IX.- La tormenta (I)

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28 de septiembre

En el puerto cercano a la mansión Joestar, todo parecía gris. Las casas de piedra, el camino adoquinado, el cielo cubierto de nubes y hasta el mar que lamía los muelles compartían aquel color, como en un dibujo a carboncillo. El pueblecito de muros enmohecidos era el lugar donde Jonathan asistía a la escuela, y también donde se reunía con sus amigos después de las clases.

Esa tarde estaban todos juntos bajo un soportal, fumando en pipa y jugando a las cartas mientras comentaban los sucesos del día.

—¿Y cómo se supone que vamos a terminar todo lo que el señor Bonham nos ha pedido para la semana que viene? Con esta lluvia no nos dejarán llevarnos los libros de la biblioteca a casa —se quejaba Samuel.

—Podéis venir a la mía —se ofreció Jonathan—. Seguro que en la biblioteca de mi padre está todo.

—Es verdad —añadió John—, podemos intentarlo.

—Los maestros nos tratan como si fuéramos esclavos —siguió diciendo Samuel con rebeldía. Era su turno de fumar. Dio una fuerte calada a la pipa y observó su mano de cartas con gesto apático—. Paso.

Jonathan reprimió una sonrisa. La partida ya era suya.

—Si queréis prosperar en el futuro, tenéis que aplicaros ahora —comentó Lucas con su habitual tranquilidad, siguiendo el hilo de la conversación—. Ya solo os queda un último esfuerzo, después de este año podréis escoger vuestras carreras.

El mayor de los amigos permanecía apoyado en la pared, contemplando el juego sin participar en él. Lucas ya estaba finalizando sus estudios en la Hugh Hudson Academy y pronto sería un graduado.

—Bueno, a mí aún me queda un año más —aclaró Tommy.

—Venga, Tom, no te distraigas que te toca.

El chico volvió la atención a las cartas.

—Voy, voy. Te estás tomando el juego muy en serio hoy, Jojo.

Era verdad. Jonathan estaba emocionado. Había bastante dinero apostado en aquella partida y si ganaba, tendría suficiente para comprar el libro que había visto en la tienda del señor Morris. De lo contrario, se vería obligado a esperar otro mes, y la impaciencia le estaba matando.

—Nada, paso —resolvió Tommy, dejando sus cartas con expresión de abatimiento tras estudiarlas exhaustivamente.

Después se levantó y se sentó en el suelo junto a Lucas, que permanecía de pie. Siempre era muy pulcro con su ropa y no le gustaba manchársela de polvo dejándose caer en cualquier parte.

—Ya solo quedamos tú y yo, Joestar —dijo John con una sonrisa torcida.

—¿Vas? —preguntó Jojo sin poder disimular su excitación.

Durante unos segundos, John se lo pensó. Finalmente, chasqueando la lengua, soltó las cartas.

—Bah, no tenía nada.

—¡Bien! —exclamó Jonathan con alegría—. Si te sirve de consuelo, yo sí tenía —añadió rápidamente—. Mira, un póker de reinas.

—¡Hala, Jojo! —Tommy parecía impresionado—. ¡Qué mano más buena! Habrías ganado de todos modos.

—Hoy la suerte está de tu parte —sonrió Lucas.

Jonathan asintió, recogiendo sus ganancias con una vibrante sensación de triunfo y gratitud en el corazón. Cuando hubo terminado, se despidió de sus amigos prometiendo volver en un rato y se encaminó a la librería, tan agitado como un crío la noche de Navidad.

El fuego y la tormenta¡Lee esta historia GRATIS!