Capítulo 6 / Realidad desconcertante

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Tras unos días en observación, Ania parecía responder favorablemente al tratamiento proporcionado por el doctor Daniel Basurto. Fue tan favorable el diagnóstico que el galeno consideró darla de alta cuatro días después de la operación. Ania se sentía contenta, aunque muy confundida y con una herida en el pecho que tenía que cuidar mucho.

En todo este tiempo, sólo su mamá y su hermana Clarissa la habían ido a ver. Su hermana se preocupó por ella y le había traído un pequeño pero significativo obsequio, hecho por la propia Clarissa. Su madre ni siquiera se dignó de decirle por lo menos una frase de aliento. Y en cuanto a su padre, éste último nunca estuvo presente, pues el hombre no se encontraba en la ciudad.

Y ahora que ya podía salir de aquel nosocomio, sólo era cosa de unas cuentas horas para que la chica finalmente pueda salir de aquel hospital y continuar con su vida normal, aunque con tremendas restricciones en cuanto a su propia salud: Nada de esfuerzos, reposo relativo y ni siquiera podía salir de fiesta ni tomar nada de alcohol. Especialmente estas últimas dos restricciones.

Y no era para menos. No era la primera vez que Ania experimentaba sentirse mal de gravedad. Y lo peor, no era la primera vez que hacía caso omiso de las indicaciones del médico. De hecho, para el Dr. Basurto, Ania era una especie de causa perdida, alguien con el que no tenía que estar lidiando a que tome sus medicinas, como una madre con su hijo enfermo.

Y como si esto no hubiera sido suficiente, al salir del hospital, la madre de la chica fue la única persona que le recriminó todas sus hazañas.

—Espero que ya estés satisfecha, Ania—le replicó su madre—. ¿Ya ves? Por no hacer caso a las indicaciones del doctor, ahora resulta que tendrás que vivir con esa cosa incrustada en tu corazón. Espero que estés completamente satisfecha. Encima de que todavía tengo que soportarte tus caprichos y salidas sin permiso, ahora resulta que te tengo que cuidar todavía más. Y para lo que tengo tiempo de hacer algo así. Pues bien, tendré que contratar a una enfermera para que se haga cargo de ti. Así podré estar más al pendiente de ti. Y si me entero que vuelves a hacer caso omiso a las indicaciones del médico, entonces te voy a obligar a seguirlas, aunque no quieras. Ya estuvo bueno de caprichos. Espero que con esto aprendas a valorar lo que se te está dando por una maldita vez en tu puta vida, muchacha. Ya no eres una niña. Y sinceramente, espero que ahora sí aprendas no sólo a valorar lo que se te está dando, sino que también aprendas a valorarte. ¡Quiérete por una puta vez, aunque sea por una puta vez en tu vida! Ayer moriste por unos minutos, y si no fuera porque te atendieron a tiempo y te pusieron esa cosa en tu pecho, no estarías aquí ni de chiste. Siempre te he dicho que te cuides, que te tomes tus medicamentos, que le hagas caso a las indicaciones del doctor, y que si vas a salir, que no tomes y regreses temprano. Ya no sé qué hacer contigo, Ania. Y encima de todo, si no fuera porque me habían hablado del hospital, ni yo misma me hubiera enterado de que habías sufrido un fuerte desmayo. Y luego de haber muerto...

Ania se limitaba a escuchar a su madre, sin decir ni una sola palabra. Y es que la joven de 21 años todavía no podía dejar de esta estupefacta con respecto a la situación.

Metida en aquel cuerpo de mujer, sintiendo el paso de la sangre por sus venas y órganos internos y, además, con un desfibrilador insertado en su corazón. Recibiendo llamadas de atención, tanto del doctor como de su propia madre. O más bien por parte de la madre de Ania. A pesar de la situación, el joven Alfonso, ahora convertido en Ania, se sentía satisfecho de haber vuelto a la vida una vez más, aunque ahora se encontraba en medio de una situación que nunca antes había tenido.

