Capítulo 26: La Luna Roja

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𝓝𝓪𝓻𝓻𝓪  𝓔𝓻𝓲𝓴𝓪

Un hombre alto y apuesto broto de entre la oscuridad, aproximadamente de unos treinta años, vestido con un traje ajustado y una túnica, totalmente de negro, que resaltaba su piel blanca tanto como su cabello y ojos grisáceos.

Al fijarme detenidamente en la túnica que vestía, puede observar un triangulo bordado en ella.

Oh, no...
Parecen humanos y ese símbolo se parece al de los Iluminatis

¿Sabes quienes somos, bonita? —sonrió, mientras decenas personas aparecían a su lado con aspecto amenazador—. En la tierra no somos más que un mito, pero aquí realmente somos una pesadilla.

Acto seguido, soltó una carcajada estremecedora llena de odio y sus secuaces le siguieron la risotada con gusto.

Temerosa, di unos pasos hacia atrás a medida que avanzaban hacia mi y inmediatamente eche a correr hacia el extremo contrario, teniendo cuidado de no salir del bosque.

Bajo la luna, mi piel se iluminaba de un precioso color vino. Sentía la piel irritarse con su contacto, arder y incluso descomponerse. Ante este dolor no pude evitar caer desplomada poco tiempo después tropezando con una roca, con la respiración entrecortada.

Pequeña dragoncilla, sal de tu esconditeeeee. —la voz de ese hombre resonó muy cerca y me incorpore en un árbol cercano—. Oh, venga, ven con papi...

Trague saliva y lo divise al otro extremo, dando vueltas en círculos y intenté regular mi respiración agitada, no podía permitir que la contaminación me arrebatase la consciencia y ponerme a su mecer.

Esos monstruos de la Guardia te han encerrado, ¿cierto? —preguntó, notando mi presencia—. Y, pobre de ti, has escapado... ¿es por eso que te están buscando también, no es así?

Volví a tragar saliva y me limité a huir en silencio, escabullendo en cuclillas entre los robustos arbustos hacia otro árbol, pero cuando me incorporé y eche un vistazo, había desaparecido de mi campo de visión.

Gracias a mi despiste, emergió detrás de mi y me encarcelo retorciendo mis muñecas detrás de la espalda y sellando mi boca con otra mano, la cual apestaba a cigarrillo.

¡No me toques! —intenté gritar, pero era inútil ya que mis palabras quedaban ahogadas en la palma de su mano—.
¡Suéltame!

No tienes ni idea de lo que se siente al esperar tantos meses para cazarte y que aquí estés por fin. —se acerco a mi cabello y esnifo mi olor, haciendo que me estremeciese de asco—. Si eres tan bonita estando contaminada, me excita solo pensar en cuando te hayas transformado.

Los efectos del maana oscuro corriendo por mis venas volvieron a tomar el control y de mi garganta broto un sonido desgarrador cargado de rabia y mordí sin escrúpulos su mano, provocando una herida grave.

El hombre se separo de mi con un grito de dolor y me maldijo en bajo.

— No pongas tus sucias manos sobre mi. —murmuré con ojos salvajes—. Puto cerdo.

Estúpida Faelienne [ELDARYA] Donde viven las historias. Descúbrelo ahora