Capítulo 1

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—¿De qué se trata?—preguntó Josh, unos de mis compañeros de oficina. Ambos trabajamos en el periódico de N.Y

Giré mi silla, intentando bloquear, en un intento tardío, la imagen del monitor que tenía detrás, donde estaba bosquejando mi futuro proyecto.

—Es un esbozo de mi siguiente noticia —comenté, restándole importancia.

Josh es un metiche, y además es de las personas a las cuales les interesa dar conversación a personas que intentan evitarla.

—¿Hablarás de pasteles de bodas, invitaciones de baby showers o de 50 Sombras?—Sonreí internamente. La última observación era ingeniosa. Solo por eso, me conmoví de él y le di un pequeño adelanto de lo que haría.

Josh, que estaba de pie recargado sobre el escritorio contrario, se acercó un poco más, en actitud confidente.

—En realidad, estoy buscando romper con "ciertos" clichés del romance.

—Con semejante título, jamás lo hubiera adivinado.

—Es a priori, fundamentalmente una cuestión de marketing. Se atrapan más moscas con miel, que con hiel—
declaré y él asintió—. Además, es necesario, para romper un cliché, adentrarnos primero en el, explicar de qué se trata. ¿Y qué mejor que con un título acorde y una pequeña introducción sobre lo que se considera cliché romántico hoy en día?

Josh sonrió con plenitud.

—Me parece perfecto—Dio su aprobación como si yo la necesitara—. Aunque deberías acompañar tus argumentos con pruebas que no sean tan "abstractas". Para darle un carácter más contundente a la noticia.

Entorné mis ojos, interesada.

—¿Te refieres a hacer trabajo de campo?—indagué. Una idea se abría paso en mi mente.

—Si quieres llamarlo así...

—Tal vez lo haga. De hecho...—Giré nuevamente, dándole la espalda y abrí el navegador, buscando una página de citas.

—No estoy seguro de que hayas entendido la consigna—dijo, demasiado cerca de mi oído. ¡El muy cabrón se había pegado a mí y espiaba por encima de mi hombro!—.Me refería a que salieras a recopilar testimonios que expresen directamente lo que la gente común opina respecto al tema, desde su propia experiencia. No solo que brindaras opiniones de críticos, o tus propias concepciones al respecto.

—Lo entendí mejor de lo que crees—señalé—. Pero le di una nueva perspectiva. Sí el trabajo de campo requiere que el investigador se involucre a otro nivel, lo haré en ley. Hablaré con conocimiento de causa, basándome en mis propias experiencias.

—Tú no tienes experiencias románticas—repuso él. Odiaba que me conociera tan bien.

—Las tendré. Yo misma voy a asistir a citas con diversos candidatos; algunos que encajen en el prototipo de "hombre cliché" y otros que sean la antítesis—expliqué—. Intentaré demostrar que también se puede mantener una relación próspera con sujetos que se adecuen a lo que llamo: mi lista de "tres NO", y que no siempre se logra con hombres que cumplen un absurdo ideal de perfección-lo miré de reojo para estudiar su reacción. Él tenía cara de Póker. Parecía más concentrado en la pantalla que en mis palabras.

—¿Qué es la lista de "tres no"?

—Es una lista que construí, basada en los estereotipos actuales; propulsados principalmente por autores de novela romántica, sobre los atributos esenciales que debe tener un hombre ideal. Pero le añadí un adverbio de negación porque, a mi criterio, esas cualidades son ilógicas y ridículas...

—Ya suelta la lista de una vez— apremió él.

Yo giré mis ojos. Su practicidad me abrumaba.

—NO debe ser un Adonis. NO debe ser súper millonario. NO debe estar muriendo de una enfermedad terminal—Enumeré, con los dedos.

—Este parece un prototipo adecuado de anticliché—dijo entonces, señalando en la página de citas, el perfil de un hombre de avanzada edad.

—Dije que NO fuera un Adonis, no que debía verse como mi abuelo— rezongué—. Además, ¿leíste la información de perfil? Dice que busca "una dama dedicada, afable, cordial, buena anfitriona, con cualidades gastronómicas, que guste del cuidado de los niños y el hogar..." ¿O sea, busca pareja o personal doméstico? No creo que nadie encuentre allí la felicidad.

Josh resopló.

—No seas prejuiciosa linda. Además, podrías explorar tu lado hogareño y maternal. El hombre es padre.

—Creo que cuando dice "niños" se refiere a los nietos, y a él mismo. Hasta debe usar pañales —Cerré el perfil—. Buscaré otro. Y prescindiré de tu consejo, por ahora. Así que puedes volver a hacer tu propio trabajo. ¿Sí tienes uno, verdad?—dije en tono insidioso.

—Pues, luego me cuentas qué tal tu experiencia y a qué conclusiones llegas.

—Tendrás que esperarte a leerla.

—Tendrás que esperarte a leerla

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Dedicada a TifaSteph

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