Capítulo 5| Triste pasado

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Al finalizar el desayuno, decidí ir a la habitación sola

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Al finalizar el desayuno, decidí ir a la habitación sola. April, Malcom y Noah decidieron quedarse juntos un rato más para pasar el rato.

Me recordaban a Lydia y Damon. Suspiré de tristeza.

Lydia era una gran chica. Rubia, de grandes ojos azules y una sonrisa divertida. Tenía un cuerpo típico de una bailarina ya que iba conmigo a la academia. Y Damon, era alto, nos sacaba una cabeza, tenía el cuerpo fornido, el pelo rubio oscuro y los ojos azules los tenía tan apagados, que apenas se le notaban.

Ambos eran primos. Pero se consideraban prácticamente hermanos.

Siempre andábamos juntos. Íbamos al cine cada sábado, y al día siguiente nos la pasábamos criticando la película que habíamos visto el día anterior. Diariamente quedábamos en la biblioteca municipal para hacer los deberes, ayudarnos mutuamente, y estar viciados con el internet mirando las redes sociales de nuestros actores o actrices favoritos. Cuando teníamos problemas, siempre estábamos el uno para el otro. Damon tenía una familia tóxica que le maltrataba psicológicamente, y Lydia había sufrido una violación a los 9 años.

En cambio yo, aunque parecía la más feliz de nuestro trío de amigos, estaba destrozada. No por haber sido popular, todos me aceptarían. La mayoría sí, pero sin embargo, el grupo de chicos que te tienen que hacer la vida imposible, no faltaba nunca. Sufría bullying, tanto psicológico como físico. Aunque con en los últimos dos años, el bullying comenzó a cesar y empecé a sentirme más tranquila. Aún así, el daño ya estaba hecho.

Cuando comencé a experimentar cosas extrañas a mi alrededor por mi mente, me empecé a preocupar. Temí, que por ser diferente, el acoso volvería. No podía soportarlo. Y cuando creí tenerlo todo bajo control y confiar en mi tía, todo se fue al igual que sus falsas promesas.

En cierto modo, estaba de acuerdo con la CDI. Su propósito era bueno: ayudar a hacer un cambio a la sociedad. Pero si me lo hubieran dicho con sencillez y tranquilidad, no lo hubiera pasado tan mal en aquellos tres días frustrantes para mí. Huí porque sabía que me estaban buscando. Siempre oía a los coches de policía yendo de un lugar a otro, y los helicópteros no paraban de rastrear la ciudad de Brooklyn cada dos por tres. Me sentí como un insecto al que había que exterminar. Un insecto que todos lo querían muerto.

Cerré los ojos con fuerza y me tumbé en mi cama. Quería dormir. Dormir y olvidarlo todo aunque sea por un momento. En ese momento me sentía como una mierda a pesar de tener techo, comida, ropa y nuevos amigos.

«Indeseable», así me sentía.

«Indeseable», así me sentía

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