Capítulo 4 / Entonces procedamos

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Y así fue como Alfonso tuvo la oportunidad de volver a la vida, aquel vasto y turbio mundo conocido como la Tierra, en la que el hombre reina y los demás le siguen, sin importar las consecuencias.

En este momento, estaba a punto de ser trasladado a esa vida dentro de aquellas complejas instalaciones que conformaban el Salón de las Conversiones, un lugar que más bien parecía un laboratorio gigante, puesto que allí se hacían diversas pruebas de todo tipo. El típico lugar para probar de todo, teniendo como conejillo de indias a almas de todo tipo, incluyendo almas enviadas al infierno.

Ya dentro de aquel complejo lugar, Alfonso era llevado por dos almas de apariencia adolescente, unos años menos que él, a una especie de cámara congeladora, donde tendría que estar dentro para que el traslado sea efectivo. Pero antes de meterse allí, le fueron dando información sobre aquel cuerpo al cual iba a estar. Datos que referían a aquella joven mujer llamada Ania, una chica con un grave problema del corazón, mismo que le valió una muerte temporal. Momento que se aprovecharía para traer de vuelta a la chica, pero esta vez con Alfonso liderando aquel cuerpo femenino.

Honestamente, a Alfonso no le estaba gustando nada la idea de volver a la vida siendo una mujer. De hecho, no tenía ni la menor idea de cómo comportarse como una. Aunque aquello no debería suponerle un problema, pues acabaría aprendiendo.. Después de todo, su memoria actual iría a ser borrada, ¿no es así? Para después, rellenar la misma con ideologías propias del cuerpo aquel que iría a ocupar, y eso incluía, desde luego, saberse comportar como una mujer. Siendo así la cosa, entonces, ¿de qué más tendría que preocuparse?

El caso está en que, pese al disgusto que sentía en este momento, Alfonso escuchaba cada palabra de lo que aquellos dos jóvenes le iban diciendo:

— Y es así como volverás a la vida— decía la joven chica.

— Sí, como decía Luz María— decía el joven chico—, regresarás a la vida, pero teniendo en cuenta de que estarás con un problema en el corazón.

— Sí, así es. Mismo que es operable.

— Sí, pero sólo por esta vez, porque para la siguiente...

— ¿Para la siguiente qué?— preguntó Alfonso.

Los jóvenes se quedaron callados por un momento, hasta que Luz María dijo:

— No lo sabemos. Quizás las probabilidades de supervivencia se vuelvan nulas.

— Por lo que, si quieres vivir por un largo tiempo, tendrás que cuidarte mucho, seguir tu tratamiento y no dejar de acudir con el doctor. Porque si mueres otra vez, ya no tendrás otra oportunidad de volver.

— Eso ya me quedó bastante claro— dijo Alfonso, sin sorprenderse en absoluto por aquella afirmación tan repetidamente trillada—. ¿Y qué hay del alma que estaba alojada en ese cuerpo?— preguntaba Alfonso.

— Desertó de él—contestó Juan Carlos.

— ¿Ah sí?

— Simplemente así.

— Mmm, ya veo—dijo Alfonso—. Pues entonces a darle.

— No tan rápido— dijo Luz María—. Falta una cosa.

— ¿Qué cosa?

— Falta que te demos esto— decía Luz María, a la vez que le iba acercando a Alfonso un vaso, el cual contenía jugo de un color morado.

— ¿Y eso para qué? —preguntó Alfonso.

— Esto borrará de tajo todos y cada uno de tus recuerdos.

La pasión de Ania (Versión Corta)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora