Capítulo 28

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Al llegar a la Universidad pensé que nadie me observaría, o si lo hacían sería de manera despectiva a causa de mi falta de "color" en el cabello; pero acabó siendo todo lo contrario. Me molestó tanto que mis cejas y pestañas no tuvieran color que Edmund acabó comprándome en una farmacia un lápiz delineador y una mascara para pestañas de color marrón. Creo que a él tampoco le debe agradar demasiado... ¡Genial! Porqué no tuve que rogar para obtener lo que quería. Lo único que no pude obtener es una tintura para cabello a causa de la falta de tiempo, por ello tuve que ir luciendo mi pálida melena.

No sé si obtuve el puesto de asistente de la bibliotecaria por mi coeficiente intelectual, o por mí aspecto físico. No quise oír los pensamientos del decano de la Universidad por temor a ofenderte, ya que su mirada podía decirlo todo; tampoco quería ofenderme, porque de esa forma no habría querido trabajar en la Universidad y yo realmente necesito trabajar... trabajar cerca de Edmund.

Él no dejó de sujetar mi mano hasta el momento en que tuve que entrar a la oficina del decano y él asistir a su primer clase, pero fue el tiempo suficiente como para ver y oír lo suficiente. Estoy convencida de que sí o sí debo estar aquí con él. Talvez no nos veamos hasta que sea el momento de volver a casa o él necesite buscar algo en la biblioteca, pero basta para que yo pueda quedarme tranquila...

Edmund jamás fue un chico agradable y su rostro lo delata completamente. No puedo creer que la mayoría de las chicas que nos cruzamos al entrar en el edificio, llegaron a imaginar que él realmente pudo alguna ves pensar en fijarse en ellas. Obviamente no les agradó nada verme a mí junto a él tomando su mano, y el que se atrevieran a burlarse de mí lo hizo enfurecer; nadie dijo nada en voz alta, pero con él no hace falta que lo hagan.

Cuando el decano me presentó con la bibliotecaria, por un instante llegué a pensar que esa mujer me comería. Es una mujer mayor, pero desafortunadamente no es como esas tiernas ancianas que parecen hechas de amor y caramelo; esta parecía estar hecha de pura amargura, impaciencia y odio. No le caí muy bien a la primera, y lo sé porque pude oír perfectamente cómo criticaba mi aspecto físico; pero luego de unos días se dio cuenta lo agradable, eficiente e inteligente que soy, y comenzó a tomarme cariño.

En tan solo una semana llegué a sentirme completamente feliz de trabajar allí, no solamente por la tranquilidad de trabajar en un lugar silencioso y pacífico rodeada de lo que más amo en el mundo, sino también porque puedo ver de ves en cuando a la persona que más amo en el mundo. Edmund va constantemente a la biblioteca para retirar unos libros que "necesita" para sus clases, y yo lo conduzco al sector en donde se encuentran; a veces es cierto, y otra veces no...

- Realmente no me agrada que trabajes allí, Coraline. -gruñó molesto cuando llegamos a casa, mientras se sentaba sobre el sofá para estudiar antes de ir a dormir porque un hombre muy bien parecido de postura muy resta, cabello oscuro, ojos celestes, vestimenta perfecta y lentes gruesos, me observaba bastante y se atrevió a obsequiarme una agradable sonrisa en la biblioteca.

- Sí tuviera que preocuparme por ti como tú lo haces por mí, tampoco querría que continuaras estudiando en este lugar. Pero sé quién eres, y no me preocupo en lo más mínimo. -respondí un tanto disgustada con él por eso, y entré a nuestra habitación a quitarme la ropa porque es el único conjunto que tengo. No quiero ensuciarlo.

- Mi problema no es que no confíe en ti. - gritó desde el living para que yo pudiera oírlo.- Mi problema es con ese profesor idiota que se cree capaz de sonreírte simplemente porque las estúpidas de sus alumnas lo ponen sobre un pedestal a causa de su atractivo. El primer día que lo vi sin siquiera averiguar nada, literalmente llegué a pensar que era gay o metrosexual. Sus pómulos no son naturales...

Salí se la habitación solamente usando una se sus camisas, y me apoyé sobre el marco de la puerta de la habitación que queda en diagonal al living cruzada de brazos para observarlo detenidamente durante un par de minutos.

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