Capítulo 3 / Negociando desde el Más Allá

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Un rato después...

Tras haber conversado lo suficiente con los Jueces, y habiéndolos convencido de que él merecía una segunda oportunidad en el umbral de la vida, Alfonso finalmente pasaría de ser una alma condenada a un alma con otro chance para vivir y así concluir lo que él consideraba era importante.

No obstante, los mismos Jueces no se la pusieron así de fácil, pues para ganarse ese derecho a vivir tenía que competir a muerte por ella. Una pelea contra otra alma, quien también deseaba lo mismo que Alfonso.

El escenario ahora era un enorme estadio estilo romano, parecido al del Coliseo Romano, con la excepción de que éste lucía completo y con una capacidad para albergar hasta unos millones de almas espectadoras. Era lo suficientemente enorme como para realizar hasta unas dieciséis batallas más y era posible verlas todas desde diferentes ángulos, ya que habían cámaras que filmaban en vivo todo lo que pasaba en cada una de dichas batallas. Las mismas podían durar tanto como se quisiera, el último en caer perdía por completo la batalla.

A Alfonso le parecía muy tonto tener que pelearse contra otro individuo con tal de ganarse su derecho a la vida. Pero era eso o de plano ser juzgado con todas las de la ley, sin posibilidades de vivir nuevamente, al menos por unos mil años. Los Jueces fueron muy claros con él en ese aspecto. Y a muchacho no le quedaba de otra que cumplir con ese requisito.

Vestido para la ocasión, y con las armas indicadas para pelear, en un espacio de aquella enorme arena, el duelo estaba a punto de comenzar. A continuación, salió al encuentro un locutor, anunciando la pelea.

— Lucharán a pocas y muchas caídas, y sin límite de tiempo. En esta esquina, oriundo de ciudad Malta, peso pluma y con una cara que espantaría hasta mi abuela, el único, el inigualable...— dirigiéndose hacia Alfonso—: ¿Cómo te llamas, chico?

— Alf...onso—dijo él, pero el locutor sólo captó las primeras tres letras de su nombre, para finalmente anunciarlo como Alf.

— ¡ALF, EL INDOMABLE!

— ¿Qué? —dijo Alfonso, sorprendido ante lo que estaba pasando.

— Y en esta otra esquina, peso pesado, fortachón y la adoración de unas y la envidia de otros, hasta el de la mía siento decirlo, presentando al único e irresistible ¡MARCUS PEÑA, EL ROMEO!

— Otra batalla a combatir, mucha suerte señores—. Acto seguido, el locutor se retira, para dar paso inmediato a la batalla.

— Y bueno, ¿cómo va esto, porque...? —. El primer golpe encestado provino de parte de El Romeo, quien se lo propina a Alfonso. Y éste se queda corto ante el golpazo recibido en su cara.

— Ah, con que esas tenemos, ¿eh? Pues a darle, te la voy a partir maricón—. Y rápidamente, Alfonso se dispone a darle golpe con la espada que tenía en las manos, pero El Romeo sacó otra espada y de volada le fue esquivando los espadazos que le iban dando. Hasta que éste último logró encajarle su espada a Alfonso, quien se queda inmóvil ante la situación. Y pese a lo brutal del golpe, no sintió ni dolor ni la sensación de que tener algo extrañado encajado al cuerpo.

No, no puede ser— dijo Alfonso, pensando para sí—. Se supone que yo debería ganar esta batalla, no morirme aquí desangrando y con una espada encajándome cuan pene en una vagina. Aunque... Espera, un momento, se supone que yo estoy muerto, el dolor provocado por la espada no me afecta en absoluto, ni mucho menos hace que me vuelva a morir otra vez. Así que, técnicamente no estoy muerto, sólo estoy aquí, con una espada encajándome donde normalmente irían mis vísceras. A estas alturas, aunque estoy desangrándome un poco, debería estar inconsciente, pero, no lo estoy, lo que quizás podría... Sí—. Y acto seguido le dijo a su oponente—. ¿Ese es tu golpe, chamaco? Pues chécate el mío —Y acto seguido, Alfonso le encajó por el cuello su espada. Salía la sangrita, pero eso tampoco mató al oponente, quien por cierto no había articulado palabra alguna desde que comenzó la batalla. Hasta ahora.

La pasión de Ania (Versión Corta)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora