DÍA 22

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♬ CANCIÓN PARA EL DÍA 22: PARADE (DE AURELIO VOLTAIRE) ♬ 


Las hermanas Valini discutieron durante horas. El debate giraba en torno al proyecto que se había puesto en movimiento dos días atrás. Algunos pequeños habían visto a los obreros y preguntaban constantemente qué hacían allí. Por recomendación de Lucio, las encargadas de El Refugio evadían las interpelaciones con la promesa de una futura explicación que nunca llegaría. Sin embargo, Irina insistía con su punto de vista. Ella creía que los niños merecían estar al tanto de lo que ocurría y del peligro que se avecinaba; consideraba que conocer al enemigo les ayudaría a permanecer atentos y reaccionar de la mejor forma posible si sucediera algo impredecible.

Poco antes de la cena, Delfina cedió entre lágrimas. Su hermana siempre hacía lo que quería. Si hubiesen decidido mantener el secreto, Irina posiblemente habría encontrado una manera de hablar con cada uno de los niños por separado de todos modos.

—¡Niños! —dijo Delfina antes de repartir el postre—. Necesitamos que nos presten atención.

El murmullo amainó lentamente hasta convertirse en un susurro casi inaudible.

—Estamos en peligro —anunció Irina sin pensar demasiado en las palabras que utilizaría.

Silencio total.

Delfina observó a su hermana de reojo y movió su cabeza en señal de reprobación. Suspiró y tomó aire para encargarse de la explicación.

—Algunos de ustedes nos preguntaron quiénes son los hombres que están trabajando en el fondo de El Refugio y qué están haciendo. —Colocó un par de mechones de pelo detrás de sus orejas mientras paseaba la mirada por los rostros de los pequeños, estudiando sus gestos en un intento por comprender lo que sentían—. Los hombres van a terminar de construir el túnel con la salida de emergencia. Abandonaremos El Refugio en unos días. Se trata de una medida temporaria, de prevención —aclaró.

—El tema es que los sunigortes podrían atacarnos en cualquier momento. Saben quiénes somos y dónde estamos. Incluso consiguieron una copia del anillo cruxia que podrían usar para entrar mientras dormimos. Por eso nos tenemos que ir hasta que el problema se solucione —agregó Irina.

Una niña alzó su brazo y aprovechó el silencio para hablar.

—¿Cómo van a solucionar el problema?

—Don Lucio se encargará de todo una vez que estemos a salvo —se apresuró a explicar Delfina, temiendo que su hermana dijera algo indebido relacionado con el plan de asesinar a Soriarte.

Luego de responder, Delfina les pidió a los pequeños que empacaran sus cosas en mochilas y bolsos que pudiesen cargar consigo. Todo lo demás lo dejarían atrás hasta que regresaran. También les pidió que estuvieran listos al día siguiente, para poder partir en caso de una emergencia imprevista. Por último, Delfina agregó que si no había ningún cambio de planes, se marcharían en cinco días, luego de la cena.

Ellas deberían hacer lo mismo.

Irina comenzó a empacar apenas regresó a su habitación. Dejó de lado sus pertenencias más antiguas, aquellas que carecían de significado o connotación sentimental. Escogió llenar un morral de cuero con ropa y su única cartera con otros objetos variados.

Anahí había escogido todas las prendas que la morocha colocó en el morral; últimamente, vestía siempre con la ropa que su amiga le había regalado, pero era demasiada como para llevársela toda.

Poco a poco notó que los objetos que colocaba en su cartera también habían sido obsequios de Anahí. Un par de CDs, accesorios, su nuevo discman y dos pares de auriculares.

Pensó en la pelirroja y se preguntó qué estaría haciendo. Aún temía por ella. Después de todo, era su mejor amiga.

"Amiga".

La palabra hizo eco en su mente hasta convertirse en un sonido ininteligible, confuso y escondido detrás de un oleaje de ensordecedora estática.

De repente, Irina se sintió estúpida.

Incluso cuando estaba viva se había esforzado por ocultar sus sentimientos, por negarlos. Se consideraba extraña, abominable. Odiaba esa parte de sí misma de la que no lograría desprenderse jamás. Se trataba de un aspecto incontrolable del que llevaba décadas intentando escapar.

Pero aunque su mente construyera una pared para bloquear el amor incondicional que sentía por Anahí, su corazón se lo recordaba constantemente. La imagen de la pelirroja aparecía a cada paso, con cada pequeño detalle. Todo le recordaba a ella; objetos, acciones e incluso comentarios que oía en los pasillos.

Cuando se recostaba, Irina evocaba los recuerdos de la primera semana que pasó con Anahí, luego se preocupaba al no saber cómo se encontraría la pelirroja en aquel instante. Y al cerrar los ojos soñaba con ella; algunas veces en pesadillas en las que su amiga se marchaba para siempre, y otras tantas en dulces sueños en los que pasaban la eternidad lado a lado.

"Mierda". Puteó Irina en reiteradas ocasiones. Sacudió la cabeza como si eso pudiese alejar a Anahí de su mente.

Pero sin importar cuántas veces lo negara, Irina siempre lo supo. Le ocurrió también cuando estaba viva. No había podido evitarlo. Ya era tarde. Estaba enamorada. Su corazón le pertenecía a otra chica.

 Su corazón le pertenecía a otra chica

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