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El timbre no ha parado de sonar desde que Dylan y yo hemos llegado de nuestra escapada a la cafetería esta tarde.

Bajo las escaleras rápidamente y entro en el salón. Localizo a mi madre que se mueve entre los invitados ofreciendo copas de champán. Solo a ella se le podía ocurrir celebrar una "reunión familiar" tan espontanea, por lo visto, Will se ha encargado de que todos nuestros conocidos acudan a esta reunión.

Dylan ha subido directo a su habitación y se ha encerrado en ella para cambiarse. Arreglo mi vestido y agarro una de las copas de champán de la bandeja. Will está al fondo de la sala junto a Rachel y otros invitados.

Mat llega a mi lado y me arrebata la copa de la mano. Detiene su mirada en mí y se la bebe entera.

─Gracias ─ruedo los ojos y le miro cabreada.

─La necesito.

─¿Todo bien con Cooper?

─Aún es pronto para decirlo.

Mamá se acerca a nosotros y nos coge a ambos del brazo para acercarnos a donde se encuentran Will y Rebeca. Delante de ella hay un carrito. Me asomo y observo al lindo bebé que se encuentra dentro.

-Se llama Zoe.

Le pido permiso y cojo a Zoe en brazos. Juego un rato con ella mientras mamá termina de saludar al resto de los invitados. Mis abuelos entran en el salón y me buscan entre la multitud. Dejo a Zoe en su carrito y corro a abrazar a mi abuela.

-Os echaba de menos. ¿Dónde os habíais metido?

-Tu abuelo y yo hicimos una escapadita a Londres. Debes ir, está genial -sonríe mi abuela sacando un souvenir del bolso.

Mamá señala el sofá pero mi abuela se niega a sentarse.

-No me trates como si fuera una anciana. Te recuerdo que aún puedo moverme.

Para demostrárselo mi abuela empieza a hacer pasos de baile exagerados llamando la atención de todos. Mi madre insiste y consigue convencer a mi abuela para que se siente y la acompaña al sofá. Will les sigue todo el rato pero se detiene a hablar con sus amigos.

Ahora solo quedamos mi abuelo y yo. Se acerca a mí y me envuelve entre sus brazos. Acaricia mi pelo y me mira.

─Has tomado una gran decisión.

Me aparto un poco y le miro extrañada.

─¿A qué te refieres?

─Tu madre nos lo ha contado. Sabía que llegarías alto ─besa mi frente y su bigote roza mi piel─. Estoy muy orgulloso de ti y estoy seguro de que si tu padre estuviera aquí también lo estaría.

─¿Pero de que estás hablando abuelo?

─De Nueva York.

Me quedo paralizada y mi mirada se dirige automáticamente a mi madre. No muestra ningún signo de cabreo y si le hubiera molestado al descubrirlo me lo habría dicho. ¿Me dejara ir ahora que lo sabe?

─¿Te ha dicho algo más?

─No.

Dylan aparece en el salón y me fijo en cómo va vestido. Lleva un traje negro y una pajarita azul que resalta sus ojos. Está tan guapo.

Siento como las piernas me tiemblan y si no fuera por mi abuelo ya estaría en el suelo. Dylan se dirige directamente hacia nosotros. Saluda a mi abuelo y estrecha su mano.

Nuestras miradas se cruzan por un segundo y suspiro cuando tiende su mano. Tardo un poco en reaccionar pero poso mi mano sobre la suya.

¿Está bien que actuemos así delante de nuestros padres?

No hay ningún lazo de sangre que nos una y nos impida estar juntos, pero no sabemos cómo van a reaccionar ellos y eso es lo que más miedo me da.

-¿Podría robársela un momento?

Miro a mi abuelo esperando su aprobación. Él asiente y me suelta. Besa mi mejilla antes de marcharse con mi abuela y mi madre.

Dylan mira para todos lados antes de arrastrarme al exterior de la casa. En el camino cruzo mi mirada con la de Gemma. Está en la cocina junto a John. ¿Qué hace él aquí?

-¿Ha venido tu madre?

Dylan se para en seco y se asoma a la cocina. Pasa rápidamente y coge del brazo a su madre. Cuando ve su expresión la suelta rápidamente y se disculpa.

─¿Qué haces aquí?

─Margaret me ha invitado y no he querido rechazar su oferta.

─Aún no estás bien.

Gemma entorna los ojos e intenta descifrar porque su hijo está actuando así.

─Dylan, cariño, estoy bien.

─¿Segura?

─Segura.

Sé que Dylan está preocupado por lo que pueda pasar con Will. Creo que Gemma ya ha pasado página y no necesita alejarse de él, ni tampoco necesita que Dylan se separe de su padre.

Por la conversación que tuvimos ayer sé que Gemma no le guarda ningún rencor a Will. Ella se alegra por él pero Dylan no parece entenderlo aún.

─¿Por qué ha venido él?

Dylan señala a John. Por primera vez desde que hemos entrado levanta la mirada de su copa y observa a Dylan.

─Es mi amigo.

─¿Un amigo? ─Dylan aprieta los labios y se piensa bien sus palabras antes de decir nada que pueda ofender a su madre─. No me engañes, le he visto besarte.

John va a hablar pero Gemma le detiene y mira a su hijo.

─Diviértete y deja de estar tan pendiente de mí ─besa la mejilla de su hijo y sale acompañada por John de la cocina.

Dylan agarra mi mano y salimos de la cocina en dirección al trastero. Empuja mi cuerpo contra la pared y presiona sus labios ferozmente sobre mi cuello. Un escalofrió recorre todo mi cuerpo y me estremezco ante su tacto. Rodeo su cintura con mis piernas y devoro sus labios. Entierro mis manos en su pelo y acepto lo que tiene para mí.

─¿Quieres...?

Dylan posa su dedo sobre mis labios y calla mis palabras con sus besos.

-Eso puede esperar -sonríe maliciosamente y me atrapa aún más contra la pared.

Aunque me cueste admitirlo voy a echar de menos a Dylan. Sinceramente en un momento de locura llegué a pensar en quedarme aquí y no ir a la universidad pero no estoy dispuesta a hacer eso.

-Déjame respirar unos segundos-me separo un poco.

Él ríe y mantiene sus manos sobre mi cintura. Rodeo su cuello con mis brazos y le atraigo de nuevo hacia mí. El pasillo está en completo silencio y eso nos tranquiliza ya que indica que no hay nadie por esta zona de la casa. Su respiración provoca leves cosquillas sobre mi piel.

-Me gustaría que el año que viene te vinieras a vivir conmigo a Nueva York. No tienes porque decirme que sí ahora.

-Sí todo está bien con mi madre, me encantaría -suelta sin dudar un momento.

-¿Enserio?

Asiente y vuelve a juntar nuestros labios.

-¡Parad! -grita alguien en el pasillo-. ¿Qué demonios creéis que estáis haciendo?

Los dos abrimos los ojos y dirigimos nuestra mirada hacia donde proviene esa voz.

Nos han pillado.

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