II

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15 de Agosto de 1538

Estaba sentada completamente desnuda sobre la roca más alta del lago Averno, el mismo se encuentra cerca de Nápoles, los primeros rayos del sol ya empezaban a aparecer en el horizonte, el cielo estaba pintado de diferentes matices desde el azul más profundo hasta el naranja. La noche que más había ansiado toda mi vida estaba llegando a su fin, anoche había sido mi iniciación, por fin lo había logrado.

Miraba mi cuerpo, las marcas aun estaban frescas. Lamí la sangre casi seca que aun tenia en los dedos mientras una sonrisa se formaba en mi rostro. Había esperado cerca de 8 años para que por fin pudiera tener mi primera luna sangrienta. Pero por fin había llegado mi tan ansiada noche.

-Tu y yo – mire a mi abultado vientre – Seremos muy felices.

Me había elegido, el mismísimo Lucifer me había elegido para engendrar un hijo con el, no podía caber en mi misma de la felicidad.

-Sabia que estarías aquí – Dijo la vieja matrona acercándose hasta donde estaba sentada. – Es emocionante – sonrió dejando al descubierto sus podridos y amarillentos dientes mientras que con un esfuerzo bastante notorio se sentó a mi derecha – Todavía recuerdo mi primera luna sangrienta – la mire de costado para darme cuenta que su vista estaba fijada en algún lugar lejano en el agua – Es la primera vez que en mis casi 90 años veo que alguien es elegida en su primera luna – sonreí como si fuera una quinceañera.

-Me lo dijeron madre – humedecí mis labios con la punta de la lengua – Las otras lo comentaron desde que terminamos.

-Así es – se giro para enfrentarme – Es por eso que eres peligrosa – la sonrisa se borro inmediatamente de mi rostro.

-Perdón ¿como? – dije en un susurro – No entiendo.

-Dije que por ser tan especial eres peligrosa.

Del costado derecho pude ver que sacaba una daga curvada con una empuñadura de oro, en la punta inferior de la misma se podía ver que poseía 7 rubíes, y un tallado bastante extraño.

-¿Qué pretende hacer con eso? – intente levantarme pero una fuerza inhumana volvió a hacerme sentar en la roca – No puede hacerlo – dije al borde de las lagrimas.

- Eres muy peligrosa para nosotras – empezó a jugar con la daga, volvió a mirar a un punto lejano en el horizonte – El consejo se ha reunido y tomo una decisión.

-¿Por qué? – dije al borde de un colapso nervioso – El me eligió para procrear con el, no puedes simplemente intentar acabar con migo – sonrió de costado – No tienes ese poder.

-Claro que lo tengo.

Y como si lo hubiera echo cientos de veces de un movimiento rápido y certero le rebano el cuello de izquierda a derecha de un fino y elegante corte.

Podía sentir como la vida se escapaba de su cuerpo, la sangre caía de su cercenado cuello como si fuera una cascada empapando todo su desnudo cuerpo y parte de la roca en la cual estaba sentada, finos hilos de sangre empezaban a caer directamente en el lago entremezclándose con la cristalina agua que se encontraba allí, la cara de la joven bruja poco a poco iba volviéndose cada vez más pálida por la perdida de sangre.

-Tranquila – le susurro mientras le acariciaba el largo pelo negro – Ya pronto acabara – y de una estocada certera nuevamente atravesó su abultado vientre acabando asi con la vida del engendro que se estaba desarrollando en su interior. –Shuuu ya todo acabo – la cabeza de la joven bruja cayo en el regazo de la matrona, la vida se iba lentamente de su cuerpo, la matrona seguía acariciando su cabeza hasta que la luz del sol indicaba que había amanecido del todo.

La BrujaWhere stories live. Discover now