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Seokjin observa fijamente a Yoongi que duerme junto a él. El menor se ve tan feliz que, incluso si algo en su interior le inquieta de sobremanera, sólo es capaz de enseñar una pequeña sonrisa antes de atreverse a acariciar con delicadeza sus cabellos. Yoongi se mueve entre sueños, buscando más calor, y suspira con satisfacción al acurrucarse contra el pecho de su novio. 

―Eres tan precioso ―Murmura el mayor, rodeándole con su brazo por un momento.

Los minutos pasan, con ellos en la misma posición, y es Seokjin quien termina por abandonar la cama para comenzar a vestirse. Se asegura de que el cuerpo de Yoongi esté bien cubierto con las mantas y sale de la habitación, caminando hasta el salón donde había dejado su mochila. Una sonrisa decora su rostro al ver a la mascota del menor acurrucada ahí, levantando su cabeza por un momento para comprobar a su visitante.

―Hey, Min Holly ―Le saluda, tomando asiento junto a él. ―He escuchado mucho de ti, espero que nos llevemos bien ―Acaricia su cabeza brevemente mientras el perro le mira. ―¿Debería traer a Jjanggu algún día? De seguro querrás verlo ―El perro ladra, como si fuera capaz de comprenderlo, Seokjin ríe antes de tomar su mochila.

Mordisquea su labio con nerviosismo, sacando nuevas vendas de uno de sus bolsillos. Su mirada se detiene por demasiado tiempo en sus brazos llenos de heridas y, mientras recuerda lo sucedido hace un momento, el deseo de arrancarse la piel sólo aumenta.

Dios, ya no, no había razón para que se castigara a sí mismo.

Sus ojos se llenan de lágrimas y niega con la cabeza para vendar sus brazos. Una amarga risita escapa de su boca al pensar en su madre, a sabiendas de que, si ésta tuviera una mínima idea de todo lo que hacía él con un hombre, probablemente preferiría verlo muerto antes de volver a dirigirle siquiera una mirada.

―Debo trabajar en esto... ―Murmura para sí mismo, apartando las pequeñas lágrimas, y fija su mirada en el pequeño perro una vez más. ―Hey, Holly, ¿la señora Min sigue tomando los mismos turnos de antes? Ella probablemente llegue pronto, ¿cierto? ―Sonríe, levantándose. ―Me pregunto si le molestará que haga la cena por ella esta vez

Para Seokjin, caminar por la cocina de los Min, se siente justamente como viajar en el tiempo. Las cosas siguen en el mismo lugar que en el pasado y las comisuras de sus labios duelen de tanto sonreír mientras su corazón late lleno de una emoción familiar. Le gusta ese lugar; sus colores, sus olores, su todo. La casa de los Min siempre se sintió más como un hogar que su propia casa y, ahora que está ahí de nuevo, se sorprende de haber soportado la lejanía por tanto tiempo.

La carne que se ha atrevido a sacar del refrigerador ahora huele deliciosa mientras termina de cocinarse y se pregunta si fue muy arriesgado de su parte actuar tan descaradamente. Revisa el resto de las ollas, asegurándose de que la comida no presente ningún inconveniente, y reúne todo el valor del mundo cuando llega la hora en que se escucha la puerta principal de casa abrirse. Los ladridos de Holly anuncian la llegada de la señora Min y Seokjin lava sus manos ansiosamente en el fregadero para luego girar hacia la entrada.

―Yoongi, ¿estás-? ―Comienza a decir la mujer, deteniéndose súbitamente al encontrarse al rubio ahí.

Seokjin hace una reverencia de inmediato, sin saber por dónde empezar. Hay mucho que quiere decir, mucho por lo que desea disculparse, y le aqueja el hecho de no poder perdonarse ni siquiera a sí mismo.

―Buenas tardes, señora-yo, lo siento, pensé que podría ayudar y... ―Sus palabras se cortan, transformándose en un inaudible balbuceo. Era vergonzoso para el rubio admitir que existía una persona capaz de romper su imagen, y es que simplemente no podía fingir valentía con quien hace mucho lo había tratado como un hijo.

¡No soy SeokJin! [Taekook]¡Lee esta historia GRATIS!