Capítulo 7

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Puse resistencia con mis piernas a caminar hacia el coche, pero Jaden era inmensamente más fuerte que yo. A medida que nos acercábamos sus amigos dejaron de hablar entre ellos y, a través de los cristales del coche, aprecié como sus miradas se dirigían hacia nosotros y sus labios se transformaban en sonrisas socarronas. Diablos, podría darle a Jaden un puñetazo que la abriese la cara en dos de lo mucho que le odiaba en ese momento.

—No pienso entrar ahí dentro —Me negué en redondo cuando estuvimos a un metro de distancia del coche.

—No creo que tengas elección, Hale —se burló Jaden mientras Cody-cañonazo bajaba la ventanilla—. Me la debes.

—Yo no te debo nada —renegué, pero hizo caso omiso a mis palabras.

—Que pasa, parejita, ¿problemas en el paraíso?

Seguí el camino aquella voz, y me encontré con una cabeza pelirroja y pecosa pegada a la de Cody mirándonos claramente divertido mientras el rubio trataba de apartarle pegándole con la mano. Eché una última mirada de ruego a Jaden, pero éste solo me sonrió antes de dirigirse a sus amigos.

—Aquí mi hermanita se muestra un poco recelosa a venir con nosotros, ¿verdad que a vosotros os encantaría ayudarme?

Y dicho y hecho, el pelirrojo bajó del asiento trasero del coche de un salto seguido de otro chico asiático de pelo algo largo. Jadeé cuando ambos me rodearon, agarrándome cada uno de un brazo y tirando de mí hacia el coche mientras Jaden sonreía de oreja a oreja. Tuve la repentina idea de ponerme a gritar, ¡aquello decididamente podía considerarse como secuestro! Pero preferí no hacerlo, no quería llamar la atención de los padres de Gabrielle. Además, estaba segura de que ella estaría cotilleando por la ventana. Si no daba señales de vida en 24 horas, al menos alguien podría vengar mi muerte.

Me obligaron a entrar en la parte trasera del vehículo, con el chico moreno a un lado y el pelirrojo a otro, sin soltarme los brazos, aun riéndose y tratando de hablar conmigo.

—Oye, ¿tu color de pelo es natural? —Se interesó el pelirrojo, tirando de un mechón. Vaya, esa misma pregunta podría yo hacerle a él.

—Thai, Cameron, ¿de verdad hace armar tanto escándalo? —Protestó Cody-cañonazo girándose hacia nosotros y mandándoles miradas de aviso a sus amigos—. Es una chica, no un juguete. Pensé que estabais más acostumbrados a tratar con ellas.

—Sí, Cody tiene razón —asintió Jaden entrando al coche y sacando las llaves para arrancarlo—. Sobre todo teniendo en cuenta las muchas e increíbles aventuras sexuales que nos has contado, Cameron.

La piel del chico pelirrojo, hasta entonces blanca como la leche, se cubrió de un intenso rubor que hacía difícil distinguir donde acababa su cara y donde comenzaba el cabello. Ambos me soltaron lentamente, bastante avergonzados de su comportamiento. Por cómo había dicho Jaden la frase, se notaba que ninguno creía nada sobre aquellas increíbles aventuras sexuales. Hice un repaso en mi cabeza sobre los chicos con los que iba metida en el coche mientras Jaden arrancaba. Estaba segura de que Cody estaba en nuestra clase de Historia, de ahí que Gabrielle supiese de él. Prácticamente babeaba cada vez que le tocaba sentarse detrás de él. En cambio aquellos otros dos chicos… Thai y Cameron… Me sonaban, pero no caía de qué. Seguramente estaban en algún curso debajo del nuestro.

—¿Qué haces? —Me preguntó curioso Thai cuando me removí en el asiento, rozando su brazo sin querer.

—Intento ponerme el cinturón —contesté, logrando al fin alcanzar mi objetivo. No me sentía cómoda rodeada de gente que no conocía.

—¿Cinturón? —Rió Cameron, girando su cuerpo hacia mí—. Con Jaden al volante no creo que sea necesario.

—Precisamente con Jaden al volante lo encuentro más que necesario —contraataqué, por fin consiguiendo atarme el cinturón.

No te enamores de tu hermanastro  ©¡Lee esta historia GRATIS!