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Ya era por la mañana. El sol iluminaba la habitación levemente. A mi lado, en la mesita, aún estaba la bolsa de frutas que había llevado el día anterior y que no habíamos comido. Cogí una manzana y le pegué un bocado de buena gana. Guardé la bolsa antes de que entrara alguien en un cajón y me senté en la cama. No estaba mi compañera de litera, así que supuse que estaría en el desayuno. Seguía con la ropa de ayer; pues al llegar a la cama estaba tan cansada que ni me había desvestido. Los sucesos relacionados con Alessandro me habían dejado apesadumbrada. Me levanté, me desvestí y me puse algo limpio, y me dispuse a bajar al piso inferior. Allí estaban todos desayunando algo. Todos, menos Alessandro.
Tomé un tazón con gachas y me senté al lado de Claire.

- ¿Y Alessandro? -pregunté, disimulando mi curiosidad.

- Creo que ha ido a hacer la ronda mañanera.

- ¿Hoy? Si hoy no se hace -respondí, extrañada.

- Lo sabemos, pero ha insistido.

Claire se encogió de hombros y dio por terminada la conversación.

- Por cierto, el Jefe te ha llamado -me dijo, antes de levantarse con su tazón.

Suspiré. Alessandro intentaba evitarme. Y todo por el maldito encargo. No le veía nada para lo que alarmarse, simplemente un encargo más. Sí, íbamos a pasar un tiempo sin vernos, pero luego podríamos estar juntos mucho más.

La conversación en el desayuno, como toda la semana, fue acerca del asesino que estaba atemorizando a las mujeres del barrio de Bethnal Green, en especial a las prostitutas. Se rumoreaba que había asesinado ya a dos, pero otras muchas mujeres habían aparecido muertas o habían sido víctimas de abusos sexuales, pero no se había atribuido el homicidio directamente a ese asesino.

Las cuatro mujeres de la casa parecían bastante asustadas, y el Jefe había decretado una hora para volver a la casa, y así evitar mayores incidentes. Yo, personalmente, no estaba muy preocupada. El asesino, de momento, tan solo había matado a dos prostitutas. Pese a que yo robaba, no me dedicaba a la prostitución. Además, tenía otras cosas en las que pensar. De todos modos, me guardaba de los desconocidos, no deambulaba de noche por el barrio y no me metía en más problemas de los necesarios.

Fui a la habitación del Jefe. Me esperaba con un baúl, en el que seguía empaquetando cosas.

- Te irás hoy -me dijo.

¿Hoy? ¿Tan pronto?

¿Y con las cosas así, con Alessandro enfadado por algo que yo no podía comprender?

Tampoco es que tuviera muchas personas a las que fuera a echar de menos, tan sólo a él; y por ello no quería separarme del joven de esa forma.

No sé la cara que puse, pero el Jefe debió advertirla, porque me dijo:

- Sin excusas. A las seis en punto, un carro vendrá a buscarte. Allí conocerás a la persona que te instruirá y te ayudará a introducirte en la corte, te indicará lo que debes hacer. Un nombre que debes recordar: Brad Burrell.

Asentí con la cabeza. No me quedaba otra.

Fui hasta la habitación y garabateé una nota, dejándola tras una tabla suelta que había en el suelo. Siempre nos dejábamos ahí las notas, y si había insistido en no separarse de mí...

"Alessandro:

Me voy ya a la ciudad. Espero que cuando vuelva se te haya pasado todo esto...

De verdad, no entiendo qué te pasa. Lo hago por nosotros, es un buen encargo...

Podremos vivir el sueño que siempre hemos soñado.

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