Capítulo 8| Pruebas

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En cuanto la aguja de la jeringuilla entró en mi vena, sentí un estremecimiento

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En cuanto la aguja de la jeringuilla entró en mi vena, sentí un estremecimiento. Cerré los ojos con fuerza ante el dolor del pinchazo, y de repente comencé a temblar.

La aguja salió de mi brazo. Sentí el líquido pasar por todo mi cuerpo, por cada zona, enfriándolo por completo. De repente un dolor fuerte apareció en mi cabeza. Abrí los ojos con brusquedad, parpadeando confusa. Lucy se había marchado para estar al lado de Kara, Sean y más personas. La sensación de frío seguía en mi cuerpo. Me tuve que abrazar. Miré a Sean que se encontraba detrás del cristal observando cada uno de mis movimientos sin expresión alguna.

-Dijiste que no iba a tener efectos secundarios-murmuré apretando los dientes.

Sean se acercó al micrófono que había a su lado, y habló.

-Ese no es un efecto secundario como tal. Tu cuerpo reacciona así, porque necesita acostumbrarse a la nueva sustancia inyectada-explicó-Intenta relajarte, ya se te irá ese malestar.

-Tengo frío-dije relamiendo mis labios.

-Te he dicho que ya se te pasará. Relájate-repitió y alzó su dedo pulgar en señal de que todo iba a estar bien-Por cierto, para que sepas. Tus ojos son de color azul brillante. No de tu tono normal.

¿Azul brillante? Ah claro. El color que me iba a salir al usar mi cerebro de forma anormal. Asentí con la cabeza y cerré los ojos intentando relajarme. Respiré con lentitud, comenzando por la nariz y expulsando por la boca. Era una técnica que aprendí tras el bullying que sufrí en el instituto. Me acaricié los brazos sintiendo como poco a poco, el frío comenzó a irse. En cuanto me sentí mejor, abrí los ojos con lentitud y solté un suspiro. Me levanté de la silla y observé cada una de las personas que habían detrás del cristal. Estaban Kara, Sean, Lucy, Irina la chica quien me sacó sangre el día anterior, y dos personas más. Un hombre y una mujer, vestidos como guardias. Parecían mellizos. Tenían la tez clara, el cabello castaño y los ojos de color miel. Sus miradas hacia mí, eran frías y calculadoras. No dejaban de analizarme como si fuera algo difícil de controlar. Algo peligroso capaz de armar un escándalo en cualquier momento.

Sonreí ante ese pensamiento. Cierto. Eso era cierto. Y lo había comprobado el día que ataqué a cientos de coches y agentes del CDI cuando me habían encontrado.

Kara se acercó al micrófono y abrió su boca para hablar.

-Reese, ahora vamos a comenzar. Tienes que hacer todo lo que te vamos a pedir para ver tu potencial-dijo-Más de lo del primer día en el que te vimos, claro-añadió con una sonrisa.

Asentí con la cabeza.

-Vale. Lo primero de todo, es que levantes esa silla con tu mente. Y la lanzas contra la pared. Usa toda tu fuerza mental.

INEFABLE ©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora