Capítulo Único.

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Amargada e infeliz.

Yui nunca se imaginó terminar en tal situación, casada a la fuerza con un hombre al que no le tenía más que desprecio acumulado por todos esos años de mentiras, manipulación y cinismo. Años y años de tragarse los viles engaños de Laito, de haberle entregado su cuerpo e incluso haber renunciado a su mortalidad. Oh, cuanto extrañaba ser humana... tener un corazón que latía fervientemente hacia un propósito. Pero no, ahora la muerte no estaba a la vuelta de la esquina, pero la infelicidad que conllevaba vivir sin ser atormentada por la fragilidad de su existencia era persistente. No había emoción en despertar en la misma habitación por cien años, ni emoción por leer los mismos libros en su biblioteca, sólo el asco y la tortura de presenciar cada día el motivo de su desdicha. 


Pasaba su tiempo acostada en su cama, o vagando en la mansión. Mucho no había que hacer en su soledad, mas que aprovechar cuando su marido desaparecía para acostarse con otras mujeres y disfrutar de su placentera ausencia.


La verdad es que Laito le provocaba lastima, tal vez alguna razón había para que huyera a los brazos de otras féminas cada vez que ella rechazaba su compañía, en vez de tratar de recuperar la ilusión que le tenía antes de que sus sentimientos se transformaran en veneno para ella misma. Porque sí, Yui tenía bien en cuenta que la única que agonizaba en esa relación era ella, puesto a que Laito tenía todo al alcance de su mano. Era guapo, carismático y elocuente, una fachada muy convincente para encubrir a ese patético ser que la desposó para tener un banco de sangre asegurado en casa. ¿Es qué ese siempre fue el motivo? ¿Era sólo su sangre? "Laito tú si que eres un ser despiadado..." Pero ya no más, una de las ventajas de haberse vuelto un vampiro era que ahora estaban en igualdad de condiciones y no permitiría que él le pusiera una mano encima nunca más. 


Odiaba tan solo el hecho de haberlo querido en algún momento, era tan estúpida al creer que la lujuria que el contrario sentía era amor verdadero. Por haber sido tan descuidada se hallaba maldiciendo como nunca había pensado en su vida hacerlo. ¿Dónde se encontraba esa dulce y decidida muchacha? "Está muerta, este odio que me enseñaste a sentir la ha matado".


—Querida~, ¿estás despierta?—dijo justamente él, quien permanecía atormentando sus pensamientos. Tocaba la puerta con suavidad, con su melosa y falsa condescendencia.


Yui no respondió y se removió en su cama, dándole la espalda a la puerta. "Por favor, Dios, si es que hoy quieres escucharme, haz que se vaya".


—Nfufu, te estás haciendo la dormida, ¿no es así?—Yui frunció el ceño y se cubrió hasta la cabeza con las sábanas, ya estaba acostumbrada a que Dios ignore hasta la más desgarradora de sus súplicas—. No importa, voy a entrar. Con permiso~


La rubia se preguntó por qué no había trancado la puerta esta vez, luego recordó que ya lo había intentado hace una década, pero el simplemente se teletransportó al interior de la habitación. 


Laito, como siempre, llevaba puesto el aroma de otras mujeres, y aún así tenía el descaro de presentarse a ella en esas condiciones. ¡Es que no se molestaba ni en disimularlo! El cuello de su camisa estaba medio desabrochado y dejaba ver las marcas del labial ajeno. De solo mirarlo le daban nauseas, volvió a darse vuelta cubriéndose más entre sus mantas.

La eternidad de los malos amantes |LaiYui|.¡Lee esta historia GRATIS!