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Último capítulo.
Parte II. [Última]

Mía.

Dicho eso último el psicólogo expresó confusión en sus ojos, sacudió su cabeza y replicó:

—Me has dicho que ese chico te ha lastimado, que incluso te ha violado, Mía quiero que sepas que eso no esta bien. —Tomó una de mis manos. —Eso que sientes no es amor, no es sano.

—Es amor, lo sé porque si ahorita mismo el estuviera aquí y me pudiera que le ayude a asesinar al presidente, lo haría. —Alcé la mirada clavándola en sus ojos cafés —Amo a Jungkook, el me dio lo mejor que tengo en mi vida, a mi hijo.

Para el doctor ya había terminado la sesión, me dio unas pastillas y antes de partir habló con mi madre y le dijo algo que no pude escuchar pero que hizo que ella rompiera en llanto.
Bajé la mirada y analicé en silencio todo lo que le había dicho y ahora estaba más que segura de que apesar del dolor, las marcas y las heridas, amo a Jungkook.

...

Por fin los dos días de espera habían pasado, todo estaba listo para ir a aquella cabaña en Nara, donde el principio del fin había empezado.

—Mía, irás conmigo y con tu madre en aquella camioneta negra, llevamos escoltas para que te sientas más segura. —Inquirió el detective Choi empujándome junto con mi silla de ruedas, asentí y tomé la mano de madre mientras avansábamos por los pasillos blancos del hospital.

Al llegar a la camioneta me temblaron las piernas, estaba tan nerviosa, tenía miedo de volver a ese lugar.
Avanzamos kilómetros y horas hasta que llegamos a la gasolinera que Taehyung hizo explotar; estaba rodeada de aquel plástico amarillo con frases de "No pasar" "Clausurado", los estragos aún se hacian presentes, las cenizas seguían volando y las manchas de sangre aún se veían en el suelo: la cabeza me punzó al recordar la terrible noche en que me entregué a Taehyung.

—¿Te encuentras bien, cariño? —Preguntó mi madre al notar el terror que recorría mi cuerpo.

—Acabo de recordar todo, aquella anoche, cu-cuando él me llevó a la cabaña. —El detective Choi me miró por el espejo retrovisor y me dio una mirada de compasión.

—¿Hasta donde debemos seguir, Mia? —Me preguntó el otro oficial.

—Re-recuerdo que pasamos por una especie de cafetería y-yy era grande creo, creo que era una posada. —Me asomé por la ventana y la brisa olía muerte.

—¿Te refieres a ese lugar? —El oficial señaló con él dedo índice un edificio que al igual que la gasolinera tenía letreros de clausurado.

Ambos oficiales notaron mi extrañeza y Choi añadió:

—La mujer que atendía el lugar y un hombro local fueron encontrados muertos en el bosque. Ahora ¿hacia donde?

—¿V-ven ese pasillo entre los árboles? Por ahí entro él.

Al entrar ahí, la piel se me enchinó y el tiempo parecía hacerse eterno, seguí dando indicaciones hasta que se detuvo la camioneta junto con las escoltas detrás, estábamos frente a la cabaña, frente a mi infierno.

—Esperen aquí —Dijo Choi bajando del auto dando indicaciones a través de su radio, avanzó hasta la puerta con el arma en sus manos y la tumbó de una patada, dio un vistazo dentro y gritó: "Despejado".

No entendí por qué había revisado dentro si ya no había nadie ahí, le di vueltas a lo mismo hasta que llegó dando golpecitos a la ventana, la bajé y dijo:

ᴇɴ ʟᴏ ᴘʀᴏғᴜɴᴅᴏ ᴅᴇʟ ʙᴏꜱϙᴜᴇWhere stories live. Discover now