Capítulo 11

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Una mujer los lideraba. Era alta, esbelta y tenía el pelo oscuro. Miró a su alrededor como si fuera la dueña de todo ello. Unos siete hombres se colocaron al lado y detrás de ella. Iban todos vestidos iguales, pero ninguno de ellos sujetaba su arma directamente. Quizá eso era buena señal.

Alice vio que, detrás de ellos, había un chico de su misma edad que observaba todo con ojos atentos. Llevaba un francotirador en una mano. Se puso una mano en el brazo inconscientemente.

—Hola, Giulia —le dijo Max a la mujer, más tenso de lo que aparentaba.

—Max —sonrió ella con fría cortesía.

Alice intentó no moverse ni hacerse la sorprendida. ¿Se conocían? Se colocó disimuladamente detrás de Rhett para que no le vieran la cara directamente. Quizá alguien la había visto. Y si la habían visto, podían acordarse de ella. Entonces, todo se iría, como diría Jake, a la mierda.

—Siento lo de antes —dijo la tal Giulia—. Creímos que erais androides. Ya sabes cómo está la cosa ahora con ese tema.

—En nuestra ciudad tenemos más cuidado antes de apretar el gatillo —le dijo Max, mirando al chico del francotirador, que no pareció en absoluto avergonzado.

Hubo un momento de silencio.

—Bonitos coches —comentó Rhett. Eran los coches que habían robado de la antigua zona de Alice.

Giulia clavó en él sus ojos fríos y sonrió un poco.

—Cortesía de la zona este. Tuvimos algunas bajas para conseguirlos, eso sí.

A Alice le pareció que Rhett se tensaba, pero no se movió.

—¿Necesitáis algo? —preguntó Max, claramente invitándolos a que se marcharan.

—De hecho, sí —Giulia se acercó a ellos, pero solo mirando a Max. Ni siquiera se había fijado en Alice, por suerte—. Busco a un androide.

Oh, oh.

—¿A uno? Hay cientos, por si se te había olvidado.

—Ya no —ella sonrió—. Exterminamos su zona, ¿no te lo dijo nadie?

—Lo que dijeron fue que habíais matado a todo el mundo, sin distinguir entre androides y humanos.

Alice era perfectamente consciente de que Max y Rhett sabían que ella era de ahí. Y solo mencionarla sería un desastre. Sin embargo, daba la impresión de que la estaban cubriendo.

—Bueno, es otra manera de decirlo, sí —ella se encogió de hombros con elegancia—. La cosa es... que se nos escapó uno en concreto.

—¿A ti? Debió ser un androide muy listo.

—Me gustaría ver si es tan listo cuando lo atrape y lo lleve con mis superiores —soltó Diane con brusquedad—. Es hembra. Se hace llamar 43. Tiene ese nombre en el estómago. Es bastante sencillo identificarla.

Alice sintió que su cuerpo se tensaba. Rhett la miró de reojo, confundido.

—Esa descripción es muy vaga, Giulia. En nuestra ciudad no vamos levantando las camisetas de los demás.

—A ver... es bastante bonita, alta, pelo oscuro, rasgos caucásicos... lo suficientemente lista como para escapar de nosotros sola...

—No lo hemos visto —Max movió un poco la escopeta, haciendo que los demás pusieran las manos en sus armas.

—Creo que no eres consciente de la situación, Max —a Giulia se le borró la sonrisa por completo—. Dos regiones de rebeldes se han levantado contra la capital. ¿Y sabes por qué? Porque seguían queriendo ganar dinero con el contrabando de androides.

Ciudades de Humo (CORRIGIENDO)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora