Capítulo 27: "La maldición del Faraón"

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¿Qué? la respiración del joven se volvió más irregular, estaba teniendo tanto miedo, que a causa de ello sus piernas fallaron e hicieron que cayera sentado al suelo.

No debes temer, soy yo Yamil, Abel el último detalle de su oración hizo que al pelirrojo se le dilatarán aún más sus ojos.

No puede ser se le escuchó decir en un tono pesado.

Claro que sí, mírame le ordenó, y cuando el ser logró salir de entre las partes más indescifrables de la cueva, tenía ahora a su frente al compañero antes nombrado.

¡Esto no tiene sentido!

Claro que lo tiene Yamil, soy yo, Abel, y no hay otra verdad que sea posible, más allá de lo que ven ahora tus ojos le anunció el otro, y tomó con sus frías como también disimuladas garras el rostro de su víctima.

Pero... él está en otra misión, en otro continente junto a Alan dijo mirando hacia el suelo, tratando de convencerse de que no era posible lo que sus ojos veían, pero ahí él estaba. En cuanto el tacto de sus pieles se vio en confrontación, un amargo y terrible sentimiento empezó a invadirlo, y éste era el odio.

Yo maté a Talía, y también a tu hermana dijo de repente ese monstruo, y como si sus palabras no fueran suficientes al igual que ese terrible tacto, de entre la piel del falso Abel los ojos amarillos volvieron, y cegaron el corazón de Yamil con terribles visiones llenas de tinieblas. Las voces de la razón ahora no llegarían a este joven, quien ahora estaba enterrado en una amarga y terrible rabia.

Entonces, era verdad... ¡era verdad que estabas con Seitán tratando de destruirnos! se levantó de repente y con una terrible carcajada el ser se desvinculó de él, y desapareció nuevamente, dejando a nuestro personaje iracundo. ¡No te librarás de mí Abel! sus ojos que desprendían una terrible sed de venganza, fueron a dirigirse hacia su reloj, el cual inmediatamente accionó. Y así fue como Yamil ni siquiera se molestó en ver como la semilla germinaba dentro de esas ruinas, y además, destrozando otra vez a esa sádica criatura, la cual tardó un tiempo en reaccionar como lo hizo con los otros dos chicos.

Dos continentes restaron, no obstante, parecía que su trabajo no estaba dando los suficientes frutos, pues los calvarios denotaban ser más poderosos que nuestros amigos.
Las contiendas cada vez se producían con más peligro, y la confianza ya estaba más que mermada, pero claro, aún había una resistencia, la cual era tan firme, que llegaba a ser indestructible, aquí es cuando resalta la amistad de estos dos jóvenes, la de Abel y Alan. Los dos muchachos fueron los primeros en llegar a la nave, y poco después también lo hizo Yamil, quien contaba con una enorme irá.

¿Por qué hiciste eso Abel? ¡Aún no habíamos terminado de hablar con Dina! le reclamó Alan.

Yo no quería seguir escuchándola le respondió con sinceridad.

Pero no puedes permanecer indiferente a lo que ella diga, no es correcto volvió a repetir.

Lo sé, pero... antes de siquiera poder contestar a los regaños de Alan, Yamil que estaba ahí los sorprendió al irse contra él.

¡Te voy a matar! le aseguró el pelirrojo, pues cayó directamente sobre Abel mientras lo tomaba de los hombros.

¿Qué estás haciendo? se exaltó Alan al ver la escena que lo tomó por sorpresa. En ese momento Abel pudo ver como Yamil hacía que de su reloj saliera una daga, e inmediatamente arremetió contra él, pero Abel pudo reaccionar, y lo detuvo con ambas manos haciendo contra fuerza al sostenerlo de la muñeca.

¿Qué es lo que te pasa Yamil? ¿Por qué me atacas? le dijo alarmado. Al parecer la reciente situación hizo que al rubio se le despejara la cabeza.

¡Mataste a Talía y a mi hermana! ¿Por qué crees que estoy tan molesto? ¡Tú mismo lo dijiste! le recalcó y empezó a inclinarse sobre él con mayor insistencia, ya que en verdad deseaba finalizar con su macabro objetivo.

¡Detenté ahí! le ordenó el morocho, pero al ver que el otro no hacía caso, intentó arrebatarle el arma que había creado el muchacho. Sin embargo, le fue imposible, ya que Yamil se defendió y llegó a herir el pecho de Alan al girarse, aunque afortunadamente fue una cortada larga y poco profunda, pero no fue todo, porque el morocho no se rendiría tan fácilmente, y con su puño cerrado le dio un fuerte golpe en el rostro, el cual logró dejarlo inconsciente para fortuna de ambos. Luego de la reciente y descolocada escena, divisaron que las ropas del pelirrojo estaban llenas de manchas rojizas, entonces ambos se miraron el uno al otro, y llegaron a la terrible conclusión de que este nuevo tema no sería tan fácil de resolver, más que nada por las terribles palabras que el chico le había dedicado a Abel.

Sueños Bajo el Agua ©¡Lee esta historia GRATIS!