C31: Latiendo.

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—Se supone que tendríamos que estar arreglando este desastre —murmuro sin aliento, a centímetros de sus labios—

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—Se supone que tendríamos que estar arreglando este desastre —murmuro sin aliento, a centímetros de sus labios—. No compartiendo el mismo elemento cuyo número atómico es 8, estado de oxidación -2 y configuración electrónica... —Trago con fuerza, obligándome a sostenerle la mirada—. 1s², 2s², 2p⁴ y dicho...

—Sé que estás hablando del oxígeno, Zoella. —Me interrumpe con sus labios curvándose en una pequeña sonrisa ladeada—. Y espero que sepas perdonarme por lo que voy a hacer.

                                                                                                    UN DÍA ANTES

—¡Murphy!

Me sobresalto en mi silla y me pongo rápidamente de pie, observando con ojos amplios a la señora MacQuoid, quien se recarga en el marco de la puerta.

—Te he repetido dos veces que tomes las muestras de las invitaciones y me sigas —dice entre dientes, malhumorada—. Hazme decirlo por tercera vez y estás despedida. 

Junto torpemente las tarjetas y me apresuro a seguirla a través del extenso e iluminado corredor. Oigo sus zapatos repiquetear en el mármol y ya no puedo concentrarme en la llamada de la penitenciaría, dado que el sonido me distrae.

Esto se parece mucho a cuando estoy plácidamente echada en el cama leyendo algún libro, y entonces alguien abre la puerta; Ingrid comienza a gritar con Shane por teléfono por la custodia de los cachorros, Glimmer hace explotar cosas con sus experimentos y Mei Ling comienza a destruir la poca vajilla que hay en la casa. También existe la posibilidad de que Akira y Preston hagan temblar las paredes los fines de semana. En fin, el caso es que no logro concentrarme en mi lectura gracias a esos sonidos, y los tacones de Betty parecen tener el mismo efecto.

¿Cómo se supone que voy a recordar quién es el dueño de esa voz si ella sigue trasladándose físicamente de un lugar a otro? No es como si pudiera trasladarse mentalmente, o por lo menos no mientras no haya un libro abierto entre sus manos. 

Reconocí la voz como una que ya había oído alguna vez, pero aún no logro poner rostro al dueño, y es realmente frustrante. De los nervios tuve que cortar la llamada, y se debe a que es sorprendente que alguien que conozco, o mejor dicho que alguna vez conocí, haya terminado tras las rejas. Jamás estuve cerca de la clase de personas que crees que podrían terminar en la cárcel.

No a excepción de Elián Berrycloth.

Siento un nudo formándose en medio de mi estómago, tirando de mis intestinos y atándolos en un apretado moño. No he sabido nada de Elián desde que cumplí dieciocho, desde esa noche en que pisé su departamento por primera y última vez. Sin embargo, podría reconocer su voz con facilidad. No es algo que pueda olvidar. Él no está en la penitenciaría de Yannrock, ¿pero quién más podría haber quebrantado la ley si no fue él? Y lo más curioso de todo, ¿cómo está relacionado con Corbin?

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