Capitulo 27: Castigo y trío

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𝓝𝓪𝓻𝓻𝓪 𝓔𝓻𝓲𝓴𝓪

A la mañana siguiente, o más bien, horas después, me desperté en la cama donde había pasado la noche. Al abrir con torpeza los parpados, me sorprendí al darme cuenta que no me encontraba en la habitación de Valkyon y una tristeza descomunal me invadió el cuerpo dolorido.

No había rastro de Ashkore, pero a pocos centímetros de mi, el colchón aun continuaba caliente.

¿Donde habrá ido?

Exhale un suspiro de cansancio. Mis extremidades me pedían descanso y reposo, pero a la vez mi cabeza no podía soportar estar tumbada entre esas sabanas impregnada de su olor.

Apenas recordaba lo que había ocurrido en ellas, solo recuerdos vagos de las embestidas y los gemidos de Ashkore que penetraban mi cabeza en flashbacks oscuros.

Tarde mi tiempo en reincorporarme de la cama. Justo delante de mi se encontraba un espejo de más o menos dos metros que reflejaban mi cuerpo desnudo, adornado de gruesos cardenales y otras marcas de guerra.

Pero mi aspecto dragonil había desaparecido y mi cara se desfiguro a una de asombro. Nerviosa, comencé a palpar los omóplatos de mi espalda, mis brazos, mi cabeza, en busca de algún rastro de plumas o al menos, escamas.

Al fijarme bien en mi piel, había tatuado en la palma mi mano una especie de sello, de un color blanquecino apenas visible. Me demore tiempo en examinarlo con determinación y cuidado, y creía tener la respuesta a mi duda.

Creo que es un sello de retención... no estoy segura, pero lo más probable es que Ashkore me lo haya formulado. La pregunta es por que.

Volví a fijar la atención al cuarto. Aparentemente, todo estaba igual menos el escritorio totalmente revuelto y lleno de papeles, y parecía ser que Ash había salido con prisa de allí. Pero no tardaría en volver.

Una idea descabellada cruzo mis pensamientos como un rayo. Podía quedarme allí quieta hasta que el volviese o, escaparme y... avisar a la guardia. No sabía si era el momento idóneo para desmantelar sus planes, ni para descubrir a Leiftan...

... ni a Chrome.

Recordarlo me produjo un dolor aun más intenso. Hacia tanto que me había distanciado de él, sus continuas misiones a penas le hacían menear la cola por el Cuartel. No podría delatarlo, a pesar de toda la rabia acumulada hacia él.

Mi condición física me recordaba que escapar era la idea más arriesgada de todas, pero verme a solas delante del dragón me helaba la sangre.

Tenía que correr el riesgo.

Agarre mi ropa y me comencé a vestir. Sentía que mi cuerpo se estaba debilitando, pero no solo mi cuerpo, sino mi fuerza vital. Lo que había dicho Vladimir era cierto.

Con cuidado, gire el pomo de la puerta muy suavemente. Un "clack" me indico que había sido sellada con llave.

Tsss... era demasiado fácil.

Resople y me acerque a los cajones, buscando algún arma o artefacto. Tras un par de minutos poniendo patas arriba el cuarto, encontré algo que probablemente podía servirme: una pipa vieja.

Cuidadosamente la introduje dentro de la cerradura, con la intención de forzarla. Hice minuciosos movimientos hasta que conseguí abrirla y una sonrisa de oreja a oreja se dibujo en mi rostro.

Estúpida Faelienne [ELDARYA] Donde viven las historias. Descúbrelo ahora