1.- Relato Corto - Poemas de Jazz

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La noche caía sobre Zaragoza. Las calles estaban desiertas y el cielo encapotado.

Una leve brisa entraba desde el norte explorando cada esquina de la ciudad.

Tomás aceleraba el paso para encontrar algún lugar donde escribir sus poemas.

El hombre sabía que no podía estar mucho rato. Había toque de queda en toda la

localidad aragonesa y no había muchos valientes como nuestro protagonista.

Consiguió divisar unas luces de color verde. Las bombillas estaban colgadas y chocaban

con la pared del lugar. Parecía como si le avisaran de algún lugar interesante.

El hombre accionó el picaporte con sumo cuidado y consiguió abrir rápidamente la

puerta a pesar del viento.

Unas escaleras conducían hacia abajo y se podía escuchar algo de música. Cerró la

puerta con esmero y luchando contra el viento no hizo ruido alguno.

Bajó los peldaños mientras veía carteles de actuaciones que hubo en su fecha. Cuando

llegó a la segunda puerta, hizo el mismo gesto que con la anterior y la música empezó a

entrar en sus oídos.

Era un lugar pequeño, había una barra donde un camarero sacaba brillo a un vaso.

Una mujer estaba sentada en un taburete, en la barra. Removía con uno de sus dedos una

piedra de hielo y ésta se hundía en su licor. Era una mujer hermosa, coqueta y no era a

lo que estaba acostumbrado Tomás.

En una esquina había un pequeño escenario donde estaban tres personajes tocando

instrumentos musicales y lo curioso es que era Jazz. Estaba totalmente prohibido

escuchar música extranjera y mucho menos bailarla. Había algunas parejas frente a la

banda y bailaban. Otras estaban sentadas, flirteando, en las mesas.

Tomás se acercó a una mesa y con un gesto señaló al camarero. Sacó un lápiz y cogió

varias servilletas. Comenzó a escribir poemas.

La mujer se acercó y le cogió una de las servilletas. Comenzó a sonreír y miró al

camarero. La noche era joven y todos estaban disfrutando de una noche placentera.

De repente, la policía entró al local y la gente comenzó a gritar. Una mujer tropezó con

sus tacones y se cayó al suelo. La banda de Jazz comenzó a gritar a la policía.

El poeta cogió su abrigo e inició su huida aprovechando la ocasión de que un grupo de

personas subían las escaleras. Todo fue muy rápido así como pasó rápidamente el

tiempo.

Pasaron muchos años y Tomás ya era un señor mayor. Había publicado un poemario

pero era un hombre amargado. Su mujer, la que conoció después de los hechos, había

fallecido y él se encontraba solo. Casi estaba a punto de jubilarse y no hacía sino

recordar la noche en el local. Jamás quiso pasar por el mismo callejón donde se

encontraba el local por miedo aunque ganas no le faltaban. En parte, dejó algo de él en

ese lugar. Dejó sus poemas y la libertad pero decidió acercarse para ver en qué se había

convertido el lugar.

Su sorpresa fue inmensa. Las luces seguían allí aunque ahora era un cartel luminoso y el

local se llamaba Poemas de Jazz. Bajó muy emocionado, igual que esa noche y

descubrió la misma música. En la barra estaba el camarero, aunque esta vez era más

anciano. El colorido del local era diferente y la misma mujer acariciaba la mano del

camarero. En su mano, había un anillo de casada. Se habían casado después de esa

noche.

La orquesta de Jazz tocaban con la misma intensidad pero uno de sus componentes era

joven. Se paró la música y todo el mundo se giró hacia Tomás. El camarero fue el único

que se acercó con una gran sonrisa.

- Este local es gracias a ti. Señaló a la pared.

Los poemas que perdió esa noche colgaban en las paredes del local, bien enmarcados.

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