Capítulo Especial. Contado por Keith

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Doloroso. Era jodidamente doloroso. No había otra forma de describir cómo me sentía al ver el imbécil de Eli coqueteando con Lauren. No lo entiendo, con todas las chicas que hay, ¿por qué tuvo que fijarse justamente en ella? Aunque bueno, en parte también lo entiendo. Yo he sido el primero en volverme loco por Lauren. Seguramente esa sea la razón por la que no paro de hacer estupideces sin sentido como la de ahora mismo. Seguirla al baño a sabiendas de que me iba a dar la estúpida charla de “pórtate bien en esta cita”. ¡Como si no supiésemos ambos que lo de Eli era sólo para darme celos! Pero aun así, funcionaba. Y allí me encontraba yo, finalmente, con Lauren sentada encima de mí, dentro de un cubículo del servicio, y mis brazos rodeándola fuertemente de la cintura. Creo que podría haberme quedado así para toda la vida si se me hubiese presentado la ocasión.

—Esto no es gracioso —habló Lauren—. Eli está esperando.

Y de nuevo volvíamos a Eli. Otro ataque de celos gratuito. No pude evitar reír entre dientes, pero más bien fue una risa rota, triste. No podía dejar que ella… Sólo verle como la tocaba me volvía loco, me hacía querer estrellarle el puño en la cara con tal fuerza que podría partirle los dientes. ¡Demonios! Era jodidamente difícil contenerse. Sentí que ella se estremecía ante mi risa, y me encantaba el efecto que podía causar en ella. Era cuanto menos reconfortante saber que no era el único en sentirse así. Acerqué mis labios a su oreja y la recordé que iba a ver una película de miedo con un chico que conocía del instituto. ¿A quién pretendía agarrar la mano hasta romperla como hizo con migo un día? Y tragué saliva antes de decirla mi verdadero objetivo.

—Y Lauren, te alegrará saber que Eli no será mi objetivo principal esta noche.

Antes de que pudiese contestarme, me incorporé. Su cuerpo se separó del mío, pero la agarré a tiempo de los hombros, girándola hasta quedar cara a cara conmigo. Su espalda chocó contra la puerta de madera del cubículo y, cómo no, tuve que poner ambos brazos a cada lado de su cara. Su rostro quedó cerca del mío, muy cerca, y con su boca tan cerca me costó horrores pronunciar las últimas palabras.

—En cambio, lo serás tú.

Al decir aquello acerqué mi rostro un poco más al de ella. Sé que no debería. Sé que mi deber es alejarme de ella, que eso sería lo mejor. ¿Mi excusa? La distancia, que yo me iría y nunca volvería. Pero no era la única. Había más debajo de todo eso, y era algo que no podía decirle, no al menos en ese momento.

Tenerla ahí, acorralada entre mi cuerpo y la pared, con sus adorables ojos grandes debatiéndose entre mirar a los míos o a los labios, me estaba matando. Tenía tantas ganas de besarla que dudaba poder resistir mucho más. Y estas situaciones se repetían mucho en los últimos días. Pero me obligué a mí mismo a apartarme. Si la besaba, luego costaría más convencerla de no insistir en ser algo más que amigos. Y yo era demasiado egoísta como para decirla que no demasiadas veces.

Volvimos con “su querido Eli” y entramos al cine. Apreté los dientes al ver como la miraba. Él no podía… ¡Ella no! No me había dado cuenta de cuan celoso era hasta que me enamoré de Lauren… Lo cual debió de suceder a la semana de conocerla. Vino solo, inesperado. Nunca había querido a una chica como la quería a ella, y era una sensación nueva y extraña. Pero me gustaba. Bueno, a excepción del tema de los celos…

Tal vez por eso, a pesar de querer tomarla el pelo y reírme a su costa tan a menudo, no pude evitar ponerme a mí mismo durante la película y hacer tonterías en la sala. Estaba muerta de miedo, la conocía demasiado bien. Y el imbécil que había traído como cita no se daba ni cuenta, pero yo sí. Y conseguí que se olvidara de la película, que me hiciera caso y no sufriese con las escenas de miedo. Pero todo se fastidió cuando volví al asiento y vi la mano de Eli sobre el hombro de Lauren. Y ella no le apartaba.

El sexy chico invisible que duerme en mi cama  © | REESCRIBIENDO¡Lee esta historia GRATIS!