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Rubén ya había acabado sus clases por completo y ahora se le avecinaban 2 semanas de relajación y vacacionales, sonrió al recordar todo el tiempo que va a tener libre para poder disfrutar. Hoy era la recogida de sus notas y no se lucían mal, no tenía nada suspendido pero sus notas bajaron a solamente notables y bienes.

- 7, 6, 7, 8, 6, 6, 7. Bueno, no están nada mal, al menos no estudiaré estas vacaciones y podré dormir.

- Hola princesa...- unas manos abrazaron a este ser por la espalda y lo acorralaron junto con unas palabras provenientes de la boca de su contrincante. 

Rubén se giró bruscamente actuando por aquel juego que le propuso a Miguel, agarro el cuello de su compañero y se le acercó simulando una sonrisa muy cerca de la cara, ahora rojiza, de su acompañante.

- Hola, príncipe, ¿vienes a visitarme?

- E..Eh sí...- sus manos sujetaron con más fuerza la cintura de Rubén y este lo acercó más del uno al otro.

- ¿Necesitas algo en especial?, estamos en una zona pública y si no nos separamos podría vernos alguien - dijo el castaño sin hacer desaparecer su sonrisa blanquecina, similar a la de las personas que patrocinan aquellos famosos anuncios de pastas de dientes.

Mangel no hizo más que escuchar y reaccionar, aligeró sus brazos de Rubén, tal como Rubén aligeró los suyos del cuellos de Mangel y hablaron separándose entre ellos, dejando una corta distancia cual ver.

- T..te echo de menos...- dijo en pelinegro tartamudeante. Se le notaba el nerviosismo desde 40 metros y eso era lo más divertido, poder localizarlo nerviosos e incómodo cuando él es el que hace surgir aquellos efectos en las personas de las cuales abusa de ellas, en su mayoría, chicos.

- Pues, ya estoy aquí, ya no me echarás más de menos- dije frío y me autocorreccioné- digo...yo también te echo de menos..- me acerqué a sus labios y planté un ligero beso que hizo enrojecer aún más al tanto deseado pelinegro, aquello me causó gracia y solté una leve risa haciéndolo notar en él, su rojecimiento ya había concluido y su cara de atrevido volvió, mala espina aquello me causó y ahí es cuando noté que algo iba mal.

Sus manos volvieron a acurrucar mi cintura y volvió aquella corta distancia que se generó entre nosotros hace menos de unos minutos. Su boca entreabierta atrapó la mía de nuevo, sus movimientos bucales volvieron como igual que el otro día, aquel día...Ahora era yo el avergonzado, el que quería resguardarse dentro de una caja y no salir nunca al recordar aquellos momentos en los que fue su primer beso con este chico.

Sus ojos abiertos ahora, se cerraron, todo el aire que contenían sus pulmones desapareció en un gran suspiro, sus manos se volvieron a transportar al cuello del contrincante y su boca, simplemente, siguió los ligeros pasos del otro, suaves y delicados chupones al labio inferior de Mangel, este con toda certeza los aceptaba, un mordisco fue hacia el labio de Rubén y este lo hizo soltar un pequeño gemido entre besos. Mangel al escuchar aquello, lo cual para él era como un canto de los ángeles, gruñó entre dientes y transportó a Rubén a una pared entre dos edificios, un callejón del cual parecía nadie darse cuenta de su existencia.

Mierda.

Rubén se dio cuenta que ya no podía salir de ese momento, intento frenar el beso pero era imposible, Mangel mantenía su compostura pero, no por tanto tiempo. Todo estaba siendo muy difícil para él y no era de mucha ayuda su mente salida, la cual le hacía recordar acontecimientos que le hacía debilitar, aquel día de discoteca, cuando Mangel se compenetraba en besar y mordisquear el pálido cuerpo del castaño mientras este gemía y gemía, sus manos viajando por todo su torso y su boca dejando libres besos en él, una película montada completa en una habitación de ligera luz y con sonidos traspasando sus finas y delicadas paredes.

Volvió al presente, Mangel seguía besandole y derritiendo sus emociones en él, Rubén no lograba equilibrarse y finalmente se rindió.

- Vamos a mi casa..- dijo Rubén cortando el beso y acelerándose. 

Mangel cuando lo escucho simplemente agarró las muñecas de su compañero y salió por patas para llegar al vecindario.

Pequeño e indefenso Rubén, de esto te arrepentirás.

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