Capítulo 8

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-¡Kanpai! -gritamos al unísono chocando nuestras copas-. ¡Salud!

El ruido es intenso, música latina, risotadas y copas. Estamos en Tokio Paradise, mi salsoteca favorita, un local con mucho flúor, mesas bajas y copas decorativas. Estoy junto a mis amigos latinos que encienden con agua cada vez que hay farra. Somos seis latinoamericanos, un par de japoneses y Oliver, el único europeo infiltrado. ¡Me encanta este ambiente!

-¿Y? ¿Quién se anima? -grita Eduardo al levantarse, un colombiano con sonrisa preciosa.

-¡Yo! -le responde Maki, la estilosa nikkei argentina japonesa.

-¡Y después yo! -agrega Andrea, una peruana que conocí el año pasado aquí mismo.

Los sigo con la mirada, cómo bajan a la pista de baile y se lucen como siempre, y es que en salsa nadie les gana. Se mueven con soltura y sensualidad, son expresivos en sus caras, se nota que la pasan bien.

Bebo de mi cerveza y aprovecho de ponerme al día con mis otros amigos latinos. En pocos minutos ya estoy al tanto de quienes siguen desmotivados en sus trabajos, quienes no pueden estar más felices en Tokio o qué pasó con aquellos que no pudieron venir. La risa me nace del estómago, con ellos todo es fácil, relajado, cariñoso. Sin embargo estoy muy atenta al estado de Oliver, quien no entiende casi nada de español.

-¿Estás bien? -le pregunto en inglés.

-Sí, estoy acostumbrado. Cuando llegue Eri tendré compañía.

Lo desafío con la mirada.

-Ya te lo dije, con Eri no.

-Ay, qué pesada -y se ríe-. Has hablado tanto de ella que es imposible no querer conocerla.

-Cuidadito -lo amenazo.

-¿Qué? ¿No te escucho? -y vuelve a reír.

Idiota, me río para mis adentros.

-Eri no es como la chicas que normalmente te gustan.

-Lo dices como si fuese un peligro público -y bebe de su cerveza.

-¡Entonces explícame qué haces aquí! -le hago una mueca hacia su cabello colorín y camisa floreada hawaiana-. Aún no entiendo tu disfraz de latino.

-¡Pero si en Dexter todos llevan de estas camisas!

-Ya, pero eso es Miami -suspiro-. Te esfuerzas demasiado.

-¿Todo cuenta, no? En una de esas tengo suerte.

-¿Suerte? -río a carcajadas-. ¿Te das cuenta que estamos en una salsoteca? -levanta una ceja sin entender-. Oliver, a todas estas mujeres sólo les interesa que despiertes pasión con tu baile. Ni verán tu camisa si sabes mover las caderas. Recuerda, poder latino.

-Poder latino -repite concentrado en las chicas de la pista de baile.

-Muy bien -y me paro-, mucha charla y poca acción. ¡Necesito bailar! ¡Nos vemos!

Y bajo a la pista de baile.

No sé cuánto tiempo estoy bailando, hay tanta gente que es fácil encontrar parejas. Bailo salsa y bachata con japoneses, algunos latinos y otros extranjeros que ni idea de dónde son. Varios intentan charlar o pedirme el número, pero me hago pasar por turista, como siempre. ¡Simplemente quiero pasarla bien y olvidarme de todo! Pasitos y cadera, más pasitos y cadera. ¡Vuelta!

-Una piña colada por favor -le pido al barman cuando finalmente decido descansar.

Estoy brillosa y llena de energía, aunque esté en la barra no puedo dejar de bailar Imitadora de Romeo Santos.

Y te encontré en Tokio¡Lee esta historia GRATIS!