Apéndice I: Vlad Sinsangre

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Debo ser honesto, querido lector: La Mandíbula siempre ha sido un nido de criminales. Sin embargo, la aparición de Vlad Sinsangre alrededor del siglo VIII, significó un antes y un después, ya que pasar del crimen caótico al crimen organizado no es moco de pavo.

La Mandíbula es una tierra inhóspita, cenagosa, donde pueden contarse con los dedos de una mano la vegetación que tiene a bien enraizar en esa tierra infértil. Por ello, a nadie le interesaba conquistarla. Era como si no existiera, era la tierra de nadie.

Pero el mundo es demasiado pequeño como para no reclamar cada palmo de tierra.

Vlad Sinsangre apareció de la nada. Por aquel entonces tenía un solo barco, poco más que una barcaza, y un puñado de hombres a sus órdenes.

Mientras en el continente Drago y su ejército sometían uno a uno los reinos humanos, Vlad Sinsangre crea lo que hoy conocemos como la cuna de la piratería, la tierra sin ley. Donde el tráfico de esclavos, la prostitución, el contrabando y, por supuesto, el origen del néctar blanco, están a la orden del día.

No fue nada digno de alabanza ni de llenar las páginas de historia. En La Mandíbula lo más organizado que podías encontrarte eran pequeños grupos de contrabandistas, muertos de hambre que se daban palos entre ellos para robar las escasas pertenencias y cultivos que tenían.

No eran rivales para nadie, ni siquiera para el pequeño ejército de mercenarios de Vlad.

El vampiro instauró un nuevo orden y se colocó en la cima de esa banda de criminales, nada que otros no hicieran antes que él.

Pero lo realmente destacable de Vlad Sinsangre fue que logró levantar una red de piratería que se lucró durante la guerra. Para cuando Mirla surgió con su ejército de mirlaj, el Rey de los Piratas ya había fundado Trebana y La Mandíbula se había llenado de nuevos habitantes.

Él dominaba las corrientes y las rutas que seguían todos los navíos. Se mantuvo neutral, nunca escogió un bando, pero se vendía al mejor postor.

En ocasiones, cortaba los suministros que le llegaban a los humanos por mar; otras veces hundía barcos de Vasiilia. Y ninguno de los dos bandos tenía tiempo para prestarle atención si no querían que su verdadero enemigo los atacara sirviéndose de ello.

Con el tiempo, Vlad se rodeó de hombres y mujeres leales. Nombró a cinco de ellos, señores piratas. Entre todos firmaron el Concilio de los Seis que recogía la repartición de las flotas y los mares. También entregaba una isla a cada señor pirata desde la que gobernar su porción azul y dictaba que siempre debía haber igual número de inmortales que de humanos entre los miembros.

Tras la guerra y la derrota de Drago, la rectitud de Anghelika amenazó con derrumbar su forma de vida que se lucraba con la guerra. Pero los piratas encontraron un agujero en el Tratado de Paz que les permitió continuar traficando con esclavos. Los capturaban en Svetlïa o les eran entregados los condenados, prostitutas y mendigos cuando el rey humano deseaba limpiar sus ciudades, y los vendían en Vasiilia. Los vampiros pagan una gran suma de dinero por la belleza y si el sabor de la sangre es de su agrado, y eso los piratas lo saben.

Si bien el tráfico de esclavos continúa siendo la mayor fuente de riqueza de La Mandíbula, el contrabando de alcohol y otros bienes preciados, así como la distribución de néctar blanco entre los svetlïanos, son actividades no menos lucrativas y de gran interés hoy en día.

Vlad Sinsangre es un vampiro y como tal, los siglos han forjado leyendas a su alrededor, mitos de los cuales es difícil distinguir su veracidad. Pocos han visto su rostro, lo que lo vuelve aún más misterioso.

Se dice que el sobrenombre "Sinsangre" le viene de un poder misterioso que le otorga la capacidad de drenar a sus víctimas de sangre hasta dejar poco más que una carcasa vacía. Sin embargo, ese es un poder que solo se otorga a la realeza vampírica...

¿Quién es Vlad Sinsangre en realidad?

Un humilde servidor no cesará en sus pesquisas hasta desvelar su verdadero rostro...

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