CAPÍTULO 6 (reescrito)

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—¿Qué? No puedes quedarte aquí.

Tenía mucho que asimilar esa noche, y la hamburguesa que me habían forzado a tomar durante la cena amenazaba con no quedarse mucho tiempo en el estómago, como para que ahora encima me viniese con eso.

—¿Por qué no? —Preguntó.

Resoplé y lo miré con fijeza. Estábamos en mi cuarto, dos horas después de que mi mente terminara de explotar e intentase asimilar que ese chico de verdad era invisible.

Y encima tenía las narices de preguntarme si podía quedarse en mi casa.

—Pues porque tú... —mierda, ¿cómo se llamaba?—, invisible man...

—Keith, me llamo Keith —replicó con el ceño levemente fruncido—. Te lo dije el otro día, Lauren. ¿Cómo puedes no acordarte?

Le lancé uno de los peluches que había en mi cama a la cara, dando de pleno. Estaba sentado en la silla de mi escritorio, usando el respaldo para apoyar los brazos y el torso, con las piernas completamente abiertas.

Y que mis padres me hubiesen dejado estar a solas en mi habitación con un chico de mi edad totalmente desconocido, de noche, era otra de las señales de que dicho chico era invisible.

—Oh, no sé... ¿Tal vez porque estaba más preocupada por huir del loco que proclamaba ser invisible e ir a Hogwarts, que por recordar tu nombre?

—¿Ir a dónde? —Repitió confundido.

—A un colegio de Magia y Hechicería —respondí con cansancio.

Ahora mismo lo único que quería era echarme a dormir. Estaba muy, muy cansada. Por eso mismo me dejé caer sobre el colchón, todavía con la ropa del día puesta.

—¿Qué? —Escuché que decía—. ¿Hay de eso aquí?

Negué con la cabeza, derrotada, y la escondí en la almohada.

—Olvídalo... La cosa es que no puedes quedarte. ¡No te conozco de nada!

—Ni yo a ti.

Me giré lo suficiente como para poder mirarlo antes de exclamar:

—¡Pues eso!

No podía quedarse aquí, de ninguna forma iba a consentirlo. Era un extraño para mí, por no hablar de que todavía no me fiaba de que fuese del todo normal. Además necesitaba tiempo para mí, tiempo a solas, para asimilar todo lo que estaba pasando.

Para terminar de hacerme a la idea de que había un chico invisible en mi habitación.

—¿No tienes ganas de saber por qué soy invisible? —Preguntó de pronto, como si pudiese leer mis pensamientos.

Oh, Dios mío, ¿sería también parte de sus poderes? ¿Era mitad vampiro como Edward Cullen?

—Bueno, ya lo dijiste... Eres de otra dimensión.

—Exacto. Soy de otra dimensión. Vine a la tuya a través de un portal, y por eso debería ser invisible para todo el mundo.

Desde mi posición en la cama observé cómo se rascaba la barbilla y después se levantaba. Me senté erguida al ver como avanzaba hacia mí. Inconscientemente me retiré un poco hacia atrás cuando el también se sentó sobre el colchón, a apenas un metro de mí.

Con los ojos muy abiertos contuve la respiración cuando levantó una mano en el aire, como si fuese a tocarme... Nuestras miradas se cruzaron, la mía llena de pánico, y rápidamente volvió a bajar el brazo, pero no se levantó de la cama.

El sexy chico invisible que duerme en mi cama  © | REESCRIBIENDO¡Lee esta historia GRATIS!