Prólogo: La Orgía Perpetua

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Una masa corporal humana se revuelve con furia y pasión en un torbellino lujurioso , aquel deseo fulgurante y ardiente enlazaba las manos de todos los hombres del mundo en una potente conexión.

Las aguas termales censuraban la anatomía explícita de millares de hombres tocándose con furia ante los ojos de Dios , albergaban un calor tan extasiante que ni la sentencia más divina parecía poder separarlos.

El orgasmo de una mujer juramentaba el descenso de una eterna orgía a escondidas del mandato religioso en un pasional coro de gemidos.

Se sintió deseada , tocada por varios hombres y mujeres , constelada por estrellas sexuales que la incitaban a querer una eternidad en un voraz apetito.

Pero lo que parecía nunca terminar la arrastraba a las orillas de un final.
Un desenfrenado placer la conllevó a sentir como la semilla de un hombre había cabido en los profundo de su vientre , y se sintió bendecida.

Parirá entonces , bajo una sombra carnal , al mismísimo pecado , cuya estadía carcomerá las entrañas del mismo Dios , devorándoselo vivo en un permanente regocijo ,
Y esto no tendrá fin , por los siglos de los siglos ,
Sin cesar.

Esa misma mujer sintió como la semilla de un hombre desconocido se había adentrado en lo profundo de su vientre cortando sus anhelos más prohibidos.
Rogó con todas sus fuerzas que esa semilla no diera fruto y perteneciera a una maldición no deseada.

Pero esa semilla será concebida en pecado , crecería y tendría un nombre.
Uno tan oscuro que sería bautizado en nombre de un Dios que temblará de miedo al conocer a esta influyente entidad.

Una semilla que al crecer despertará las mentes de muchos creyentes y los condenará a un Infierno involuntario.

Su nombre significa perdición.
Seguirle significa traición.
Y creerle , una condena que Dios no dejará pasar.

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