❧ Chapter 2: Markings

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Ya iba una semana y Yuri estaba furioso. ¿Por qué Victor aún no había ido ya a sacarlo de ahí? Había estado viviendo a base del agua que había en la taza del inodoro y unos cuantos cigarrillos que le había  dado Leo o que Otabek le había tirado. Se rehusaba a comer, pero su cuerpo ya mostraba signos de debilidad y sus costillas empezaban a mostrarse cada vez con mayor prominencia.


Odiaba cada vez que Otabek iba a visitarlo. Fumaban un rato y luego Leo lo dopaba para que termine despertando horas después con un punzante dolor de cabeza. No tenía ni la más mínima idea de qué era lo que le hacían en esos momentos, pero nada en su cuerpo terminaba adolorido, así que al menos hasta el momento, ese loco hijo de puta no lo había violado... Aún.




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—Jefe, sigue sin comer —le había dicho Leo cuando regresó con una bandeja aún llena de comida.

—Me doy cuenta —Otabek le respondió y prendió otro de sus cigarrillos.

—Está tomando agua de la tapa del inodoro en el momento que lo dejamos solo en la habitación.

—Lo obligaremos a comer.

Leo asintió con la cabeza. —Tendré todo listo.

Otabek esperó en su oficina y observó el monitor cuando Leo ingresó a la habitación en donde estaba Yuri y lanzó un dardo a través de las barras de la celda otra vez. En esos momentos el rubio solo maldecía y caía. Y sacando su cigarro, Otabek fue caminando a la habitación en donde se encontraban.

—Tenemos unas cuantas horas en lo que despierta. —Le indicó el castaño.

—Entonces vuelve en una hora.

Leo asintió y dejó el cuarto. Una vez quitó el seguro de la celda, Otabek se acercó hasta el catre en donde Yuri estaba recostado. Se había vuelto demasiado delgado en esa corta semana y Otabek observaba cuán prominentes se habían vuelto los huesos de sus pómulos y cómo su piel se había puesto totalmente pálida. Pero aún así hermoso. Su pequeño pajarito, atrapado tan lejos de casa.

—Oh, Yura. Si tan solo no luchases. —Otabek pasó al lado de la cama en la que se encontraba el chico. Se veía pequeño porque su cuerpo estaba doblado por la mitad. Otabek lo estiró y jugó con su cabello y le dejó suaves besos a lo largo de su rostro. El moreno también notó que su cabello comenzaba a ponerse pegajoso, así que necesitaría bañarlo. Ya llevaba ahí una semana y empezaba a oler mal. Pero a Otabek no le importaba, Yuri era perfecto a pesar de todo. Lo jaló hacia sí para envolver sus brazos alrededor de su delgado cuerpo y lo abrazó con fuerza. Mientras más lo tomaba, más duro se ponía. Había algo en la pobre respiración el rubio cuando estaba desmayado sobre la cama que hacía que Otabek se sienta en casa. Como si Yuri fuese su amante en su cama.

OtaYuri ღ  Little DoveRead this story for FREE!