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el día que Chiara dejó de llorar

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el día que Chiara dejó de llorar.

su sensibilidad solía ser objeto de burla entre sus amigas. no podía negarlo, cualquier cosa lograba sacarle una lágrima. su abuela solía preguntarse entre risas de quién habría sacado aquello, si sus dos padres se caracterizaban por mostrarse fuertes. tal vez se debiera al error de relacionar el llanto con la debilidad, de pensar que permitirse liberar penas fuese algo malo, que habría que evitar a toda costa.

a pesar de todo, aquello era un detalle insignificante en la vida de Chiara. si bien tenía presente esta característica de su personalidad no solía reparar demasiado en ella. nadie jamás analizó tanto el por qué de ello hasta el día en que Chiara dejó de llorar.

tal vez si las circunstancias hubieran sido diferentes ese abrupto cambio hubiese pasado desapercibido. pero luego de la muerte de su hermana en manos de un desconocido todos y todas contaban con sus lágrimas. pareciera como si el resto necesitara que ella derramara su típico llanto para poder entonces hacer sus duelos.

cuando la noticia llegó a su casa sus padres rompieron con esa regla no escrita sobre aparentar una falsa fortaleza y lloraron como nunca antes. su hija había desaparecido por cinco días y con cada uno que pasaba su corazón iba marchitándose. su madre, Mónica, sentía como si fuera haciéndose cada vez más pequeño dentro de su pecho. cuando la policía llegó días después para informarles sobre la fatalidad ocurrida creía que su corazón no podría pasar el tamaño de su dedo meñique. lo había perdido por completo.

mientras tanto Claudio había permanecido encerrado en su estudio durante la semana entera. ninguna de las dos se animaba a cruzar ese pasillo, los sollozos atravesaban la madera buscando escapar. cuando el timbre sonó esa tarde Mónica ni siquiera tuvo que avisarle, supo por la intensidad de sus lamentos que ya lo había descifrado.

Chiara por su lado se mantenía en blanco. con una frialdad ajena a ella, parecía aparentar una calma que no concordaba con las ojeras bajo sus ojos. sus amigas la presionaban intentando que se abriera con ellas, que expresara algo, todo. la nada seguía gobernando en Chiara, todos sus intentos resultaban fallidos.

el tiempo fue pasando y con ello la gente comenzó a desistir. encontrando la manera de canalizar sus aflicciones sin intermediarios, dejaron de preguntarse el por qué de su pasividad y volcaron su atención en lo siguiente que ocurriera. fue allí cuando Chiara comenzó a sentirse perdida.

ante la falta de insistencia de sus seres cercanos, comenzó a preocuparse ella misma y a buscar la razón por la que no lograba llorar. se esforzaba, buscando la manera de provocarlas y sin embargo éstas se negaban a aparecer.

una tarde entendió qué es lo que le faltaba. ese común denominador en todos sus recuerdos. sin importar en dónde se encontrara, en qué circunstancias, ella estaba siempre a su lado desatando el nudito que envolvía sus emociones. su descubrimiento la llevó a tomarse el primer colectivo que la dejara en el parque en el que solían pasar horas simplemente hablando.

buscó el lugar apartado que tanto conocía y mirando hacia el río frente a ella soltó la primera frase.

-creo que me he quedado sin lágrimas.

el nudo se aflojó, permitiéndole respirar de nuevo.

-se pusieron en mi contra. pero no creas que no te lloro,si bien mis ojos no parecen más que terrenos baldíos mi corazón no ha dejado de lamentar nuestras penas.

cualquiera que la viese pensaría que había perdido la cordura, hablándole al aire, al vacío. solo los que la conocían sabían que no era lo único que le faltaba: su media mitad no había vuelto a casa.

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