Capítulo 9

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David...

Ese nombre retumba en mi cabeza con dolorosa constancia. ¿Cómo pudo saber este señor sobre David?

Un escalofrío recorre mi cuerpo cada vez que lo pienso.

Ahora solo tengo una vela y un cuaderno para escribir esta historia, y la vela no durará para siempre. He calculado las posibilidades de salir corriendo a mi coche, pero son pocas. Mi puerta está cerrada con llave y mi coche podría no arrancar hasta que pare la lluvia.

Tengo hambre y frío. Sin embargo, nada de esto me detiene tan fuertemente para seguir escribiendo, como mi memoria. Cierro los ojos, tratando de concentrarme en esta historia, tratando de alejarme y escribir con la objetividad propia de mi profesión... Pero no puedo.

Recordar la enfermedad y el dolor pasados... Recordar...

Mi respiración se agita y un sollozo irrumpe en mi pecho sin que pueda contenerlo. Y aquí estoy, sentada en la esquina de este ruinoso cuarto, escribiendo lo que siento por primera vez en mi vida. Nunca antes de esto había escrito sobre mí. Siempre me enorgullecí de ser una mujer de hierro, pero esta noche en que las sombras me envuelven y me llaman, esta noche de incierto fin, no puedo más que temblar y escribir.

Un trueno ilumina mi habitación y alcanzo a verlo ahí, entre las sombras, observándome. Pero al acercarme, no hay nada. Son mis miedos. Nada más.

Miro la vela y sé que aún tengo tiempo. Escribamos mientras las sombras no lo inunden todo.

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