Parte 2: El cortijo

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El frescor de la noche caía sobre ellos, arriba en el cielo refulgía la luna llena de agosto y se respiraban los aromas de algunas de las hierbas que estaban pisando. Saúl iba por delante, escudriñándolo todo con dos cámaras: infrarrojos y visión nocturna. Llevaba una en cada mano. A su lado caminaba Paula, que no llevaba ningún aparato, según parece, no los necesita, la luna llena estaba inmensa y eso la inspira. Unos diez metros más atrás, linterna en una mano y micrófono direccional en la otra, les seguía Taylor. Dirigía el haz de luz hacia el suelo para evitar deslumbrar la cámaras de Saúl. De repente, se llevó las manos hacia los auriculares un fuerte ruido le hizo daño en los oídos, era el maullido de un gato. Levantó la linterna y señaló a sus compañeros, quienes se volvieron hacia él.

-¡Un gato!, ¡es un gato!, lo tengo en el micro.

-¿Cómo? -Saúl agito las manos, haciendo oscilar las cámaras.

-Sí, maulla, creo que es un grito de socorro.

Paula se había acercado, Ramón se quitó los auriculares y los puso de lado para compartirlos con ella.

-Sí -corroboró-, ese gato lo está pasando mal, da escalofríos. ¿De dónde procede la señal?

-Es allí delante -señaló con la linterna a lo que parecía una higuera que crecía y se encaramaba a un muro encalado de blanco.

-Creo que es el cortijo -dijo Saúl mirando la pantalla de su móvil-, sí, ¡es ahí mismo!

El aroma de la higuera se fue intensificando a medida que sea cercaban al muro, con las linternas recorrieron el muro de adobe encalado hasta encontrar un punto donde estaba derruido. Pudieron pasar al otro lado. Taylor continuaba caminando llevándose las manos a los auriculares.

-¡El gato grita cada vez más fuerte!, ¡proviene de allí! -Alumbró hacia un cuartucho desvencijado cuya puerta se encontraba entreabierta-. ¡Allí es!

Los tres estaban juntos, casi hombro con hombro, las dos cámaras de Saúl apuntaban hacia la puerta, intentaron vislumbrar si algo aparecía en alguna de sus dos pantallitas display. Taylor preguntó en voz alta.

-¡Hay alguien ahí!

En ese momento todo se quedó oscuro, Paula y Taylor agitaron sus linternas, mientras Saúl revisaba sus cámaras. El spiricom tampoco funcionaba.

-¿Qué pasa? -Taylor miraba a sus compañeros, poco a poco sus ojos se iban acostumbrando a la oscuridad. Gracias a la luz de la luna podían visualizar los contornos de las plantas y edificaciones alrededor.

-No funcionan -Saúl manipulaba una de sus cámaras-. Es como si todas las baterías se hubieran agotado de golpe, incluso las baterías de repuesto.

-No son solo las baterías, hay algo aquí -Paula hablaba entre susurros-, algo tras esa puerta que nos está robando la energía.

Saúl agarró la mano de Paula, se le habían erizado los vellos de la nuca, temblaba, ambos temblaban. Taylor se quitó los auriculares y con el dedo índice señalando la puerta entreabierta gritó de nuevo.

-¿Hay alguien ahí?

Tras un instante de escalofríos y temblores escucharon el tenue quejido de un gato.

-¡Está sufriendo! -dijo Paula, alguien lo tiene atrapado, ¡puedo sentir su dolor! -hizo el amago de intentar avanzar, pero Saúl la detuvo, agarrándole el brazo.

-¡Nena!, por favor, espera, puede ser una trampa. -Paula lo abrazó mientras él le daba un beso en el cuello-. Tranquila, pensemos con la cabeza, vamos a resolver esto juntos, sin precipitarnos.

Taylor avanzó dos pasos señalando con el índice hacia la puerta.

-¡Deja libre al gato!

Una especie de oleada de viento frío les sacudió desde la espalda, Taylor tiró al suelo la linterna, los auriculares y la mochila en la que portaba el spiricom. Saúl también soltó las cámaras, pesaban mucho. Una nueva ráfaga de viento frío les recorrió el cuerpo. Aquel aire se dirigía directamente hacia la puerta entreabierta, que oscilaba al contacto con el viento.

Taylor empezó a notar la vista cansada, aquella puerta se desdibujaba ante él, apenas podía girar la cabeza para mirar hacia sus amigos, hizo un nuevo intento de comunicación.

-¡Deja al gato! -Taylor se tambaleó, notó un hormigueo en la punta de los dedos que después le recorrió el cuerpo.-¡Suelta al puto gato ahora mismo! -Taylor habló de manera contundente, pero aquella no era su voz, era una voz cascada y rasposa que parecía hacer un tremendo esfuerzo por sonar alta- ¡Suelta al gato, puto gordo!, ¡yo te lo ordeno!

Paula y Saúl se sostenían el uno a la otra en un intento por no desfallecer. Asistían atónitos a la escena de un Taylor, que con el cuerpo tenso y el dedo desafiante señalaba hacia la puerta, que se abrió lentamente. Los vellos de todo el cuerpo Saúl se erizaron y Paula notó como si las orejas se le pusiesen en punta cuando vieron bajo el dintel de la puerta la figura de un hombretón corpulento, solo iba vestido con unos calzoncillos y una sucia camiseta de tirantes que dejaba ver sus fofas y blanquecinas carnes.

Paula susurró al oído de Saúl.

-No es de este mundo: no huele a nada.

Aquel ser, de casi dos metros de alto elevó su mano izquierda, de la que pendía un despojo negro, balanceó la mano hacia atrás y les arrojó aquella cosa, que cayó justo delante de los pies de Paula.

-¡Hay tenéis al puto gato!

El hombretón dio un paso hacia afuera de la casa y les miró con los ojos en blanco. Pudieron ver que en su mano derecha llevaba agarrado un listón de madera. Las palabras de Taylor les sacaron de la parálisis.

-Recogedlo todo -Taylor se agachó para meter las cámaras de Saúl en su mochila, su voz seguía sonando rasposa- . Corred hacia el coche, gilipollas, ¡por vuestras vidas!

Los tres salieron corriendo bajo la luz de la luna, sin mirar atrás, atravesaron el muro por el lado derrumbado y llegaron a la furgoneta Citroën C15 de Saúl. Una vez allí, miraron en dirección al cortijo y vieron que nadie les seguía. Paula miró en la guantera.

-¿Qué buscas? -dijo Saúl.

-Una de tus bolsas zip, es para guardar una prueba.

-¿Qué prueba?

-Esta -Paula elevó la mano mostrándole a Saúl el gato muerto que acababa de recoger.

-Joder -Saúl comenzó a vomitar- ¡Qué asco!, ¡cómo has podido!

-¡No lo sé!, pero es un aporte importantísimo, una prueba clara de lo que ha pasado -dijo mientras continuaba rebuscando en la guantera-. ¡Ya!, aquí están las bolsas: meteré el gato al vacío.

Saúl no la escuchaba, seguía vomitando, cuando se recuperó un poco miró hacia un lado y vio a Taylor con los pantalones bajados, lo señaló a modo de pregunta, y Taylor le contestó, esta vez con su verdadera voz.

-¡Menuda diarrea, tío!, estoy cagando las entrañas. -Puso los brazos en jarras mientras seguía cuclillado con el gesto contraído-. Y no me mires así, ¡cada uno revienta por donde puede!

Nota: te agradecería una estrellita y un comentario, gracias.

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