Capítulo 22: "Palabras engañosas"

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Quizás en eso último tengas razón, pero... Abel estuvo con nosotros esa respuesta hizo que Yamil apretará los labios y volteará hacia ella con una mirada furiosa.

¡Tú tampoco me crees! ¿Entonces para qué has venido? le gritó, y naturalmente Talía se encogió un poco de hombros, pero tomándose de la valentía que había adquirido como experiencia le dijo.

¡Yo te creo!, tampoco me cuadra que él haya podido saber cómo es que esa inyección iba a funcionar contigo. Es cierto que él me dio el valor para salvarte, pero... tampoco confió ya mucho en él, en especial después de lo que dijiste respecto a tu hermana unas lágrimas cayeron por los ojos del pelirrojo y se las limpió con su antebrazo.

Yo sólo tenía a Misa, el resto de mi familia murió en nuestro planeta; Seitán dejó que murieran el joven sentía como su lengua se estaba enredando, por lo que tragó un poco de saliva. Por eso es que no puedo creer que en verdad nos haya salvado. Esta nave es tan grande, y tiene tantas habitaciones... simplemente no me cabe en la cabeza tanto dolor, y no puedo dejar pasar lo que ven mis ojos, tampoco puedo borrar el recuerdo que dejó mi hermana tomó algo de airé para seguir desbordando sus sentimientos. Fue tan horrible, lo único que quedó de ella fue su brazo y algunos dedos que esa cosa le cortó ante estas últimas declaraciones, Talía se acercó a consolar al pobre de Yamil, quien tenía el corazón partido en dos, porque por más que sonará ciertamente irracional sus ideas, ella las interpretaba como lo más coherente del mundo. ¿Quién en su sano juicio aceptaría una misión suicida sin miramientos?, o, ¿quién podría apoyar a semejante monstruo? Hasta ahora, Abel había aceptado la misión y arrastrado consigo a los demás, o al menos es así como lo veía Talía, y ahora tenía sus razones para culpar a Abel de todos sus males, o por lo menos, una parte de ellos.

No te preocupes Yamil, todo esto terminará en algún momento. También quiero decirte que yo te creo, creo en todo lo que dices el muchacho levantó la vista para poder ver los ojos cafés de la chica, y con un gran brillo en sus hundidos parpados, se llenó de alegría de alguna forma.

¿En verdad me crees? preguntó con cierta inseguridad.

Sí, también me ha parecido extraño todo lo que ha estado pasando hasta ahora, además, yo nunca he confiado en ella le dijo, y luego le dedicó una agradable sonrisa.

No sabes lo que significa para mí esto Talía se le vio al de ojos dorados bajar la cabeza en forma de agradecimiento.

No te preocupes, a mí también me alegra haberme dado cuenta después de este acontecimiento, los lazos de ambos parecían haberse fortalecido lo suficiente como para llegar a cubrir el vació que la hermana de Yamil había dejado en él.

Las vidas de los integrantes de este grupo cada vez se hacían más y más complejas, era como entrar en un profundo mundo que se asemejaba a un apocalíptico mar en el cual terminaban ahogándose los unos a los otros, lo cual significaba que luchaban por permanecer a flote, por eso a veces cambiaban de hombros en los cuales apoyarse, hacían del respirar una odisea, y de ese zambullir una tortura. El placer no existía en sus vidas, ni la más leve felicidad podía considerarse duradera, porque apenas venía ésta, explotaba como las burbujas al llegar a la superficie marina. Así de desastrosa era la existencia de aquellos banales héroes, de aquellos que no se consideraban como verdaderos héroes.

Nuestro amado o más bien odiado por muchos, estaba ahora progresando en la amistad que ya se había vuelto algo más cercana, y todo esto se desarrollaba desde la habitación de Alan.

He estado pensando... quizás sería bueno fusionar nuestros cuartos Abel. ¿Qué te parece? le preguntó Alan mientras estaba sentado sobre su cama. Por otro lado,el rubio lo estaba observando desde el suelo con sus piernas cruzadas en posición de loto.

Pues no lo había pensado antes bajó un poco la mirada meditando bien lo que le estaba proponiendo su compañero.

¡Oh! ¡Vamos! No tienes que pensarlo tanto Abel. ¿Acaso no hemos pasado por muchas cosas juntos? le preguntó el pelinegro.

Sí, sé que tienes razón se le escuchó reír suavemente.

Bien, ¿entonces? volvió a interrogarlo.

Está bien, no veo porque no mencionó, y de repente, el de ojos esmeralda notó una expresión poco común en el rostro de su acompañante. ¿Qué te sucede Alan? ¿Te has arrepentido de pedirme eso? le dijo con tono extrañado.

No, no es eso le respondió agitando un poco la cabeza, y se llevó una mano cerca de sus labios. Es que tuve un presentimiento.

Los presentimientos no son nada buenos le informó.

Lo sé, sé bien que no son sensaciones buenas.

¿Crees que todo empeorará a partir de aquí?

No podría asegurarte nada, pero ojalá que sea todo lo contrario esos fueron los últimos intercambios que hicieron sobre ese tema, luego lo dejaron de lado, y empezaron con la pequeña mudanza. 

Sueños Bajo el Agua ©¡Lee esta historia GRATIS!