Era una circunstancia nueva, con reglas nuevas, pero sin un objetivo claro en mente, excepto uno sólo: Alfonso deseaba seguir viviendo para poder alcanzar sus metas y sueños. El problema ahora es que, siendo ahora una mujer, ¿podrá ser capaz de alcanzarlos? ¿Podría ser capaz de retomar su carrera universitaria, tal y como la dejó cuando era Alfonso? ¿Acaso podría retomar la vida que antes tenía? ¿O es que tendrá que empezar a hacer todo de nuevo? ¿Podrá volver a ver a Elena algún día? ¿Acaso su antigua novia todavía seguía pensando en él? Y en el caso de que consiguiera verla de nuevo, ¿Elena llegará a reconocerlo o sólo la verá como una persona cualquiera, desconocida y poco relevante?

Y es que, muy dentro de él, había una gran serie de inconformidades. Cierto que estaba feliz de haber vuelto a la vida, pero no se sentía muy cómodo siendo ahora una mujer. Para él, hubiera sido mucho mejor haber renacido siendo un hombre sano y fuerte, en vez de haber reencarnado en una mujer hermosa pero toda una malcriada y, ademas, enferma del corazón. También se sentía con las ganas de ir a ver a su antigua familia, ver a Elena de nuevo, pensar que toda esta experiencia que vivía tan sólo era una horrible pesadilla. En resumidas cuentas, deseaba ser Alfonso otra vez. Deseaba su antigua vida más que a nada en el mundo.

¿Y ahora qué hacer al respecto? Reclamárselo ahora a los Jueces ya no era una solución posible. Él ya no estaba en aquel extraño plano el que se encontraba antes de haber vuelto a la vida. Por lo que no era posible volver allí de nuevo, a menos que muera de nuevo. Con todo el riesgo que ello implicaba.

No obstante, no todo tenía por qué ser tan malo. A pesar de sentirse tremendamente inconforme con la nueva vida que le esperaba, Alfonso, ahora como Ania, se encontraba cavilando acerca de la situación actual y de lo que ésta podría ofrecerle a futuro. Y es que, de entrada, era inevitable hacerse preguntas, como ¿quiénes eran esas personas? ¿Por qué tanto la madre como el doctor la habían regañado fuertemente? ¿Quién coños era Ania? ¿Qué significado tenía ella para ellos, además de ser una niña rebelde que ni siquiera parecía cuidarse a sí misma? Porque era claro que la chica sabía de su enfermedad, pero ¿por qué prefería hacer caso omiso a las indicaciones del doctor y a ponerse a la contraria con su madre? ¿Por qué prefería salir a divertirse con sus amigos y tomar hasta morir sin importar las consecuencias fatales que la bebida pudiera haberle ocasionado?

Durante el trayecto a casa, y después de un largo pensar, la chica comprendió que debe cumplir con una serie de tareas, que incluía cuidar de sí misma y percatarse de conocer un poco más sobre su nuevo cuerpo, su nuevo personaje, aquella familia que la rodeaba ahora y todo lo que representaba su papel en la vida de todas aquellas personas que la conocían de cabo a rabo.

Por lo pronto, sólo sabía que su madre era de alcurnia, y que había llegado al nosocomio en un auto de lujo, con chofer incluido. Y dado que era de alcurnia, entonces podría parecer lógico que su nuevo hogar sería una casa grande, algo más o menos parecido a alguna mansión, como las de los famosos, quizás.

Y no se equivocó. La última parada que había dado el chofer de aquel vehículo había sido en los jardines de una mansión grande, con una extensión de terreno bastante amplia, quizás la suficiente como para albergar varias casas pequeñas o edificios grandes.

La muchacha observaba con cierto detenimiento y asombro todo lo que había allí afuera. Y cuando tocó suelo en aquel lugar, se sintió bastante extrañada.

Fue como si nunca hubiese estado allí.

CONTINUARÁ...

La pasión de Ania (Versión Corta)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora