CAPITULO 15

9.8K 1.2K 176
                                                  





Abre la botella mientras me quito la chaqueta, y no es por nada más que porque hace calor y odio sudar, aunque lleve desodorante.

—Por supuesto que lo sabe, le gustan más estas cosas a él que a mí, ya lo sabes. De hecho, ha sido él quien ha insistido en que viniera a verte.

Me alarga una copa y yo la cojo. Necesito beber, así a lo mejor se me pasa ese nerviosismo estúpido que tengo en mi cuerpo.

—Así que ha sido Daniel quien te ha obligado. Me había hecho ilusiones de que habías venido voluntariamente.

Su voz ronca me desconcierta. Estoy tentada de tirarle el contenido de la copa en la cara, pero me contengo.

—¿Me vas a dar el divorcio o no? —pregunto, viendo que la conversación se está alargando, y si estoy ante su presencia más de lo debido, puede ser peligroso.

—Voy a dártelo, emperatriz. Pero con una condición.

Lo sabía, sabía que querría algo. En serio, de todos los hombres de este mundo, ¿por qué tuve que enamorarme de él?

—¿Cuál?

Me bebo el contenido entero, no sé si quiero estar sobria al oírlo.

—Quiero que finjas ser mi mujer durante el resto del mes. Cuando termine, te daré el divorcio.

Se le ha ido la olla. ¿Este de qué va? Me río para no llorar, porque la situación tiene tela.

—A ti se te va la castaña —me encaro con él—. ¿Por qué no me das el divorcio, te casas otra vez con tu mujercita y que lo haga ella?

—Cuando estás cerca, es probable —dice, mientras alza la mano hacia mi cabello, pero me desvío antes de que llegue.

—No me toques —le advierto de nuevo.

—¿Por qué estás prometida con ese patán? —pregunta entonces.

—Por muchas razones, oye, déjate de historias, a mí no me interesa tu vida.

Entre ellas, que me partieras el corazón, cosa que no voy a decirte nunca, jamás de los jamases.

—Dejaste de llamarme, de responder a mis mensajes, ni siquiera te dignaste a recibirme en tu casa. No me gustó.

Este tío tiene los cojones más grandes de la historia de la humanidad. Por supuesto que lo hice, todo el mundo con dos dedos de frente lo hubiese hecho.

—Bueno, a mí tampoco me gustó enterarme después de echar un polvo en casa de tus padres, delante de tu familia y de mí familia, que estabas prometido.

Tengo más clase que muchas, así que después de tragarme toda la ira, el desprecio y el desamor, fingí desmayarme para que me trajeran a casa y poder llorar a gusto.

Pero sí, eso fue exactamente lo que pasó. No es agradable, lo digo en serio.

—Nimiedades, emperatriz. ¿Te pusiste celosa?

Me esfuerzo en reírme, para que no se note que mi vena del cuello está más que hinchada y mi mano a punto de abofetearle.

—Por favor, ya sabes que le tengo algo de respeto a la institución del matrimonio, no como tú.

—Ya lo veo, has estado desatendiendo a tu marido cinco años.

—La institución del matrimonio ha evolucionado bastante, no estamos en la época medieval, querido.

Entonces sí que se acerca del todo, está a tan solo diez centímetros, puedo hasta oler la colonia que lleva, su aftershave, puedo apreciar esa barba incipiente oscura que tiene, una delgada grieta en sus labios algo secos. Joder, si hasta mi vagina me incita a follármelo.

Lo que pasa en Las Vegas... [1]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora