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Capítulo inédito (al fin jaajska)

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Capítulo inédito (al fin jaajska)


La tensión es casi palpable en el ambiente. Sé que el rubio la siente al igual que yo, no obstante, irónicamente no parece afectar a mis padres o a mi pequeño hermano de la misma manera que a nosotros. Ellos, de vez en cuando, escrutan a Matheo con indisimulada curiosidad mientras aparentan prestarle atención a los platos con comida que tienen enfrente. Y es que, aunque sus bocas sólo se dediquen a engullir sin pronunciar palabra alguna, sus gestos todo lo dicen.

Por un lado, mamá que en un principio no paraba de hablar sobre mis pasatiempos de la niñez, y sobre lo amable y servicial que solía ser, ahora permanece enmudecida y serena, conservando una sonrisa eufórica en su rostro que, imagino, se debe a que la persona de la que tanto le hablé y cuya identidad desconocía, por fin tiene un rostro. Por otro lado, papá, que trata de lucir serio frente a alguien que a todas luces le provoca una gran desconfianza, sólo se limita a dedicarle a Theo una que otra mirada cargada de advertencia, pero para disfrazar su disgusto evidente, las acompaña siempre de una sonrisa de medio lado. Lo conozco, y sé que la inesperada visita de Matheo no le ha causado gracia alguna, y cómo culparlo si yo jamás le dije nada sobre él, y ni siquiera se me cruzó por la cabeza buscar una oportunidad para hacerlo. Ahora ya es tarde para eso, Matheo ya está frente a él, y está sufriendo las consecuencias de mi desacierto.

Y bueno, por último, mi pequeño hermanito, el de vistazos deliberados, cada vez que le arrebata atención a su plato para regalársela intencional y notoriamente a Theo, no hace más que inspeccionarle visualmente con una indiferencia que casi roza la fascinación.

Y yo... yo sólo deseo que la tierra me trague y me escupa en ningún lado.

No he querido cruzar miradas con Matheo porque es la mismísima vergüenza que no he podido quitarme de encima desde que entré a casa la que me impide hacerlo. Y con razón, si después de que mamá prácticamente lo obligara a ocupar un sitio junto a nosotros en nuestra mesa sin tomar en cuenta su opinión, ni su disposición ni sus ganas, ahora además es blanco de unas miradas profundamente inquisitivas que a la vez parecen hallarse en una gran discusión por determinar quién lanzará la primera pregunta. Claro que todo eso iba a mantenerme inquieta, más siendo testigo de cómo la incomodidad va derrocando lentamente su seguro semblante.

Demonios, simplemente él no debería estar pasando por esto...

...tan pronto.

Si alguna vez pensé en el día que llegase este momento, pues definitivamente imaginé que pasaría de otro modo. En una cena más formal y organizada, con un ambiente ameno que permitiera una conversación fluida y risas espontáneas, y con un invitado estrella que hubiese podido prepararse para asistir a la cena con antelación, o que al menos supiera que era nuestro invitado. Pero no. Sólo tengo un repentino visitante que probablemente no desea serlo y una familia que no facilita para nada la comunicación.

El llanto de una Azucena©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora