme una
carcajada.
—Pero..., al menos, ten cuidado.
—Oh, por favor... Cientos de personas tienen citas, Lee. Tú
tienes citas. No es que salgas y quieras liarte con la chica en la
primera cita.
Lee se rió levemente.
—A la tercera, con suerte.
—¿Y por eso Karen no quería ir al cine contigo?
Lee rió de nuevo, porque sólo estábamos bromeando.
—Pero en serio, Elle —dijo cuando dejamos de bromear—, no
queremos que te hagan daño.
—Lo sé.
—Ten cuidado.
—Lo tendré. Cálmate.
—¿Prometido?
—Prometido —contesté, enlazando los meñiques. La
protección de Lee la podía aguantar. En realidad me gustaba. No me
importaba que Noah fuera a actuar como el hermano mayor y ser
también protector... pero lo que no me gustaba era que parecía
oponerse a que yo tuviera citas.
Qué estúpido.

The Kissing Booth by Beth Reekles¡Lee esta historia GRATIS!