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Jimin observó a su madre, la sensación de vértigo corrió por su espalda como un cúmulo de hielo, quería creer que se trataba de una broma, un sueño pero la realidad era que su madre estaba mirándolo un poco acongojada y él no sabía que hacer por dos cosas, la primera y más importante era que no estaba preparado, no estaba listo para un enfrentamiento con ella y la segunda era porque Yoongi estaba en su hogar, la situación se sentía como chocar contra el concreto.


—Jimin...—El rubio no supo cómo reaccionar, giró levemente su cabeza para mirar hacia el apartamento y por inercia salió de este, cerró la puerta. Su madre dio un pequeño paso hacia atrás confundida por sus actos.


—¿Qu-Qué haces aquí mamá?—Jimin intentó no sonar ansioso o afectado, no funcionó.


—¿Podemos hablar?—La mujer le miró, su mirada lucía afligida, incluso su voz denotaba lo insegura que estaba, tal vez no era el único que estaba pasando por algo complicado de lidiar.


—Creo que no es un buen momento.—El chico bajó su mirada, de algún modo dolía el tener que estar frente a su madre y no poder siquiera mirarla a los ojos sin sentirse triste, sin tener que recordar lo sucedido.


—Jimin... hijo...—El mencionado suspiró, el escuchar a su madre le causaba emociones encontradas, una parte de él estaba completamente decidida a no hablar y la otra parte quería abrazarla y cuestionarle muchas cosas.—Por favor.


Jimin se tomó unos segundos para sopesar la situación. En sus planes de fin de semana no estaba el tener que enfrentar las circunstancias de ese modo; la sorpresa de ver a su madre después de un tiempo, después de haber dicho todo cuando viajó a Busan y no obtener su apoyo era algo complicado. Jimin sabía que hablar las cosas era lo mejor para todos, no obstante, el miedo y cada sentimiento que se arremolinaba en su pecho le impedía que tomara una decisión.


—¿Hablar de qué?... Mamá, lo que dije en Busan... No quiero pasar de nuevo por una situación así.


Ambos, madre e hijo, estaban en el pasillo del edificio sin poder mirarse el uno al otro, la madre de Jimin se sentía terrible, sabía que había cometido un error y le llevó tiempo el pensar en todo, dolía mucho el enfrentar la situación porque tal vez nadie la entendería correctamente, nadie se había puesto en sus zapatos. Solo hubo una persona que habló con ella y ese fue su hijo más pequeño.


Jihyun sufrió de la misma manera que todos, el menor de los Park se tomó el tiempo de hablar con ella, fue complicado pero no imposible. Park Hyunjoo ahora sabía que Jimin tenía una pareja, que había alguien que realmente cuidaba de él y ese alguien era un chico.



Ser madre de familia era difícil, ningún padre o madre viene con el conocimiento de cómo ser el mejor, tan solo aprenden con el tiempo, con las experiencias. El tener que ver como tus hijos van creciendo, como poco a poco se van alejando y creando su propia vida es como ver una película desarrollándose en cámara lenta y cada persona es un diferente espectador.


Hyunjoo siempre quiso lo mejor para sus hijos, quería que los sueños de éstos se hicieran realidad y que fueran felices. Ver crecer a Jimin fue algo que ella adoró, cuando hizo cada esfuerzo para que su pequeño Jiminnie fuera a las clases de baile y ballet, para que fuera un niño feliz; cuando participaba en los recitales de la escuela, ella hacía su mayor esfuerzo, siempre intentaba estar ahí para su hijo...


Pero todos cometemos errores, muchos creen que con pequeñas cosas la vida se solucionará, no es así, son esas pequeñas cosas las que son más complejas. Porque ella no vio cuando su hijo llegaba triste de la escuela —o tal vez sí lo veía— pero no se tomó el tiempo suficiente para hablarle, tal vez no vio lo difícil que fue para él el tener que lidiar con las dudas, los cambios, los miedos, su padre... Ella sabía que su esposo jugaba un papel importante en todo, en la forma de ser de Jimin y en los problemas que se fueron desarrollando con el tiempo y no estuvo ahí para él, no lo escuchó.


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