Capítulo #41: Si es rojo, puede ser sangre

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Las fiestas de disfraces eran sus favoritas. Tal vez era complicado decidir de qué vestirse, sin embargo, una vez preparado todo, entrar en el personaje era de lo más divertido. Imaginar las reacciones de los demás y adivinar de qué iría el resto era parte de lo entretenido; lo disfrutaba desde antes de siquiera asistir. Suga sabía que recibiría comentarios de asombro por el empeño que puso en su apariencia, pero no al nivel de que el saludo de la mayoría fuese ¡tómate una foto conmigo!

Daichi aún no llegaba cuando él lo hizo, así que le tocó esperar varios minutos de ansias por la cara que pondría. Por suerte para él, no más de media hora después le abrieron la puerta al capitán. Sonrió en cuanto escuchó su voz respondiendo las bienvenidas. Se quedó en el mismo lugar; dejaría que él lo encontrara. No estaba tan lejos de la entrada, de todos modos. Cuando se vieron de frente, notó que su atención se dirigió a sus labios sin ninguna clase de disimulo. No era sorpresivo, había sido igual con todos, solo que el nivel de perplejidad fue muchísimo más visible esa vez.

—¿La sangre es labial? —preguntó, señalando con un dedo.

—Y delineador rojo, sí —asintió. Su sonrisa creció por las cejas alzadas ante él—. Como decidí no ponerme colmillos para poder comer en paz, algo tenía que hacer en mi boca. —Se encogió de hombros.

Wow. —Soltó una risilla por su falta de palabras. Aún detallaba la distribución dispareja del maquillaje en la parte más interna de sus labios y la barbilla—. Sí se ve como si acabases de chuparle la sangre a alguien, está genial.

—¡Gracias! —Luego de complacer sus expectativas, se permitió ver el disfraz de Daichi—. Excelente uso de la ropa vieja y gastada —comentó con la vista danzando entre los agujeros del overol y los espacios decolorados de su camisa—. El tuyo ha quedado bastante bien.

—Pero el tuyo es dedicación pura. ¡Hasta te peinaste de lado! Estoy seguro de que ganarás si hacen un concurso del mejor disfraz.

—Ni siquiera has visto a todos los que estamos aquí y aún faltan algunos por llegar. —Frunció el ceño sin deshacer su sonrisa.

—Sé que nadie te superará. —Su expresión entre confiada y orgullosa estuvo a punto de teñir sus mejillas.

Sería complicado retener su confesión hasta el viernes, aun si llevaba años de practicar disimulo. Había buenos motivos tras su decisión de fecha. Como le explicó a Daichi, no podían salir el día anterior por el evidente ataque de tos que tendría en breve. De no haber sido por la celebración, el miércoles habría sido el día perfecto. No planeaba declarársele en medio de la fiesta, demasiadas incomodidades para contarlas. El jueves pintaba bien, excepto por la posibilidad de que siguiera tosiendo flores intermitentemente por veinticuatro horas. No deseaba estropearle las clases del viernes —habían avisado que les darían un tema importante—, así que escogió la noche previa al fin de semana como el momento adecuado para ponerle fin a la incertidumbre.

Mientras tanto, se encargaría de reunir buenos recuerdos de los días finales de amistad —esperando que se transformase en algo más y no bajase de nivel pasado mañana—. Guardaría el halago a su disfraz donde iban sus motivos de gritar de emoción por dentro. La forma en que miraba sus labios de vez en cuando iría con los alteradores de su autocontrol; sentía que estaba a un segundo de entrar en el personaje y morderlo cuando lo atrapaba en el acto.

—Oh, el Rey se comerá la carnada. —Escucharon el comentario de Tsukishima a sus espaldas. Ambos voltearon al instante para entender qué sucedía.

Pff, no lo creo. —Suga estaba al borde de la risa por la escena frente a él.

El rostro de Hinata lucía como si pudo haber perdido las plumas falsas de sus alas negras. A dos metros de distancia, Kageyama solo resaltaba por las orejas de gato en su cabeza.

Cuando las flores hablen por él¡Lee esta historia GRATIS!