Capítulo 24 (2a Parte)

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Tomé todo lo que pensé que podría necesitar, y me encerré con llave en el cierto de baño de mí habitación.

No tengo bisturí o pinzas de medicina, por lo que tuve que escoger un pequeño pero bastante afilado cuchillo de la cocina para deshuesar pollo, una pequeña pinza de depilar, y otra diferente que encontré guardada en una caja de metal que seguramente fue de la madre de Zack, debido a que contenía muchas cosas de costura, creo que es para manejar hilos en máquinas. En fin; además de todo eso, también junté muchas toallas, espejos de bolsillo, algodón y alcohol para desinfectar todo. Estoy tan nerviosa que cuando quise poner alcohol en el algodón para frotar mí cuello, estúpidamente tiré bastante sobre el lavamanos.

Antes que nada creo que lo mejor para mí es mojarme el rostro y tomar un pequeño tiempo para meditar bien en lo que estoy haciendo, y cómo lo haré.

- Esto es por Edmund, y por todos los demás. - me dije a mí misma para convencerme, mirando mi propio reflejo frente al espejo.- Tú has sobrevivido a muchas cosas más, Coraline. Puedes hacerlo, y lo harás.

Sí, lo haré.

Me quité la camisa, quedando solamente con la camiseta básica, y luego tomé el cuchillo. Respiré profundamente una ves, dos veces, y a la tercera me obligué a mí misma a desactivar mi estado Transire para así poder hacer un largo pero fino corte desde arriba hacia abajo por mi garganta, y con mucho cuidado. El dolor era incomparable, pero yo me esforzaba por mantener la calma, no perder la compostura ni esforzarme demasiado en respirar; intentaba auto convencerme de haber soportado cosas peores, y eso me ayudaba un poco.

La sangre se deslizaba por mí cuello y el tener que abrir la herida con la pinza para hilos era una desagradable tortura que debía hacerse con mucho cuidado. Con una mano mantenía un pequeño espejo en alto que me ayudaba a ver lo que estaba haciendo a través de él y el espejo más grande que se encontraba ante él lavadero, y con la otra mano hacía que las pinzas hicieran el trabajo más desagradable. Lágrimas se deslizaban por mis mejillas, pero no puedo apresurarse con esto. Tengo tanto miedo que por un momento mi vista se volvió completamente borrosa, y tuve que obligarme a detener la "operación" porque no puedo hacerlo a ciegas.

No siento mis piernas, y aún así me mantengo de pie. Siento que me voy a sofocar debido al no poder respirar normalmente a causa del dolor, y aún así no pienso detenerme.

Una ves que mí vista logró recuperarse, me esforcé aún más por abrir el espacio entre las venas, los músculos y tendones de mí cuello con la ayuda de las pinzas y el cuchillo, y finalmente pude encontrar lo que estaba buscando. Un minúsculo botón negro estaba aferrado a la arteria carótida común izquierda, y allí fue cuando me puse aún más nerviosa debido a que de alguna forma necesitaba encontrar una manera de retirar aquel botón sin dañar la arteria. Una pequeña cantidad de sangre se deslizaba a través de mí, y el sólo pensar de que podría llegar a dañar una arteria que hará que esa leve cantidad de sangre se transforme en un manantial rojo a través de mí, me daba náuseas.

Con mucho cuidado, ayudándome con las dos pinzas está ves, procuré hacer movimientos muy seguros con pulso perfecto y estaba a punto de retirar el pequeño botón, hasta que...

- ¿Coraline, donde estás? -oí la seria y exigente voz de Zack que provenía de la panta baja, lo cual me sobresalto de tal forma que me hizo cometer el grave error de pellizcar la arteria con una de las pinzas. El dolor fue tan grande que quise gemir de dolor, pero no salía sonido de mí. Rápidamente quité el maldito botón de una ves por todas y una ves que estuvo fuera, intenté hacer presión con mi mano sobre la herida de mi cuello con la intención de retener el sangrado, a pesar de que era completamente imposible.

En tan sólo cuestión de segundos perdí la estabilidad y caí al suelo totalmente débil. El charco de sangre cada ves se extendía más y más a mí alrededor; pero aún así yo luchaba con todas mis fuerzas por mantener la conciencia y activar nuevamente mi estado transire. Por un momento pensé que no lo lograría, pues cada segundo me volvía más débil, hasta que Zack apareció ante mí en el cuarto de baño.

Al verme allí, agonizando, su rostro reflejo total preocupación y espanto a la ves. Se tiró de rodillas frente a mí y tomó mi rostro entre sus manos con fuerza, lo cual sí hizo que mi estado Transire se activará nuevamente ya que rápidamente pude sentir que la herida se cerraba y la sangre dejaba de fluir.

- Demonios, Coraline. ¡¿Estás demente?! Maldita seas...

- N... no... v...vo...vi...voy... a mo...rir, a...aquí. -intenté decir, porque a causa de la gran cantidad de sangre que perdí mis fuerzas no son las mismas.- Jo..Jod..ete, Zzza...sshhh...k.

Me esforcé por junta las pocas fuerzas que aún me quedan y logré absorber algo se su energía vital, junto con sus poderes. Me fui al primer lugar que vino a mi mente, y en un abrir y cerrar de ojos ya no me encontraba en esa maldito cuarto de baño junto con ese maldito idiota. Para ser sincera, no tengo ni la más jodido idea de donde estoy; solamente sé que cuerpo está empapado de sangre, la cual la lluvia torrencial que cae sobre mí está intentando borrar.

Hay una puerta ante mí y me gustaría poder ponerme de pie y tocar para pedir auxilio, pero al tele transportarme tuve que utilizar casi toda la poca energía que me quedaba. Intenté arrastrarse hasta finalmente poder llegar, y con mis uñas alcancé a rasguñar un poco la puerta. Seguramente nadie en el interior podrá escucharme, debido a la tormenta que hay en el exterior. El más mínimo movimiento de mis dedos es como un martirio, y poco a poco mis ojos se van cerrando.

Milagrosamente la puerta se abrió ante mí, revelando un cuerpo borroso iluminado por la luz del interior de su hogar. Creí poder oír su voz, pero para eso ya era demasiado tarde. Perdí la conciencia completamente, todo se volvió blanco, y ya no recuerdo nada más...

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