Venganza.

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Sus claros, pero rojisos ojos azules hinchados por el llanto seguían en mi, su expresión reflejaba aún esa desgarradora tristeza, pero había algo diferente... odio, habia una ira en su mirar, no era dirigida a mi, sabía que tenía que ver con el coraje que sentía hacia los zombies por la muerte de su madre.

Antes de que alguno de los dos pudieramos pronuncia cualquier otra palabra, mi corazon dio un vuelco cuando oí pasos y sonidos de arrastre justo del otro lado de la puerta de la habitación, no pude contener una expresión de horror ante aquel sonido, pero ella... no hizo más que mirar de reojo la puerta y cerrar sus ojos con fuerza acallando la furia en su interior.

Ni siquiera le pedí que mantuviera silencio, pues sabía que ella no haría ni un ruido. Lentamente y con cuidado abrí la puerta, no tuve que abrirla ni diez centimetros cuando ví la espalda de un infectado caminando mientras arrastraba una pierna, pasaba de largo la puerta caminando por el pasillo en busqueda de una presa.

Mire la habitación en busqueda de mi lanza, la encontre junto a la cama donde Albert y Sebastian dormían, antes de dar un paso hacia ella, pero repentinamente la rubía se levanto, estatica, sin moverse y mirando hacia el suelo, la observe más detalladamente y pude notar que en su mano derecha sostenía una de sus navajas y que todo su cuerpo temblaba salvajemente, incluso pude escuchar las otras armas que llevaba consigo tintineaban debido a su movimiento... honestamente, me dió miedo verla así.

-¿Rubia...?.

Ante mi llamado ella me observó, una mirada escalofriante emitida por esos claros ojos azules me recorrió la medula infundiendome terror, decir que lucía molesta sería estupido, estaba hirviendo en ira y ese mirar era la unica prueba de ello. Con un rapido movimiento se dió la vuelta encarando la puerta, casí arrancó la perilla cuando haló de ella, la puerta se abrió tanto que golpeó la pared, ella sin una pizca de duda atravesó el humbral hacía el pasillo en busqueda del infectado.

-¿Que haces? -susurré desesperado, pero el monstruo ya había escuchado el golpe de la puerta a lo que respondió con un gruñido encarando a la "presa" que se le acercaba amenazante.

Salí de la habitación para intentar detener a la chica o en otro caso ayudarle. Una vez afuera ya la chica se encontraba a medio camino de su destino, intenté sacar mi arma como ultima opción para ayudarle, pero antes de que pudiera al menos llevar mi mano a la cintura, ella ya había ejecutado su acción. Rebovinando: Ella se acercaba con pasos decididos al infectado, la bestía al ver como la presa se acercaba, torpemente se dió la vuelta para dar la primera mordida acompañada de un estridente gruñido, pero la chica al tenerlo tan cerca empuñó con fuerza su navaja y sin darle al infectado la oportunidad de atacar ella con una velocidad y fuerza impresionante clavó por completo la cuchilla del arma en el costado izquierdo del craneo del infectado.

Mis ojos no daban credito a lo que veían, la cantidad de sangre que emanaba de la sien del infectado era desproporcional manchando de escarlata el antebrazo de la rubía, pero eso no era lo más asqueroso, lo peor era que la bestia seguia moviendose, aún de pie y con movimientos lentos estiraba sus brazos para alcanzar a la chica, pero el afilado trozo de metal en su putrefacto cerebro le impedía realizar movimientos precisos, no podía ver los ojos de la chica, pero al ver su postura tan casual pero amenazante podía deducir que su mirada estaba vacía y enfurecida, al notar que su victima seguía en movimiento, la chica decidió ponerle fin a la criatura rotando la navaja dentro de la cabeza destruyendo y desgarrando todo lo que hubiera dentro finalizando todos los intentos del infectado para hacer lo que sea.

Toda la escena me provocó constantes arcadas y una sensación de calor en mi interior junto con el frio de mi piel sudorosa dando como resultado un inminente colapso en todo mi cuerpo amenazando con que mis piernas me fallaran en algún momento, pero a pesar de las extremas reacciones de mi cuerpo, mi mente no respondía de la misma manera, de hecho, no respondía para nada, estaba en blanco, como si estuviera soñando de nuevo, pero era real y era consciente de eso. Su repentino frenezee de locura asesina me dejo embobado, la ira revosaba de ella como una flama incontrolable que se expandia y quemaba todo lo que estuviera cerca.

Zombienezuela. ¡Lee esta historia GRATIS!