Sentía movimientos a mi costado, gente que estaba caminando a mi alrededor dando indicaciones, llanto de dolor y desesperación, gritos llamando por personas y ruedas que giraban por todas partes.
'Doctor Sander, favor de acudir a la sala 108' dijo una voz de mujer por lo que parecía un altavoz, intente abrir los ojos para poder ubicarme en donde estaba, pero los parpados me pesaban más de lo normal. Intente moverme pero el cuerpo no me respondía como tenia que hacerlo.
-Shuuu, shuu – dijo una voz masculina intentado detenerme en donde estaba recostada – Tranquila, no te muevas – por fin abrí los ojos para encontrarme con mi nuevo vecino mirándome fijamente mire a mi costado y pude ver una blanca pared adornada con una cruz, mire al techo y la luz fluorescente me cegó temporalmente.
-¿Dónde estoy? – dije con la voz ronca.
-Estamos en el hospital general – se mordió levemente el labio inferior.
- ¿Por qué? – intente sentarme pero el movimiento brusco solo logro que me mareara aún más de lo que ya estaba - ¿Qué me paso?
- Te desmayaste – se mordió la mejilla interior - te hable, giraste a verme y caíste, fue una suerte que pudiera detenerte para que no cayeras al piso y te lastimaras – sonrió egocéntricamente – si querías estar en mis brazos solo debías decirme – fruncí el ceño ante su intento de broma.
-Tu sentido del humor es muy mórbido – a pesar del mareo que persistía, me senté en la camilla – A demás –lo mire fijamente – tu serias la ultima persona por la cual caería rendida en sus brazos. Así que amigo, déjame decirte que no te emociones – pude ver como la sonrisa idiota que tenia se le borraba rápidamente del rostro.
-Lo siento por el mal chiste – se disculpo, volvió a sentarse en el taburete a lado de la camilla en la que estaba.
-Como quieras – dije sin darle importancia.
Veía como todo a mi alrededor era blanco, ese olor persistente de desinfectante invadía mis fosas nasales haciendo que un escalofrío recorra mi espina dorsal, varias maquinas estaban a mi alrededor, gracias a Dios no estaba conectada a ninguna, mire mis brazos para comprobar que no me habían picado con una aguja, lastimosamente si lo hicieron, ya que en mi brazo derecho se podía ver un pequeño agujero ya recubierto por una imperceptible gota de sangre.
-Te sacaron sangre – dijo en cuanto se dio cuenta de que me quede mirando mi brazo – Para poder hacerte unos análisis, perdiste el conocimiento por casi una hora.
-¿Tanto tiempo? – asintió con la cabeza - ¿Avisaste a alguien que estoy aquí?
-No – negó con la cabeza – te encontré sola en el pasillo del instituto, y no me sé el número de tu casa, asi que no pude avisarle a nadie.
-Podrías ir por un doctor, quiero salir de aquí – me miro con el ceño fruncido – No – mordí mi labio inferior – no me gustan los hospitales – solté por fin.
-Claro – se levanto y dio dos pasos antes de girarse nuevamente a verme – Tu ropa esta en la mesita – mire a mi costado para efectivamente darme cuenta de que mi ropa estaba perfectamente doblada allí.
- Gracias – dije, el solo asintió y salio del recinto en el que estábamos.
No perdí ni un solo segundo antes de enfundarme en mis jeans y colocarme la remera que traía puesta. A penas estaba terminando de colocarme las zapatillas cuando Oliver entro acompañado de un hombre vestido de blanco, el cual deduje debía ser el doctor que me atendió.
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La Bruja
FantasySi tienes el corazon oscuro, capaz puedas sobrevivir... ----------------- Queda rigurosamente prohibida la copia parcial y/o total de la historia, adaptación, distribución ya sea en impreso y/o virtualmente de la novela que van a leer sin la autoriz...
