Parte 1: ¡Qué asco,prima!

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La prima Paula era un bicho raro, siempre maquillada y vestida de negro; con todo ese rollo gótico tan suyo. Siempre fue rara, pero esta vez se había pasado. Cuando llamó a Nativel, pidiéndole ayuda urgente, esta no dudó en contestarle que para lo que hiciera falta. De pequeñas siempre habían estado juntas, Nativel recordaba las locuras de su prima, al a que le encantaba escapar de casa por las noche y correr aullándole a la luna. Más adelante, cuando Nativel empezó a estudiar la carrera, se habían distanciado. En los últimos años, Nativel se había trasladado de Madrid a Sevilla para hacer los estudios de doctorado en biomedicina e investigación clínica. Pero ninguna distancia es para siempre, hacía unos meses, Paula había vuelto a irrumpir en su vida, se había echado un novio sevillano. A Nativel le alegraba tener de nuevo a su prima cerca, aunque vez... ¡se había pasado!

-¡Qué asco, prima!, ¡pero tú estás mal de la cabeza! -Nativel cerro de inmediato la tapa azul de aquella nevera de playa, el resto de clientes de la cafetería se calló por un momento ante aquellos gritos. Al instante continuaron los murmullos entre los visitantes y el personal de hospital que desayunaban animados entre cafés, zumos de naranjas recién exprimidas y tostadas. El plato estrella era la tostada con aceite de oliva en sus múltiples versiones, con o sin tomate, jamón serrano, york o pavo. Un desayuno en Sevilla era una orgía de sabores siempre lubricados con aceite de oliva virgen extra-. ¡Pero qué asco, de verdad!, ¡Voy a vomitar la tostada!

-Jo, lo siento Nativel, es que no sabía a quién acudir -dijo Paula, con la cabeza gacha, sus ojos, maquillados de rímel y sombra de ojos color negro contrastaban con su blanca piel-, es muy importante y pensé que, como tú entiendes de estas cosas, quizá.

-¿Que yo entiendo? -Nativel parecía buscar algo dentro de los bolsillo de su bata blanca-. ¡Tú lo flipas, Paula!, ¿cómo coño se te ocurre traerme esto aquí? Por suerte estaba desayunando y te he citado en el café. Si llega a entrar en el laboratorio, lo contamina todo directamente y se lía la de Dios en la planta. -Sus ojos querían atravesar a una Paula que se encogía de hombros y parecía hundirse en la silla-. Anda, vete por ahí, y no vuelvas a venirme con nada de esto al trabajo, y menos estas mierdas góticas tuyas.

-Jo, prima, déjame explicarte, necesitamos un análisis de ADN, saber si... -su voz temblaba- en fin, saber si es o no es de este mundo. ¡Ayúdame, prima!

-¡Ni prima, ni hostias!, ¡Saca esa mierda del hospital!, o llamo a seguridad.

-Tranqui, que ya me voy. -Paula se levantó de su silla y se secó las lágrimas negras con una servilleta de papel que había arrancado del servilletero, aquello empeoró las cosas: sus mejillas aparecían ennegrecidas por el rímel y el resto de maquillaje.

-¡Ala, Paula, déjame ayudarte que te pareces al Jocker de Christopher Nolan! -Nativel sacó un pequeño sobre de su bolsillo, lo abrió y extrajo una toallita húmeda, se acercó a Paula y empezó a retirar el maquillaje negro que le chorreaba por la cara. Notó como las manos de Paula se agarraban a las suyas, estaban frías y temblorosas, la única entereza parecía residir en aquellas largas uñas esmaltadas de negro, el resto era ternura, y lloraba-. Venga, va, Pauli, no llores más, es que, jo, en serio, tía. No es posible meter eso en el labo: se armaría una movida de la hostia, compréndelo. Me encantan tus rollos de investigación paranormal, pero aquí hay reglas y límites, -Miró hacia la pantalla de su móvil- Ahora tengo que volver al labo, dejé una máquina puesta y tiene que estar terminando.

-Lo siento mucho, prima, ya me voy te pongo un wassap luego. -Con la toallita que le había dado su prima enjugó un par de lágrimas, después agarró la nevera de playa azul, nuevas líneas húmedas negras surcaron su rostro-. Tienes razón, perdóname, no quería comprometerte.

Nota: te agradecería una estrellita y un comentario, gracias.

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